Diseñado junto a Abraham Zabludovsky en 1974 para el Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores, las Oficinas Centrales del Infonavit fueron de las primeras oportunidades que tuvo Teodoro González de León para poner en práctica lo asimilado en su paso por el despacho de Le Corbusier.
Compuesto de volúmenes de concreto aparente, una gran plaza urbana, un estacionamiento y una posterior ampliación que resultó en el Edificio Campa 60 –sede central que alberga el Museo Nacional de la Vivienda y que fue construido de manera póstuma–, el Infonavit es de los ejemplos más representativos de la arquitectura moderna mexicana.
Jorge Gamboa cuenta que cuando recibió el encargo, Teodoro tenía apenas 40 años:
“Mis compañeros y yo nos asomábamos por la barda para ver cómo avanzaba el proyecto”, recuerda. “Con esta obra, que es la primera grande que le encargaron, pone en práctica el uso del concreto, la creación de espacios de conjugación y toda la influencia corbusiana”.
Miquel Adrià explica en su libro que si la Embajada de México en Brasilia (diseñada por González de León, Abraham Zabludovsky y Francisco Serrano entre 1973 y 1975) busca manifestar la ambigüedad entre el exterior y el interior –esa accesibilidad de la que hablan los arquitectos de la época–, en el Infonavit ocurre lo contrario:
“La transparencia de las obras anteriores se convierte en opacidad: dos cuerpos resuelven el programa, estacionamiento a un lado y oficinas al otro, liberando en medio una plaza de acceso. Ambos definen la escenografía urbana y monumental de esta institución, ocultando los edificios preexistentes e imponiendo su imagen atemporal (…) entre el templo y el panóptico”.
Barranca del Muerto 280, Guadalupe Inn