1. TOME SU MATERNIDAD…

SI ES MADRE, SI ES HIJA, SI ES HIJO, SI ES PADRE. EXPLÓRELA.

¿Qué forma tiene? ¿Es diferente de otras? ¿Qué le incomoda de ella, qué le acomoda? ¿Es un estado, una circunstancia, una vivencia, un concepto o un atore? ¿Qué implican esas diferencias?

La maternidad no existe. No hay una maternidad.

Las maternidades son infinitamente diversas: tan distintas como las mujeres —las sociedades—, los hombres, los seres que las practicamos.

Somos una selva de variada flora y fauna que, al llevarla a cabo, recorremos nuestras más intensas experiencias y trabajamos por nuestras más sublimes aspiraciones reuniéndolas con nuestras más reales limitaciones: físicas, psicológicas, económicas, éticas.

Cada cual en su contexto, en su sentir, en su descubrimiento. Y, sin embargo, la gran mayoría arribamos a la maternidad con la idea de que hay una sola, tal como la madre: madre solo hay una, dice el refrán. Un “algo” que se lleva a cabo de “cierta” manera.

Pero en cuanto nos enfrentamos, desde donde nos enfrentemos, a ser madres, boom, todo explota. Una balacera mental-social de deberes nos arrasa a mansalva (exclusivamente a las madres, además). “Alguien” le dice: Todo lo que debe saber / Los consejos ideales /Sus necesidades / Los cambios que va a experimentar / Cómo tiene que hacerlo / Qué es bueno / En mis tiempos… / Yo, uy, lo hacía así, asado, mejor…

Vaya, incluso la cartilla de la mujer embarazada dice que “la lactancia materna debe ser a libre demanda y hasta los dos años” (porque, claro, usted estará en su casa todo el día dedicándose a ser madre y porque los trabajos dan dos años de permiso de maternidad para que pueda hacerlo ¿Sala de amamantar? ¿Incluye niñera? Digo, por poner un ejemplo).

En fin. Ahí le va la retahíla, y hágase cargo. Y hágalo bien. Sea una buena madre.

1.1 TENGA PRESENTE

Tenga presente que su maternidad no es lo que la define, aunque la constituya. Tenga presente también que la maternidad no nos hace iguales a todas las madres.

Cuando escuche (de sí misma o de otros) el “volver a ser yo” o “no volverás a ser como antes”, ríase, pero a carcajada limpia, porque usted nunca es la misma segundo a segundo ni la identidad es fija e inmutable, tenga o no tenga hijos, perros, puesto o tesis que defender. Y tenga tiempo presente. Entréguese.

Hay que tallar el cuerpo con la forma y la extensión del territorio que necesitamos ocupar. Reinventarlo y reconstruirlo para habitarlo de otro modo: no como un lugar, sino como un espacio de posibilidad. Estructurarlo a través de la palabra. Crearlo en la propia palabra.

Al decir cuerpo me refiero al cuerpo de la madre: gestante, en tanto crea, concibe, y más allá de las determinaciones biológicas. Pero también al cuerpo social donde se instaura la práctica de la maternidad. El cuerpo contra cuerpo que materna y es maternado. Todos somos hijos. Nos han dictado una idea de la maternidad. Ya de antemano hay que rebelarse ante el dictado, insubordinarse, porque nuestro poder de crear no puede ser domado. Pero a menudo no sabemos cómo pensamos, entendemos y vivimos esa maternidad. Cómo queremos entenderla.

¿Seguimos pensando que hay un espacio de las funciones emocionales y otro espacio de las funciones profesionales (expresivas y activas) cuya distancia mutua es absoluta y cuya única cercanía radica en cómo uno coloca, interpela o narra al otro? ¿Seguimos pensando que realmente hay distancia, que hay una dualidad? ¿Que lo maternal corresponde a una solamente?

1.2 DUDE DE TODO SUPUESTO

Acuérpese. Reúnase. Recupérese.

Piense, desde sí, para sí, qué y cómo cambiar. Abra diálogos.

Escuche. No cierre la conversación. No simplifique la conversación. Discrepe.

Entiéndase desde la diferencia.

Y goce, goce mucho, también.

El mandato social dicta, para empezar, que la mujer debe ser madre; para seguir, la conformación de una forma de ser madre: una que responde a un sistema (el patriarcal, practicado, como sistema, por hombres y mujeres, por una “humanidad”), a una ideología, a una moral. Parecería que hoy día estamos muy lejos de ese mandato social, ese del que venimos. ¿Lo estamos?

