El terrorismo burocrático sobrevive en la 4T

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Sé que no debería estar escribiendo esto, porque en mi trabajo de gobierno no tengo garantías laborales de ningún tipo y podrían correrme como si nada, pero precisamente sobre eso quiero hacer mi #plaqueja. Y del terrorismo burocrático.

Ya sabemos que la 4T nos ha salido con cosas verdaderamente preocupantes, como el retiro de apoyos a organizaciones de la sociedad civil y refugios de mujeres en situación de violencia, la Guardia Nacional que no garantiza que vayan a dejar de violarse los Derechos Humanos, los gravísimos recortes en hospitales o eso de que quieren deshacerse de los gatitos de Palacio Nacional (¡#ConLosGatosNo!). Pero sí quiero hablar de algo que ni siquiera es ocurrencia de la nueva administración, sino un mal antiguo que ha seguido su curso.

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Resulta que hay un chingo de empleados del gobierno que estamos por honorarios, sin prestaciones y sin generar antigüedad, sin que nadie nos aviente un pan ni un paracetamol. Ahora que entró Pejecito, los chairos teníamos la esperanza de que nuestra situación se volviera un poco menos precaria. No solo no ha pasado eso, sino que han estado mandando ALV a un chingo de gente por el simple hecho de estar bajo ese esquema de prestación de servicios.

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Quienes logramos sobrevivir a los recortes, nos seguimos enfrentando a un fenómeno bien gacho: que nuestros contratos duran bien poquito y, cada que se firma uno nuevo, se monta el circo de la licitación. Esto quiere decir que cada empleado debe conseguir dos cotizaciones falsas de conocidos, sacar varios kilos de fotocopias, para que la institución haga como que te elige a ti. Aunque lleves trabajando ahí varios años y ganando poquito, igual tienes que unirte el show, como si fueras a construir un distribuidor vial o venderles tóner.

Sí, todo es una puesta en escena, pero igual es un insulto que nos den la chamba nomás por ser “los más baratos”. También vuelve sospechosistas los procesos de quienes de verdad están compitiendo por contratos multimillonarios, porque a lo mejor simplemente le piden a sus cuates que hagan una cotización falsa y así todos se evitan la escándala de que haya sido adjudicación directa. Y nosotros, a diferencia de los cñoros empresarios cagavaro, no tenemos asistentes que puedan encargarse de todo el papeleo infernal, entonces ahí nos tienen a las 2 de la mañana yendo a casa de la amiga para que nos firme una montaña de hojas tamaño carta por triplicado que nos pidieron de última hora para entregarlas al día siguiente antes de las 9, y cuidadito y te haya faltado algo porque hay que empezar desde cero y volver a recorrer la ciudad para recolectar documentos y firmas contrarreloj o pierdes tu fuente de ingresos MUAHAHAHAHAHA EL SISTEMA SE ALIMENTA DE TU DOLOR Y DE COMPROBANTES DE DOMICILIO NO MAYORES A TRES MESES.

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Quienes hayan sufrido estos procesos, saben que generan muchísima ansiedad. Y la ansiedad es un problema de salud. Pero como no se ejerce de forma efectiva nuestro derecho a la salud, mucho menos la mental, porque no tenemos prestaciones, justo porque estamos por honorarios, entonces toca aguantarse. También es evidente que ese tiempo y esfuerzo podríamos invertirlo en, ejem, ¿trabajar? He visto cómo estas simulaciones detienen por horas y hasta días enteros las labores de cientos de personas, que tienen que cancelarlo todo en nombre de ir a firmar papeles. Y sé que allá afuera hay muchas miles más, pasando por lo mismo, dejando para más tarde su trabajo con tal de no perder su trabajo. ¿NADIE SE DA CUENTA DE LO ABSURDO QUE ES ESTO?

Ahí les encargo, amigues de la 4T.

Y bueno, pues ya, lo dije. Si me corren por quejarme de este pedo, voy a poner mi tienda de joyería vaciladora o convertir a alguno de mis gatos en influencer. Ya les avisaré qué pasa.

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Tamara de Anda
Es chilanga, peatona, feminista, tragona, chaira y chavorruca. Estudió Comunicación en la UNAM, fue una de las blogueras más leídas de México (cuando los blogs estaban de moda) y empezó a chambear en medios en 2005. Hoy es una de las conductoras de Itinerario en Canal 11 y está al frente del programa Macho en rehabilitación de Radio Fórmula. También sube fotos de gráfica popular a Instagram, canta rolas noventeras en el karaoke, frecuenta bares mugrosos y colecciona objetos vaciladores. Es coautora del libro #AmigaDateCuenta.