Sonará a viejita que ya la hace de a tos por todo, pero en la Ciudad de México cada vez hay menos lugares donde se pueda escuchar música, vamos, ya ni en los conciertos, porque pasan gritando “chelas” en el momento más chido de la canción, porque siempre están quienes van a platicar o a resolver lo que podrían resolver en algún otro lugar. Bueno, pues para paliar eso existe Sona, un espacio diseñado para la escucha profunda y consciente.

Sin dispositivos electrónicos, sin alcohol, sin distracciones, a Sona entras y lo primero que ves es arte colocado en las pareces. Te ofrecen un té, puedes sentarte en las banquitas a observar el entorno u hojear algunos libros relacionados con el sonido. Luego, cuando ya es tiempo de entrar a tu sesión al cuarto completamente aislado, te quitas los zapatos. Tomas una cobijita, un antifaz, un cojín, lo que necesites para estar confortable.
Este cuarto entran alrededor de 16 personas, está alfombrado tiene luces tenues en el techo y asientos movibles y reclinables. Una vez en plena comodidad y silencio, se apagan las luces y empieza la magia.

De Japón para la CDMX
El concepto de Sona está inspirado en los jazz kissas, salas de escucha que surgieron a finales de los años 1920 en Japón. De ahí también el diseño minimalista de este sitio y que siempre haya té.
A estos espacios va gente clavada con la música. La idea es ir a escuchar la reproducción de vinilos en equipos de alta fidelidad y en un espacio que acústicamente es ideal para ello. En Sona cada sesión empieza con una meditación sónica guiada. “Vemos la escucha no como ruido de fondo, sino como una experiencia activa, queremos que la gente se relaje, se desconecte y disfrute plenamente la música”, explica Pau Arreola, parte de las fundadoras.

Agrega que este espacio lo construyeron para que todos pudieran escuchar con el asombro de la primera vez ese disco que tanto aman. Por ponerlo en un similar, ir a una sesión de escucha es experimentar el sonido tal cual como se hace cuando vas a un museo a apreciar pinturas o al cine disfrutar una película. Ajá, sin la persona molesta que te patea el asiento o tira las palomitas.
Entrar a la sala, dejando el teléfono y cualquier dispositivo afuera, sin escuchar conversaciones es parte de una experiencia que se agradece. En cuanto empieza la música, notarás el sonido natural e inmersivo que tal vez nunca habías escuchado en un disco que has puesto decenas o cientos de veces.
“Es poner a la música como lo más importante y brindarle toda tu atención, no es como para que esté de fondo. Siempre va al frente y se complementa con una experiencia de total silencio, una pequeña meditación y ver luces en el techo o dejarte los ojos tapados con el antifaz. Cada quien elige su experiencia”, dice Pau.

Sona: un espacio de escucha
Si ya te latió este concepto, lo siguiente es entrar a sona.mx y buscar la programación. Observarás que hay sesiones para escuchar discos como In Rainbows, de Radiohead; Lux, de Rosalía; Wish you were here, Pink Floyd y que hay varios estrenos.
La ideal del espacio es hacer colaboraciones con sellos discográficos, marcas de música, ingenieros/as de audio, artistas y organizaciones que operan en la intersección de acústica, tecnología, cultura musical, ecología y diseño.
No es posible que tú llegues y digas “aquí está mi disco, ponlo”, pero sí puedes proponer que lo pongan en la programación para ir en otra ocasión.

La experiencia de escucha es creada por dos arquitecturas de audio. La inmersiva: un arreglo calibrado de Dolby Atmos codiseñado con Genelec, que ofrece audio espacial de última generación e imagen sónica precisa. La análoga: con un sistema estéreo de OJAS, famoso por su textura cálida y tono natural y realista. Desde audio espacial digital hasta vinilo análogo clásico, estos sistemas permiten compartir una amplia gama de música exactamente como fue concebida.
Y sí, se sienten las vibraciones de los bajos en el pecho, los agudos en la cabeza, se percibe cada uno de los instrumentos que componen la música, los matices de las voces… Se aprecia a detalle todo lo que crea esa melodía que estás escuchando y sintiendo en todo esto en tu cuerpo.

A diferencia de los listening bars, Sona reduce el ruido para maximizar la presencia. Y a diferencia de los lugares de relajación, su objetivo es la presencia sensorial completa.
Lugar: Cuernavaca 134, Hipódromo Condesa
Horarios: mié-vier: 16:30-22 horas, sáb y dom: 8:30-22 horas
IG: @ sona___space
Costo: $380 cada sesión