En su sección dedicada a las madres, El álbum de la mujer, publicación de 1885 redactada por la Baronesa de Olivares, daba consejos a sus lectoras para transformarlas en “esposas perfectas, madres eficientes y buenas amas de casa”. ¿No aspiramos aún, en diferentes contextos sociales y económicos, y con distintas formas, pero con la misma esencia, a una idea de perfección?

1.3 NO SEA UNA MADRE PERFECTA

Resístase a la falsa idea de perfección. No pida, tampoco, una madre perfecta, sea o no sea madre. Lo perfecto solo es un grado definido por alguien más: una exigencia que implica sumisión. Disienta de ella. Cuídese de cualquier prescripción. Aléjese velozmente de lo que le ponga camisa de fuerza.

Olvídese de los adjetivos: mala, buena, soltera… Vuélvase sujeta: jefa de familia, cantante, apagafuegos. Y no esconda sus sentimientos: compártalos. Las postizas oposiciones entre el ser racional y el ser emocional solo generan una violencia brutal.

Disfrute.

Lo que revienta echa semillas estropea y busca, se hace luz en el estallido. La idea fija de avanzar impolutos, rectos, como flechas hacia nuestro destino, hacia la realización de nuestro destino, revienta.

El amor revienta.

La vorágine (abre, cierra, sube, baja, huele, demasiado, se apelotona, se estrecha, se impermeabiliza) revienta.

Al reventar sucede, llega.

En medio del devenir se encuentra a sí mismo y se hace calma. Conjura años, días y noches, el pasado entero se hace presente.

No dice nada y todo lo dice.

Revienta.

1.4 ENTIENDA EL PODER SUBVERSIVO DE SU IMAGINACIÓN

Pinte, borde, escriba, pinte muros. Saque un cartelito en medio del trabajo. Intervenga los soportes y los foros. Desafíe la estética. Desafíe incluso la contraestética. Inunde. Si puede, haga cosas como bailar por horas o caminar por el bosque mirando árboles.

Cuando en 1990 las artistas Mónica Mayer y Maris Bustamante le colocaron en pleno programa televisivo a Guillermo Ochoa un mandil que incluía una panza artificial de embarazada-o como parte del performance “Madre por un día”, yo tenía 17 años.

Estábamos lejos de haber extendido y de entender la poderosa demanda que ese acto de arte implicaba, por poner en evidencia el grado absurdo en que el estereotipo sobre la mujer y su maternidad operaban, y al cuestionar, con ironía y crítica social, el ejercicio de poder en el sistema patriarcal. Yo veía eso y leía El segundo sexo de Simone de Beauvoir, pero planchaba las camisas de mi padre.

2. TOME SU SER MADRE, SU MATERNAR, RECONOZCA EL INMENSO TRABAJO QUE ES, LOS MOMENTOS PROBLEMÁTICOS, DE DUDA, DE TEMOR, DE RABIA Y DE IMPOSIBILIDAD QUE TIENE, Y PLATÍQUELOS, ENÚNCIELOS, DE LA FORMA QUE PUEDA.

Reconozca su propia labor y alégrese, disfrútela, entienda que mover montañas y abrir mares es lo que usted hace día con día.

Tengo en mis anaqueles una edición antigua, pequeñita, encuadernada en cuero verde: el Libro para la madre mexicana, de 1933, de distribución gratuita, sugerido por la señora Aída S. de Rodríguez, esposa del entonces presidente. Está hecho “para el mejoramiento de las generaciones futuras” y porque “considera el hogar como el más alto sitial de la madre mexicana”.

A menudo leo en el presente opiniones, en todos los ámbitos, prácticamente iguales, y me pregunto si realmente estamos tan lejos de la construcción ideológica de hace doscientos años.

Porque de 1933 a 2021, guiar a la madre en su proceso físico a partir de los criterios médicos sobre cómo debe, técnicamente, conducir su “convertirse en madre”, ha sido una labor a la que se le ha dedicado mucho esfuerzo bajo el lema de “ayudar”.

Nunca está de por medio una reflexión sobre lo que realmente implica, o sobre la experiencia, una verdadera experiencia, contradictoria, descentralizada, desde los márgenes.

La guía, las guías, se lanzan no solo a partir de un sometimiento a la autoridad médica (como si una no pudiera conocer su propio cuerpo, como si nuestro saber instintivo, real, táctil, no fuese un saber); un sometimiento, además, a una autoridad por lo general masculina, pero sobre todo nunca exenta de una carga ideológica, dispuesta como textos normativos que aplastan una práctica que en realidad es política y donde por ende cabe, nace, urge la emancipación: no solo el cómo, sino el para qué, desde dónde, incluida la imagen gráfica de la madre.

