Una mujer sola en un bar de la Ciudad de México

Elige tu veneno, emborráchate sola, baila, liga y pierde noción del tiempo.

sola en un bar
Foto: Shutterstock

Breve historia de una mujer sola en un bar.

Existe una anécdota sobre mí que a mi mejor amiga le encanta contar. Era el cumpleaños del que entonces me gustaba (quien, por cierto, no tenía mucha familia ni amigos en México) y tuvimos una conversación más o menos así:

—¿Qué vas a hacer por tu cumple?
—¡No sé! No tengo plan.
—Mínimo comer rico o ir al cine
—Puede ser, pero ¿con quién?
—¡Ve solo!
—¿Cómo voy a ir solo y en mi cumple? ¡Qué triste!

Después enlisté las razones por las que considero que ir al cine solo es una actividad gratificante. Risas. En realidad quería decirle: “Ven conmigo”, pero yo no nací para amar nadie nació para mí.

Estupidez aparte, sí creo que hay un encanto narcisista en vagar contigo. La ciudad es tan hermosa y tan absorbente y tan llena de estímulos que a veces demanda toda tu atención y otras te hace sentir que, en realidad, nunca estás sola.

Si me encontrara a ese bato hoy, lo mandaría a irse de bar solito —aunque quizá por distintas razones—. Tú también, amiga que lees esto, ve al cine sola.

Te diré que se siente chingón sentarte, muy dueña de tu persona, en la barra de un bar de coctelería fifí y decirle al bartender: “Cantinero, lo de siempre”. Seguro se ríen, seguro hacen migas, seguro termina por darte tips para que te ligues a quien ya te sonrió poquito. Lo he hecho en Baltra, en Hanky Panky, en Gin Gin, en La Cotidiana, en KoMa, en Limantour, en mi siempre favorito Fifty Mils (“Cantinero, mi Billy The Kid de siempre, por favor”) y hasta en el bar de Bellas Artes (martini, siempre martini), aunque acá es en mesita con mantel blanco almidonado.

¿Y qué se hace sola en la barra de un bar? Pues beber. La coctelería chilanga están on fire, hay que aprovechar que ya no estamos en edad de Boones Sun Peak Peach. ¿Y luego? No sé, leer un libro (sí, he sido esa señora, ya me 100to, ya me cnté). O platicar con quien se deje: las personas estamos programadas para llenar los silencios. Aunque eso tiene sus desventajas. Una vez estaba contenta hablando con una chava hasta que se salió a hablar por teléfono. Pensé que me había dejado colgada con su cuenta pero luego regresó llorando porque acababa de cortar. Me chuté el pancho, pero me dejó su mesa frente al escenario de Parker & Lenox justo antes de que empezara el concierto. La vida da, la vida quita. Otras veces me entretengo mirando alrededor. Hay algo encantador en los extraños en la oscuridad, sobre todo los que coquetean, se dan su primer beso o se toquetean con mediana discreción. O los que hacen gestos fantasmales bajo la brillantísima luz blanca de su teléfono. O los que bailan sin ritmo y más bien se tambalean como un T-rex jugando a la mímica. Ah, esos son mis favoritos, pero esos están en otro lado.

Pues mira, también está delicioso ir a bailar solita. Bueno, solo si es electrónica, con dj rifado. Ve a Japan o a Yu Yu o a Terminal y verás que, en realidad, los que van acompañados se la pasan solos. Aquí el bisne es escuchar música, bailarla, perderte en ella y en las luces que casi siempre son mínimas. Es un quehacer introspectivo y exquisito. Échate unos mezcales. Muchos. Eso sí, estar entonada es (casi) necesario para disfrutar. Elige tu veneno y pierde noción del tiempo. Si en algún momento se te antoja comentar con alguien lo bueno que es (o está) el o la dj, siempre habrá un desconocido dispuesto a escuchar. O no, pero para eso existe Twitter.

Bueno, también puedes ir sola a los salones de baile como el San Luis. Solo tienes que pararte en la pista y listo, alguien, siempre y sin falla, te va a sacar a bailar (esto surte más efecto si eres mujer porque #malditopatriarcado). Aquí hago una pausa, porque no es lo mismo una mujer sola en un bar que un hombre solo en un bar. Sí, nosotras todavía tenemos que cuidarnos de los que aún no aprenden que el ligue y el acoso no es lo mismo. Sí, es posible —hasta esperado— que una mujer sola en un bar sea abordada por alguien o alguienes en algún momento de la noche, pero: 1) Está bien ligar en un bar, muchas veces a eso vamos. 2) Amiga: necesitamos saber decir que no. Habrá quien no lo entienda y tendremos que luchar contra ello, denunciando, exigiendo respeto, pero… 3) Por nada del mundo vamos a dejar que los onvres mermen nuestros deseos de divertirnos en la noche chilanga. Nunca.

Ok, si quieres ligar con alguien que no te mande al cine, sola, en tu cumpleaños ve a… ¡cualquiera! Recomiendo Bósforo porque siempre hay extranjerillas y extranjerillos rondando solos como tú, muy disponibles y enmezcalados. Además, hay algo bien rico en este búnker caliente, caótico, estridente. El poema de la peda empieza con estas palabras detrás de esas cortinas rojas.

Si la quieres facilita, siempre puedes ir, tempranón, por un mezcalito a la Botica o una chela artesanal a Escollo o una cubita a la cantina de tu barrio, pero… la diversión nunca está en lo seguro. Sal sola. Bebe. Baila. Muévete sin temor al ridículo. Emborráchate. Liga. Ríe. Ríete de ti misma. Y tal vez, solo tal vez, si alguna vez alguien guapa pero lerda (o guapo pero lerdo) te diga que vayas al cine, sola, dile: “Mejor vamos por un trago”.

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