Ajedrez en la CDMX: la comunidad que crece entre parques, Pilares y clubes

Desde la Alameda Central hasta el Jardín del Arte Sullivan y los Pilares, la CDMX ofrece múltiples opciones para aprender y disfrutar el ajedrez

Por Aline Suárez del Real Islas

Cada tarde, mientras el ritmo acelerado de la CDMX parece no detenerse, decenas de personas despliegan tableros de ajedrez en parques, cafeterías, centros culturales y clubes especializados.

Niñas, niños, estudiantes, profesionistas y personas mayores comparten un mismo lenguaje: las 64 casillas donde la estrategia, la paciencia y la creatividad son protagonistas.

Aunque suele asociarse con torneos de alto nivel o partidas silenciosas en espacios cerrados, el ajedrez ha ampliado su presencia en la capital a través de clubes, espacios públicos y programas comunitarios.

En 2025, los primeros torneos organizados por la Secretaría de Cultura capitalina y Pilares reunieron a más de 300 participantes, una muestra del alcance que ha adquirido esta disciplina entre los chilangos.

La Asociación de Clubes de Ajedrez del Distrito Federal (Acadfac) agrupa a más de 30 grupos de diversas alcaldías y organiza torneos infantiles, juveniles y abiertos durante el año, además de competencias con el aval de la Federación Nacional de Ajedrez de México (Fenamac).

El ajedrez también florece fuera de las competencias oficiales. El Jardín del Arte Sullivan y la Alameda Central son dos de los puntos de reunión más conocidos para quienes buscan una partida casual.

A ellos se suman talleres gratuitos en diversos Pilares, bibliotecas y centros deportivos, e incluso cafeterías, ludotecas y clubes como El Peón Molesto, Mercenarios y Chess for Life, donde conviven jugadores principiantes y experimentados.

Aprender entre todos

La comunidad ajedrecista coincide en que estos espacios destacan por su ambiente incluyente. No es raro que un jugador experimentado se detenga a explicar una apertura, analizar una partida o enseñar los movimientos básicos a quien se acerca por primera vez.

Esa disposición para compartir conocimientos contribuye a consolidar una red de aprendizaje que trasciende la competencia.

El crecimiento del ajedrez también ha sido impulsado por las plataformas digitales. Muchas personas comenzaron a jugar durante la pandemia y luego buscaron trasladar esa experiencia al tablero físico, fortaleciendo la asistencia a clubes y torneos presenciales.

Más que un pasatiempo, el ajedrez se ha convertido en un punto de encuentro intergeneracional. Personas que difícilmente coincidirían en otros espacios encuentran frente al tablero una oportunidad para convivir, intercambiar conocimientos y construir comunidad.

Los beneficios del ajedrez

Detrás de su popularidad existe también un interés pedagógico. La Unesco reconoce esta disciplina como una herramienta de aprendizaje que favorece el razonamiento, la resolución de problemas, la toma de decisiones y habilidades socioemocionales como la paciencia y el autocontrol. Diversos estudios han señalado además su relación con procesos como la atención, la memoria y la planificación.

Para madres y padres de familia representa una alternativa al tiempo que pasan sus hijos frente a las pantallas. En distintos clubes es común observar grupos infantiles donde el aprendizaje ocurre mediante el juego, mientras que para adolescentes y personas adultas el tablero ofrece un espacio para desarrollar disciplina, concentración y pensamiento estratégico.

El primer movimiento

Quienes desean iniciarse en este juego de mesa encuentran una amplia oferta de opciones. La mayoría de los clubes de la capital reciben a jugadores de todos los niveles y organizan clases introductorias o partidas amistosas.

En una ciudad donde el tiempo parece correr con prisa, el ajedrez ofrece una pausa. Ya sean dos pequeños niños jugando o un experimentado adulto mayor compartiendo sus conocimientos, la estampa que ofrece una partida de ajedrez en medio de la vorágine de la ciudad es una imagen simbólica de cómo esta disciplina une generaciones.

Un deporte mental

El ajedrez es reconocido como un deporte por el Comité Olímpico Internacional desde 1999 y forma parte de competencias nacionales e internacionales organizadas por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

Como cualquier disciplina deportiva, exige entrenamiento constante, preparación técnica y resistencia mental. Una partida puede extenderse durante varias horas, por lo que la concentración, el autocontrol y la estrategia son tan importantes como la condición física de los jugadores.

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