Madres sudorosas, despeinadas, exhaustas, felices en la intimidad fuera de foco. El Estado y los sistemas que nos rigen moldean y deciden porque otorgan posiciones a cada clan de la sociedad en cuanto que deben responder a su proyecto y a su necesidad.

No lo olvidemos: madre implica crianza. Y crianza es educación. Y educación es, también, el modo en que conformamos y articulamos las normas.

2.1 RECUERDE QUE LO PERSONAL ES POLÍTICO

Comparta su experiencia. Hable de esas noches infernales donde en su cerebro se ha interrumpido la conexión entre la amígdala y la corteza central y de cómo reacciona fisiológicamente ante los estímulos negativos.

Haga su propia guía, antiguía. Deshágala.

No faltan, desde las tribunas más selectas, quienes creen, hoy día, que la maternidad se ha instalado como “tema”; que hasta resulta “atractiva” (dicho así) porque ocupa otros espacios (los literarios, los artísticos) más allá de los que “debería” (los libros sobre cómo parir, los espacios domésticos, por ejemplo).

Es decir, no falta quien nos diga qué es lo que está bien, qué es lo que está mal, dónde y cómo debemos producirlo.

2 RECONOZCA, REVIVA, RECLAME SU DERECHO A ELEGIR

Sea madre si quiere ser madre. No sea madre si no quiere. Más aún, defienda —con todo— el derecho a no ser madre, porque la única posibilidad de cambiar la maternidad es entender que debe ser elegida.

Nunca olvide que usted es libre de decidir qué hacer con su cuerpo, con su vida, con sus decisiones. Quiérase viva, íntegra. La ternura radical implica quererse con lo que nos hace verdaderas.

Recuerdo la primera vez que vi la famosa escultura de la araña de Louise Bourgeois, en una plaza pública de París, y me fascinó la monumentalidad del artrópodo como un recordatorio de nuestra insignificancia humana frente a las posibilidades de un animal tan pequeño y, en algunos casos, potencialmente mortal.

Descubrí mucho tiempo después que esa pieza se titulaba Mamá, y que en ella la artista se refiere a la contradicción de la maternidad, la madre como refugio, la madre como jaula. La maternidad: poderosa, oscura, brillante. Una araña.

Quisiera que pudiésemos entendernos y descubrirnos como arañas, acariciar esa dimensión inequívoca, cambiante, para desde ahí aspirar y construir.

Ella me descubre y se echa a correr por el pasillo alzando su vocecita: “¡Emergencia, emergencia, mamá está llorando!”. Trae a su padre de la mano para que me “acariñe”, y mientras tanto me da besitos. Sabe que estoy triste, sabe que pasará, que la emergencia es una necesidad solamente, sabe que su amor y su sonrisa me harán sonreír, así la tristeza sea profunda, porque la vida la vida la vida.

2.3 TOME EL RIESGO DE SER VULNERABLE PARA LLEGAR A ACUERDOS, PARA ALOJAR, PARA DEMANDAR JUSTICIA

Descolóquese. Pruebe distintos puntos de vista. Párese en lugares insospechados. Huya de ―posiciónese frente a― los discursos odiantes, no caiga en totalitarismos.

El sufijo -ismo, derivado del griego, se utiliza para formar sustantivos que designan doctrinas, actitudes, escuelas, movimientos: a todos estos los conforma casi siempre un conjunto de ideas, enseñanzas o principios básicos que se defienden, con importantes diferencias en su forma de hacer.

Los términos, sin embargo, si bien sirven para nombrar en lo general, para hacer identificaciones sistémicas, no son, no pueden ser, totales. Sí, tenemos una tendencia a la concreción, un gusto por lo definible, lo fijo, lo que no cambia, probablemente porque es más fácil partir de supuestos asentados que lidiar con conceptos fluidos cuya condición última se nos escapa constantemente, porque encarna en identidades también en flujo, tanto a nivel individual como a nivel social.

El feminismo, como un conjunto de ideas que cuestionan un orden del mundo (ideas de dominación, por ejemplo, que pueden ser efectuadas por los hombres o por las mujeres), es esencial para pensar y realizar nuestras maternidades, pero justo desde ahí, desde su lado de lo que se mueve: se rebela contra lo establecido, desobedece los arquetipos, recupera su propia experiencia de la maternidad, se encarna en mujeres que luchan, en su día a día, en pequeñas pero fundamentales batallas, en sus círculos más cercanos al pensarse y así ampliarse —ensanchar el espacio interior, airear lo que aprieta, agrandar el horizonte, las posibilidades—; hacerlo en colectividades que comparten inquietudes, diatribas, sentires; en grandes movimientos que orquestan protestas y manifestaciones para cambiar el estado de las cosas, porque las cosas tienen alma y cuerpo.

