Recetas culturales: De Chaikovsky a Xicomulco

¿Qué pasa cuando el ballet cuenta una historia del barrio? En el FARO de Milpa Alta, niñas y niños llevan a escena las sombras y la flor de pericón de Xicomulco.

¿Por qué una de las disciplinas artísticas más taquilleras en el universo de las clases de iniciación artística es el ballet?

En la Ciudad de México hay un sistema de educación artística comunitaria de un tamaño nada despreciable. Entre la red de FAROS, UTOPÍAS y PILARES se dan unas 3,000 clases diarias de distintas disciplinas artísticas. Ahora que se están abriendo las nuevas UTOPÍAS por toda la ciudad, me ha sorprendido que las clases de ballet sean de las más solicitadas y las primeras que se llenan, casi en cualquier barrio. La verdad es que esta circunstancia me llamó poderosamente la atención. Habiendo hip-hop, k-pop, danza urbana o teatro, ¿por qué sería tan taquillero el ballet, sobre todo en las infancias o, mejor dicho, entre las mamás de las niñas?

Debo confesar que a mí me genera muchos conflictos el ballet. Será que a lo largo de mi vida en la escena escuché muchas historias de compañeras que pasaron por ahí con mucho sufrimiento para el cuerpo y para el alma. Porque en esa idea de la estética, sus cuerpos no alcanzaron para cumplir ciertos cánones, que además están muy lejos de los cuerpos latinoamericanos. Será que las historias del ballet clásico ya me resultan de arqueología patriarcal, o que simplemente es un lenguaje muy ligado con una forma muy eurocéntrica de ver el arte y eso me distancia.

El punto es que, recientemente, una maestra de ballet que da clases en el FARO de Milpa Alta me regaló otra perspectiva para enamorarme de la técnica y me parece importante compartirles cómo fue.

Xicomulco es uno de los 12 pueblos originarios de Milpa Alta. La creencia popular dicta que, a la medianoche del 28 de septiembre, el Diablo anda suelto. Para evitar que las sombras entren a causar enfermedades, provocar desgracias o destruir las cosechas, los habitantes de Xicomulco recolectan el pericón o flor de yauhtli y arman cruces. Estas se colocan de manera obligatoria en las puertas de las casas, ventanas, esquinas de las milpas y vehículos como un escudo espiritual.

Pues la profesora Ana María Gama, del FARO de Milpa Alta, preparó una muestra de su trabajo con las alumnas y alumnos de ballet. Se armó una coreografía de nombre Las sombras de Xicomulco y, en una suerte de reinterpretación de El lago de los cisnes, puso a las criaturas a representar la batalla entre el bien y el mal, con sombras vestidas de negro y una niña que recoge la flor amarilla de pericón. Al final, después de varios dimes y diretes, la flor se cosecha y triunfa el bien.

Cosas fascinantes de la cultura ocurren cuando la gente se compromete con su entorno para contar historias que le resulten cercanas. La historia me encantó, pero más me gustó el compromiso con el que las niñitas y niñitos interpretaban el dramón y la belleza, entrándole con todo a la estilización que propone la propia técnica, pero hablando de una historia que les era cercana.

Sigo sin entender por qué son tan taquilleras las clases de ballet. Una colega dice que es culpa de la “Motomami”, Rosalía. De El lago de los cisnes, pasando por Xicomulco: bendito pueblo de la Ciudad de México que no le pide permiso a nadie para usar todos los elementos estéticos de los que dispone y reinventarse siempre.

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