Mis chilangos del año

Son los últimos días del año, temporada en que solemos hacer recopilaciones que señalan lo más relevante. Cada quien tiene sus apuntes. Estos son los míos.

Postre de Meroma/ Foto: Diana Féito

Diciembre es época de corte de caja. Esos días en los que ajustamos el retrovisor para echar un vistazo a lo que sucedió en los 12 meses que huyeron sin mencionar a dónde. Por estas fechas también, los seres humanos tenemos una curiosa necesidad de identificar los momentos clave, lo mejor. De ahí las entregas de premios y los listados: franquicias como los Chilangos del año y otras más reconocen méritos sobresalientes mientras echan a andar voluntades que buscarán dejar huella en el año que amenaza con arrancar.

Hagamos, pues, nuestro propio recuento. Vivimos en una urbe en donde, semana tras semana, aparecen nuevas opciones para comer. Por amontonados que estemos, la Ciudad de México aún reserva lugar para propuestas inéditas (otras ni tanto), toda vez que los sitios que no demuestran calidad —o ingenio o aguante— se encaminan al olvido. Yo, al igual que muchos, también tengo mis favoritos del año. Estas líneas están dedicadas a ellos: mis Chilangos del año.

Muchos de los sitios que florecieron en los primeros meses de 2018, en realidad estaban destinados a ver la luz —días más, días menos— en los derredores del 19S. Meroma (Córdoba y Colima, en la Roma) es uno de ellos. Este restaurante, comandado por los jóvenes chefs Mercedes Bernal y Rodney Cusic fue una sorpresa desde el inicio. Su menú —compacto, puntual y enfocado en el ingrediente— es una expresión refrescante, en un espacio casual pero refinado, real: platos para compartir, mucha técnica y una correctísima carta de vinos. De lo que hace falta hoy en día. Desde la primera vez se convirtió en uno de mis favoritos, pero lo mejor es que lo mantuvo en mis visitas posteriores. Como debe de ser.

En junio abrió The Doghouse (Sinaloa casi con Medellín), un pub inglés no muy grande, con todo lo que tiene que tener una public house: comida confortable, buena cerveza y música chingona. Su apertura fue coyuntural por el inicio de la Copa del Mundo. Comunidades de ingleses (¿de dónde salieron tantos?) se reunían a alentar como si se tratara de un bar en Covent Garden. En sus pantallas transmiten juegos de la Liga Premier, rugby, la Champions y hasta son sede de la peña del Real Madrid (probablemente el peor momento del bar; ni modo). Cuando no hay deporte, hay una selección cuidadísima de brit rock y demás trancazo musical. La comida es una mezcla desenfadada de cocina inglesa e india: tazones de arroz basmati con lentejas, salchichas con chutney verde, papas con vinagre, full English breakfast y algunas especialidades del chef Alejandro García. La oferta de cerveza no es vastísima, más bien son cuatro o cinco variedades de cerveza artesanal mexicana y algo de coctelería. Suficiente para mí.

En los poco explorados rumbos de la Anzures, abrió La Inmaculada, un local de hamburguesas arriesgado pero muy bien logrado. Su premisa: la hamburguesa debe estar conformada por pan, carne y queso. Nada más. La carne es su punto fuerte, con el sabor preciso para que justamente no necesite ayuda. Puede ser sencilla o doble. La Inmaculada es de esos restaurantes especializados en los que me gusta creer. Tienen un frasco de pepinillos encurtidos en casa y mostaza y cátsup opcionales. De tomar, refresco, cerveza y vino. Carajo, ¿se necesita más? Solían tener una opción mañanera (hamburguesita con huevo y así) y comidas, pero hace un par de semanas modificaron su horario: desaparecieron los desayunos y ahora cierran más tarde. Tal vez siguen haciendo pruebas. Mi predicción es que el éxito les vendrá con la noche.

Creo que 2019 será una prueba de fuego para la ciudad a nivel propuesta. Necesitamos ver cosas nuevas, pero sobre todo genuinas. Más que treparnos a tendencias globales (hola pokes, adiós pokes), toca entender que la Ciudad de México ha sofisticado su paladar. Y no me refiero a lo elegante ni lo caro. Hablo de lo bien hecho. Y los que ya lo hicieron, como mis tres chilangos del año, deben mantenerse sólidos. Echar raíz. Aunque sea para no hacerme quedar como un pendejo.

*Me gustaría conocer sus Chilangos del año, amables lectores. Me encuentran en redes sociales como @Piterpunk. Nos leemos.

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