No hay un sustantivo: hay traslación, desplazamiento, proceso; y en donde cada cual desde su nido, escritorio, lavadero, tribuna o sembradío lucha por entenderse y entender cómo deshacerse de lo que nos daña, de lo que nos reduce, de lo que nos cosifica y oprime.

Situarnos. Pero hay que recordar que situarnos implica un punto geográfico de muchas dimensiones y aristas. No solo con respecto al origen, sino respecto al movimiento, a las rutas que trazamos, a los pozos que cavamos, a los mapas de estrellas que inventamos.

2.4 NOMBRE TODO NUEVAMENTE

A usted y al mundo. Reinvéntese. Elija sus propias palabras (verbos, derivados, adjetivos) para definir sus afectos, para evocar momentos, etapas, futuros: dele cuerpo a su esperanza.

La palabra madre proviene del latín mater, matris, matrix. ¿Matriz? Es el útero, pero también el molde con que se le da forma a algo, pero también la entidad principal de algo, generadora de otras cosas.

La palabra madre, tan antigua como el idioma (dice María Moliner), era ya frecuente en las hargas (esas composiciones líricas) mozárabes de los poetas del siglo XI y XII, y más adelante, en el Siglo de Oro, cuando se acentuaba máma, y que pasaría en las cortes francesas a ser mamá. Con variantes fonéticas infinitas, reverberaciones en casi todas las lenguas: mader, magre, maee, maa, maigre, may, madre de río.

Un derivado de madre es madrigado, aplicado al hombre que puede dominar un toro, a quien se considera astuto, experimentado.

Mama, por su parte, viene de teta: las mamas son las tetas de la mujer, la mama es la que amamanta, da leche. Pero mamá, todos sabemos, es un punto de partida equidistante entre nuestro ser y nuestro corazón: es la inmensidad del mar, el abismo. La madreselva, que por su parte abraza a otros con sus tallos portentosos.

Madre, mamá, mamasán, pachamama, nantzin, ná, mamita, mamina, madriguera, eres refugio y eres voz, origen y límite, ruta y camino.

3. REFLEXIONE CON ATENCIÓN:

¿En qué espacios se piensa, se discute, se hace presente la maternidad ¿Sigue siendo un territorio de las mujeres, de sus tejidos, de sus ‘asuntos personales’?

¿Ellos dónde andan? ¿Cómo participa usted, activamente, en minimizar la carga de cuidados a las personas cercanas con hijes? ¿Por qué, además de ayudar a quienes quiere, podría ser importante hacerlo? ¿Piensa que los niños son adultos en ciernes a los que hay que ‘entretener’ o se da cuenta de lo que significa que le compartan su energía, su espíritu, su pensamiento?

Maternar desde una práctica de libertad y como una forma de resistencia: con honestidad, ternura y amor, con la decisión de abrazar el complejo devenir que implica, sus enormes retos, y de aprender cómo transcurrir ese haber, de modo que podamos efectivamente dar espacio al regocijo del encuentro —tocar su manita, mirar su mirada fascinante, amar hasta la médula—, a la infancia —el primer estadio, su pureza, su entendimiento—, a quienes criamos —nuestras revelaciones interiores—, al silencio como encuentro. Y transformar el imaginario colectivo sobre las prácticas de cuidado y, por lo tanto, el sistema en el que se instituyen. Erigir una nueva actitud hacia la vida.

Voy a la universidad. Me piden que vaya a firmar unos papeles (en original, pandemia mediante; en la era digital no se logra entender por qué, pero en fin). Acudo con mis hijas.

En la puerta nos detiene el vigilante. “Los niños no pueden pasar, señora (y aquí acentúa el señora, todas sabemos cómo: con un tono que encierra ya una condición, nada positiva, sobre una misma).

¿Y qué hacemos con los niños, quién los cuida para que pueda ir a firmar unos papeles, a trabajar?

Esa extraña (infinita, insondable) sensación de albergar dentro una vida. Sentir otro cuerpo moverse dentro del cuerpo, sus latidos. De hacerlo con nuestro cuerpo o con nuestra elección. Esa hermosa revelación que es no ser uno, sino una ruptura de la unidad, un florecimiento. No somos una, somos todas, no somos, más que entre todos, rizoma.

