Estaba esperando un espresso doble en una cafetería en la ciudad de Milán cuando vi el letrero que me atrapó: Testa bassa e pedalare. Además de aquella leyenda, había cualquier cantidad de parafernalia bicicletera que me quedé viendo café en mano: cuadritos con fotos en la pared, recortes de periódico, trofeos… Se sabe que países como Italia, Países Bajos, Francia, Dinamarca y China tienen un largo historial ciclista, por lo que estos sitios dedicados a las dos ruedas son comunes de encontrar. No es así en México, aunque los hay por ahí. Lo cual es una gran noticia.
Andar en bici en nuestra ciudad es un acto de resistencia. La pirámide en donde el peatón lleva la preferencia y el automovilista es el último en tenerla aún no se comprende del todo. O, mejor dicho, se comprende, pero no se respeta. El peatón odia al ciclista, el ciclista odia al motociclista y al automovilista, y el automovilista está por encima de todos. Basta echar un ojito a una avenida concurrida cualquier día entre semana a eso de las 8:00 de la mañana. Es la ley de la selva.
Pero no todo es blanco y negro. Los ciclistas se organizan. Creo que la cultura de andar sobre dos ruedas va mejorando. Nuestro pavimento es una mierda, pero al menos tenemos más ciclovías que antes. La calidad de las ecobicis es precaria, pero al menos tenemos la alternativa. Incluso la seguridad: en los últimos seis años me han robado tres bicicletas. Con candado choncho. A la luz del día. Todo nos dice que no hay lugar para los ciclistas. Y, sin embargo, insistimos.
Hoy vemos negocios como Rutas Café Ciclista y Escape MX en la Condesa; Fino, en la Narvarte; Dr. Cycle, en la San Rafael; La Milla, en la San Miguel Chapultepec; Coffee Bike, en Azcapotzalco; y el más antiguo que recuerdo: Distrito Fijo Club de Ciclismo, en la Juárez, que son una mezcla de cafetería-taller de bicis-panadería que, ante todo, son puntos de reunión para los apasionados del ciclismo. Que existan estos lugares es un bastión más de la resistencia, pues representan puntos para organizarse y así sobrevivir. En estos lugares se organizan rodadas tempraneras que acaban en café y pan antes de empezar el día. Un lujazo, si me lo preguntan. Esto sumado al paseo dominical Muévete en Bici y a los ciclotones que se organizan los fines de semana en la ciudad. Sí hay lugar para las bicis acá. Pero hay que reclamarlo.
Hace dos meses, la vida me volvió a regalar el privilegio de llevar a mi hija a la escuela en bici. María, mi hija grande a quien también solía llevar en bici, ya no cabe más. Pero Maite sí. Y pocas cosas disfruto tanto como ir contando perros, coches rojos, gente corriendo o simplemente ir platicando con ella a bordo de –nuestra– bicicleta. La ciudad se conoce mejor, la puntualidad se garantiza y, de paso, hacemos alguito de ejercicio. Desde que ando en bici, hace ya unos años, tolero menos el tráfico y me enferma pagar un taxi de aplicación a $350. Ojalá pudiéramos movernos más en bici como sociedad, pero creo que estamos dando buenos pasos —rodadas— para alcanzar la meta.
Testa bassa e pedalare es una filosofía italiana que habla de resiliencia y humildad: bajar la cabeza y pedalear. Propongo hacerlo a la mexicana: con la cabeza en alto y pedaleando más duro que nadie. Es lo que toca de este lado del mundo.