Mota en el Periférico

En la CDMX unas plantas de cannabis atraen al ejército; en San Francisco o Los Ángeles uno puede conseguirla legalmente en muchos lugares.

Foto: Cuartoscuro

El pasado 26 de septiembre fueron “descubiertas” tres plantas de cannabis de medio metro de alto en las jardineras —es un halago llamarles así— que separan los carriles centrales de los laterales en Periférico Norte a la altura de Naucalpan. El hallazgo de las matas con aproximadamente dos meses de vida movilizó a medios de comunicación, vecinos y curiosos que entorpecieron la circulación aún más de lo normal. Luego, llegaron peritos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, quienes acordonaron la zona con cinta amarilla, y, como marca el protocolo, avisaron al Ejército mexicano, el encargado de erradicar los cultivos de esta planta. Horas después, un convoy militar que incluía una tanqueta llegó, con varios soldados cargando armas de asalto. Uno de ellos, que portaba guantes de látex, arrancó cuidadosamente las hierbas y las puso dentro de una bolsa de papel. Las plantas, por cierto, no tenían aún la madurez suficiente para saber si eran machos o hembras, lo cual hacía imposible saber si realmente podían ser usadas como marihuana, ya que esta proviene de las flores secas de la hembra.

Semanas antes, un grupo de jóvenes —parte del autodenominado Escuadrón Cannábico, que cuenta con más de 8 mil miembros— fue detenido por ofrecer en Paseo de la Reforma productos con marihuana en “intercambio” por billetes. Ellos argumentan que no comercializan sus pomadas, galletas y aceites, pues está prohibido, por lo que a cambio piden un billete. Sus productos contienen uno o dos gramos de marihuana, cantidad menor a los cinco gramos que está permitido portar en el país. Seis jóvenes fueron acusados de narcomenudeo, aunque llevarán su proceso legal en libertad.

La historia prohibicionista de la cannabis en México debe una fuerte influencia a la política contra las drogas de Estados Unidos. Pero los tiempos han cambiado y ahora nuestro vecino tiene nueve estados en los que está completamente permitido el cultivo de cierto número de plantas, la comercialización con una licencia, y el consumo para los fines que el usuario decida. En ciudades como San Francisco, Los Angeles o Denver es posible asistir a catas de marihuana, ir a boutiques especializadas, ver espectaculares que anuncian vaporizadores o comprar un brownie en el parque.

Canadá, por su parte, legalizó en todo su territorio el 17 de octubre pasado el consumo recreativo de la marihuana. Cualquier persona mayor de 18 o 19 años, dependiendo la provincia, puede adquirirla en tiendas controladas por los gobiernos locales o en asociación de estos con un particular. Si no hay tiendas cerca, los ciudadanos pueden comprarla en internet. Y si no la quieren comprar, salvo en dos provincias, cualquiera puede sembrar hasta cuatro plantas en su jardín.

Así que, mientras nuestro país cumplirá 12 años en guerra contra el narcotráfico, nuestros militares invierten una mañana en retirar la evidencia de un delito en Periférico, y los jóvenes promarihuana podrían pasar un rato en la cárcel. En tanto eso ocurre aquí, nuestros vecinos del norte reparten un negocio millonario entre gobiernos y particulares, y se ahorran miles de casos criminales. Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación, dijo en julio que buscará despenalizar la marihuana. Veremos si esa idea sigue en pie. ¿No llegó ya el momento de abordar seriamente la legalización, con una visión que desmitifique ante los ciudadanos los beneficios y afectaciones de su consumo?

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