Diseñado por los arquitectos Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky entre 1979 y 1981, el Museo Tamayo es un recinto de 5,200 m2, inmerso en el Bosque de Chapultepec, compuesto por una estructura modular de concreto martelinado, varios niveles y una escalinata que en orgánica interacción con el parque se ha vuelto un hito de la cultura urbana.
Obra icónica de la arquitectura contemporánea, el ahora Museo Tamayo Arte Contemporáneo recibió el Premio Nacional de Arquitectura en 1981; y como destaca Miquel Adrià, es tal vez una síntesis madura del repertorio abstracto de estos años, “donde monumentalidad y discreción en el paisaje confieren la mejor expresión del talud, las rampas, la luz y el patio interior, acentuando la relación entre arquitectura y artes plásticas”.
Es de los máximos representantes, a su vez, para dar cuenta de la maleabilidad del concreto, y la razón por la que tantos arquitectos de la época encontraron en él tantas bondades más allá de lo económico.
“La luz se refleja de una manera si es desde un concreto blanco y pulido y de otra totalmente distinta si rebota de uno gris y cincelado. En el atrio del Tamayo se genera esta celosía de luz y sombra, y Teodoro jugaba mucho con esa posibilidad geométrica y lumínica”, explica Hatumi Hirano Beltrán, directora de proyectos de Edmonds International, sobre el material.
Como reflexiona la arquitecta y crítica Fernanda Canales, para González de León la arquitectura era un trabajo compositivo y una forma de organización. “Sus edificios servían una doble función: hacia adentro para los usuarios y hacia afuera para la ciudad. Desde el Infonavit hasta el Museo Tamayo, son piezas igualmente relevantes para quien nunca ha entrado a ellas”.
Reforma 51, Bosque de Chapultepec, 1a Sección