Reforma 222, complejo comercial compuesto por tres torres de concreto, se diseñó entre 2004 y 2007 por encargo de la inmobiliaria Fibra Danhos, encabezada por Jorge Gamboa, quien participó de la mano de Teodoro González de León en varios de sus últimos proyectos. Esta obra marca el tránsito del arquitecto hacia el mundo de la iniciativa privada, luego de años de haberse dedicado de manera casi exclusiva a la proyección y el diseño de edificios civiles, públicos e institucionales.
Cuenta Gamboa que cuando lo hicieron, el acceso abierto propuesto por Teodoro González de León–un gesto ya característico de su arquitectura– causó revuelo. “Decían que había que ponerle puertas al recinto, que se iba a meter todo el mundo, que iba a hacer frío, que se iba a meter la lluvia porque en México llueve horizontal. Pero el tiempo demostró que eso mismo fue lo que hizo que se volviera un lugar tan acogedor, que invita al flujo y se come a los que van pasando por Reforma”, comenta. También dejó en evidencia que, independiente de si el proyecto en marcha fuese público o con una finalidad comercial, los lineamientos de Teodoro seguían intactos: hacer ciudad por todos lados.
“Hasta entonces, no había hecho un centro comercial. Nunca había pisado un patio de comida, o food court, y se las ingenió para no hacerlo incluso hasta después de la inauguración”, recuerda Gamboa sobre el complejo que también alberga residencias y oficinas.
Miquel Adrià, en cambio, es enfático al relatar en La sombra del Cuervo que hay cuatro piezas que parecen estar dispuestas para marcar puntos cardinales de la metrópolis: el Fondo de Cultura Económica al sur, el Corporativo Arcos Bosques al oeste, la frustrada Torre Telmex y Reforma 222 al centro de la ciudad.
“Tienen en común su condición de puerta urbana, de gran marco hacia la ciudad más que hacia el espacio que albergan”.
Reforma 222, Juárez.