A ustedes, ¿cómo les va con la muerte? ¿Cómo se va formando la conciencia de su omnipresencia? ¿Cómo se comprende desde cada cultura? ¿Por qué en casi todas las culturas imaginamos todo un universo de cosas para después de la muerte? ¿Será que desde lo humano nos es muy dificil pensar que al morir no sigue nada?
Desde el mes de octubre comienza el preámbulo una de las festividades más queridas y sentidas de la Ciudad de México: la de muertos. En síntesis, en México imaginamos que el Día de Muertos nuestras personas amadas regresan a convivir. Pero no es cualquier convivencia ni es para asustarse. Es una fiesta en la que se canta, se bebe, se baila y se disfruta de rica comida. Cada foto que se coloca en la ofrenda trae detrás de sí una avalancha de historias, recuerdos, lágrimas y carcajadas. A mí me gusta encender las velas escuchando a Eydie Gormé y Los Panchos. Recordar a mi madre que era incapaz de cantar una canción completa porque no se aprendía ninguna letra, aunque le atravesara el corazón con profundidad.
En la ciudad las cosas comienzan desde mediados de octubre con el Paseo Nocturno, que es una combinación entre Halloween y Día de Muertos sobre ruedas. La gente se viste de cualquier cantidad de cosas muy simpáticas, disfraza a sus perritos y se lanza a la aventura en Paseo de la Reforma. La Mega Procesión de Catrinas nos muestra un gentío de almas con vestidos y trajes monumentales, además del maquillaje tradicional de catrinas y catrines. La coronación de los actos públicos y masivos son, sin duda, el desfile tradicional –con carros alegóricos, contingentes, bailes, globos monumentales, esculturas gigantes de cartonería y bandas de las distintas músicas que acompañan la tradición– y la ofrenda del Zócalo, que cada año nos expone lo mejor de una de una de las especialidades plásticas que México presume al mundo: la cartonería del oriente de la ciudad.
Otro par de exposiciones en el espacio público que no hay que perderse son las esculturas lumínicas y los alebrijes en Reforma, así como las grandes extensiones de cempasúchiles en los campos del suelo de conservación, las jardineras y a la venta en las distintas ferias. Nuestras hermosas flores que iluminan el camino para que no se nos pierdan los muertos y lleguen a donde los extrañamos tanto.
Aquí los muertos vuelven y bailamos juntos en un gran abrazo con ellos, mientras lloramos poquito y brindamos tantito.
Imposible saber si hay algo para nosotras y nosotros después de la muerte. Bendita cultura mexicana que nos permite, mientras tanto, celebrar como si sí. Celebrar a lo grande, porque así es el amor y así es el dolor. #SuSecreChula