3.1 REVOLUCIONE EL CONCEPTO DE FAMILIA

Si está pensando en maternidad, piense en lo que desde ella se construye: las relaciones, la humanidad, todo el futuro.

Tenga presente que el proyecto común puede ser más poderoso que cualquier vínculo sanguíneo, legal. O sumarse a él. No tema romper las estructuras. Siempre puede retejerlas.

En México, cada día (datos de 2020), 32 niñas de entre 10 y 14 años de edad se convierten en madres, víctimas de la violencia sexual. ¿Qué maternidad posible cabe ahí? ¿Qué significa maternidad? ¿De qué modo reestructuramos y subvertimos la idea de maternidad en una sociedad que perpetúa y permite la violencia sistemática hacia las mujeres? ¿La falta de juicio a violadores, abusadores? 750 millones de niñas en el mundo que han contraído matrimonio antes de alcanzar la mayoría de edad… Hay que dolerse (dice Cristina Rivera Garza) también.

Decía Gloria Anzaldúa que nuestras culturas cargan con el menosprecio y complejos de impureza desde la idea misma de maternidad que son nuestro referente: la madre virgen, la madre chingada, la madre traicionada, la madre culpable. “Nace el hijo, nace la culpa”, me decía una mujer mayor algún día.

3.1 CONSTRUYA NUEVOS REFERENTES DE MATERNIDAD

Deshágase de la culpa. Construya, con conciencia, con irreverencia, con toda la fuerza que tiene, porque la tiene, su poder para maternar, que es inconmensurable. Dibuje un mapa libre de cerraduras y pleno de flores.

Construya nuevos referentes de maternidad. Los de carne y hueso brillante y rebosante que amamantan de pie y donde se pueda.

Le platico de los planetas, de la Tierra, de cómo se mueven. Me escucha atentamente mientras moviendo las manos explico que la Tierra se desplaza alrededor del Sol y gira sobre ella misma. Se queda en silencio, varios minutos. Y luego me pregunta: “Y entonces, ¿cómo no nos caemos, mamá?”.

La verdad, no sé cómo no nos caemos, de la Tierra o a la Tierra: cómo nos mantenemos de pie, cómo se mantienen de pie las madres que buscan a sus hijos desaparecidos. Esa es también nuestra maternidad. Herida, arrancada, asesinada.

La maternidad como práctica de la crianza: la crianza como quehacer de la comunidad. Lo común: lo que es y se hace entre todos, porque no hay propiedad sino huella, sino suelo donde todos pisan, donde todos enarbolan un relato que nos da sentido al ser dicho, al ser escuchado, al metamorfosearse en los oídos corazón de los otros. Las redes de apoyo, las colectivas, los grupos de mujeres son redes de sentido, ahí se construyen los nuevos saberes, la nueva narración.

3.3 ARTICULE DESDE LO COMÚN

Sea comadre, haga comadrazgo, comadraje, comadrería, camaradería, comadrona, comadreja.

Sea parte de una colectiva. Pertenezca para inventar.

Construya escuchando, exponiendo sus inquietudes. Quédese ahí donde tenga respuesta, donde advierta brotes, donde genere desplegados, posibilidades.

Mire a las otras. Deje de juzgar. Aprenda que aprender es un proceso absolutamente insubordinado, indisciplinado.

Reinventar lo que es la matrix; como el origen, la fuerza: no contenedora, sino creadora, un organismo fluctuante, poderoso, vivo; un matraz de experimentación y ebullición constante tanto dentro como fuera. Una lluvia clara que se hace tormenta, una serie infinita en constante movimiento, irreductible, donde todo, aunque momentáneamente, sucede, es.

Recuperemos nuestra matrix como el aliento más potente, una realidad inconmensurable que lucha contra la esclavitud humana practicada por sí misma: descentralicemos la conversación, pensemos cómo estamos invisibilizadas y cómo nos autoinvisibilizamos; defendamos nuestro derecho a ser madres o no serlo, cómo ser, y a decidir sobre nuestros cuerpos; busquemos nuestra necesidad de pensar las maternidades sin asumir nuestras igualdades como madres sino nuestras diferencias y complejidades; encontremos nuestro rasurado deseo en las nuevas imágenes de una maternidad raíz traslación árbol, de voces y cuerpos diferentes entre sí que no buscan reivindicar para justificarse sino decirse para tejer; reconozcamos nuestra vulnerabilidad fundamental para poder articular nuestra intención, subversiva siempre.

Escribamos entre todes el antimanual.

Este ensayo es el contenido principal de nuestro número de mayo, titulado Madre no solo hay una. La edición completa la puedes leer GRATIS por acá.