Bailar, cantar, andar en bici o romper récords en bola también habla de cómo la CDMX vive y defiende el espacio público.
Programar masivos no es “enchílame esta”, hay que cuidar mucho el contenido para que sea para que sea una buena aportación, en el contexto de una ciudad que propone desde todas sus políticas públicas la construcción de paz.