Conoce a Epi, la perrita de apoyo emocional de la UNAM

De cachorra abandonada a perrita de apoyo emocional; esta es la historia de Epi, que encontró un hogar y una misión en la UNAM.

Epi es una perrita que se roba corazones cada vez que recorre los pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A su paso, estudiantes y trabajadores le regalan caricias y apapachos, no solo por su carácter juguetón y noble, sino porque también cumple una misión muy especial: acompañar a víctimas de violencia por razones de género.

Hoy forma parte del Área de Género de la Defensoría de los Derechos Universitarios, Igualdad y Atención de la Violencia de Género, organismo de la máxima casa de estudios encargado de atender y acompañar a integrantes de la comunidad universitaria que enfrentan este tipo de situaciones.

“La atención multidisciplinaria inicia con una trabajadora social y, posteriormente, si la persona decide formalizar una queja, recibe acompañamiento jurídico y psicológico”, explica Samantha Rivera, abogada de la Defensoría y dueña de Epi, en entrevista con Chilango.

Foto: Eduardo Alavez/ Chilango

Epi, una perrita rescatada que hoy ayuda a rescatar en la UNAM

Samantha Rivera encontró a Epi en Michoacán. La cachorra estaba perdida a un costado de una carretera, cerca del municipio de Epitacio Huerta. Ese sitio no solo cambió su destino: también le dio el nombre con el que hoy es conocida.

En ese momento, la Defensoría buscaba nuevas herramientas para fortalecer el acompañamiento a víctimas de violencia. Entre las propuestas estaba incorporar un animal de apoyo emocional, y Epi parecía reunir todas las cualidades necesarias.

“Notamos que era una perrita especial. Tenía características muy específicas; era muy sociable, muy amigable y detectamos que podía sentir el estado emocional de las personas”, recuerda Samantha.

Pero el camino apenas comenzaba. La cachorra todavía tenía que pasar por un proceso de evaluación y entrenamiento, mientras que la Defensoría desarrollaba un modelo de atención que garantizara su bienestar y el de las personas que acudirían a recibir acompañamiento.

Foto: Eduardo Alavez/ Chilango

¿Qué es un animal de apoyo emocional?

No cualquier perro puede convertirse en un animal de apoyo emocional. La Ley de Protección y Bienestar de los Animales de la CDMX los define como aquellos que brindan acompañamiento terapéutico a personas con una condición de salud mental o un trastorno emocional.

Por su parte, la Asociación Mexicana de Animales de Servicio aclara que no se consideran animales de servicio, ya que no reciben el adiestramiento especializado que caracteriza a estos últimos. Su principal cualidad es ser sociables y capaces de generar un vínculo de confianza con las personas.

Aunque Epi ya tenía ese temperamento, la Defensoría recurrió a especialistas de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM para complementar su entrenamiento y asegurarse de que las instalaciones también fueran adecuadas para recibirla durante las jornadas de trabajo.

“Iba a sus entrenamientos tres días a la semana, desde nivel básico hasta el avanzado, durante más de un año. A la par regresaba a la oficina y aquí entre todas practicábamos con ella”, cuenta Samantha.

Foto: Samantha Rivera/ Cortesía

Así ayuda Epi a las víctimas de violencia en la UNAM

El proyecto para incorporar a Epi como perrita de apoyo emocional pasó por cuatro etapas. La primera consistió en evaluar si podía desempeñar esa labor y realizar un diagnóstico dentro de la oficina para conocer la opinión del personal, identificar si había personas con alergias o miedo a los perros y confirmar que su presencia no representaría un problema. Después vinieron la evaluación y el entrenamiento.

Hoy, Epi ya forma parte de la cuarta etapa del proyecto: medir el impacto de su trabajo. Los resultados, más allá de las estadísticas, muestran que su presencia transmite calma, genera un ambiente de confianza y facilita que las personas hablen sobre las situaciones de violencia que han vivido.

“Epi tiene mucha sensibilidad. Identifica cuando una persona puede estar en crisis y necesita atención en ese momento. Hemos tenido situaciones en las que entra a los espacios, ayuda a que la persona vuelva a regularse emocionalmente y la contiene”, explica Diana Antonio, psicóloga del Área de Género de la Defensoría, en entrevista con Chilango.

Foto: Eduardo Alavez/ Chilango

La especialista señala que esta respuesta está relacionada con el carácter afectuoso de la perrita. Su presencia favorece la liberación de sustancias como la oxitocina, la dopamina y las endorfinas, asociadas con la sensación de calma y bienestar, algo especialmente valioso cuando una persona revive experiencias de violencia de género.

“En la atención a víctimas se tocan temas muy sensibles. Muchas veces les resulta difícil hablar porque revivir esos momentos implica volver al dolor. Pero cuando entró Epi, mi usuaria la abrazó, se tranquilizó y pudo continuar contando lo que había vivido”, recuerda.

Para Diana, el papel de Epi va mucho más allá de acompañar una sesión. Su presencia ayuda a regular las emociones, disminuir el estrés y la ansiedad y, en muchos casos, permite que las personas permanezcan en el presente cuando reviven experiencias traumáticas.

Quizá por eso, cada vez que Epi recorre los pasillos de la UNAM no solo arranca sonrisas entre la comunidad universitaria, también recuerda que, a veces, un movimiento de cola, una mirada o un abrazo pueden convertirse en el primer paso para empezar a sanar.

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