Tepito es uno de los barrios más emblemáticos de la CDMX. No sólo por su aportación al folclor cultural de la capital, su famoso tianguis o por ser cuna de grandes deportistas, sino también por la diversidad de creencias que conviven en sus calles.
Entre vecindades y callejones puedes encontrar decenas de altares, desde los tradicionales dedicados a la Virgen de Guadalupe hasta otros más populares y profundamente arraigados, como el de la Santa Muerte de Doña Queta.
Sin embargo, sobre la calle Carpintería se encuentra un altar que rompe con lo habitual y despierta curiosidad. Se trata de la capilla del Ángelito Negro, una de las representaciones de Lucifer que, entre devoción y polémica, se ha ganado un lugar en el barrio.
@chilangocom La fe tiene muchas formas y una de ellas es la devoción al “Angelito Negro” y a Baphomet en #Tepito. 😈 Conocimos la capilla del Ángel Negro, fundada por Alexis “El Chino” en el barrio bravo. ¿Crees que el mal está en nosotros y no en lo que adoramos? 👹 #Chilango #cdmx #Lucifer
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La historia de la Capilla del Angelito Negro en Tepito CDMX
Hace seis años, Alexis, conocido en el barrio como “El Chino”, necesitaba un milagro: su madre estaba enferma de cáncer. Para salvarla, le pidió al Angelito Negro una cura y, a cambio, prometió levantar un altar en su nombre.
“Yo le prometí poner un altar en el cual mucha gente iba a venir a conocerlo y, principalmente, íbamos a quitar un estigma. ¿Cuál es ese estigma? Pensar que él es malo”, expresó Alexis en entrevista con Chilango.
Para el joven, Lucifer no es un diablo, como señala la creencia popular. Asegura que todas sus representaciones son deidades y cree que los verdaderos diablos son los humanos.
“Todos tenemos ese estigma en nuestra cabeza de que el diablo es malo, de que el diablo tiene cuernos y es feo, pero el diablo eres tú, el diablo soy yo, el diablo somos todos. Nuestros pensamientos, nuestro sentir, nuestra energía que transmitimos a la gente”, agregó.
A seis años de su petición, Alexis agradece lo que ha recibido en su vida, desde la recuperación de su madre, quien superó el cáncer, hasta los cientos de visitas de creyentes que llegan a su capilla cada año.
“Mi madre sigue de pie, tengo un altar al que viene la gente, nos visita, agradece, pide y deja ofrendas. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?”, anotó.

Así es la capilla del Angelito Negro en Tepito CDMX
El acceso a la Capilla del Angelito Negro rompe con lo esperado. No hay vitrales ostentosos ni grandes puertas. Sobre la calle Carpintería, lo primero que aparece es un altar a Baphomet, una figura andrógina con cabeza de cabra, alas y pezuñas.
La escultura, de más de dos metros de altura, está resguardada por un mausoleo de lámina. Ahí, los creyentes dejan ofrendas como latas de cerveza, cigarros, alimentos, veladoras y flores.
A unos pasos se encuentra la tienda esotérica de Alexis, donde vende incienso, pentagramas, pulseras y collares. También hay figuras de distintas deidades, en varios tamaños y precios, entre ellas Baphomet, Lilith y la Santa Muerte.
Para entrar a la capilla hay que atravesar el pasillo angosto de una vecindad. El recorrido es breve, apenas unos pasos entre departamentos, lavaderos y tendederos de ropa. Antes de pasar, te pedirán quitarte el calzado y hacer una ligera reverencia como muestra de respeto.

La capilla es pequeña y está envuelta en una luz roja que le da una atmósfera densa, casi hipnótica. El espacio se divide en tres cuartos: el principal, donde se ubica el altar al Ángelito Negro; un segundo con estatuillas de otras representaciones de Lucifer, y un último, muy reducido, dedicado a una escultura de la Santa Muerte.
Al altar llegan personas de otros países, incluso personalidades reconocidas de la política, el deporte o el espectáculo. Ahí se quedan a solas para hacer sus peticiones, aunque Alexis recomienda no pedir bienes materiales.
“Cada quien es libre de pedir lo que desea, pero yo aconsejo que no pidan dinero. Yo prefiero ser carente en algunas cosas, pero lleno de sabiduría, bendiciones y salud”, mencionó.

La capilla y los estigmas
En la entrada de la vecindad hay un altar a la Virgen de Guadalupe, casi como una antesala que marca el tono del lugar. La imagen convive con la capilla del Ángelito Negro en un contraste que refleja los estigmas que la rodean. Para algunos es un espacio de devoción; para otros, motivo de recelo y prejuicio.
Desde que Alexis levantó el altar, decenas de personas han mostrado su inconformidad, desde vecinos de la misma vecindad hasta creyentes de otras religiones. Lo único que pide es respeto hacia su fe.
“Hace medio año, cristianos se vinieron a manifestar con cartulinas de ‘Cristo es el rey’; regalaron folletos y le decían a la gente que no se acercara, que todo esto era malo, pero los malos son ellos; no están respetando”, expresó.
“Cuando paso afuera de una iglesia o entro a una iglesia, lo hago con el debido respeto, sea cristiana o católica. Sé que está ahí y tengo que brindar respeto”, agregó.

Alexis reconoce que su fe puede causar temor en otras personas, pues forma parte de lo humano, como “un freno de mano” ante lo desconocido. Sin embargo, pide mirar su creencia con otra perspectiva.
“No tengan miedo a conocerse, a entregarse a sí mismos. El miedo es un freno de mano, es un perturbador muy grande… quiten ese miedo, conózcanse. Conozcan lo que hay dentro de ustedes, mi gente”, sentenció.
La capilla del Angelito Negro no sólo es un altar, sino un reflejo de las creencias que conviven en Tepito CDMX. Entre la devoción, el miedo y el prejuicio, el espacio se mantiene como un recordatorio de que la fe —como el barrio— no es una sola, sino muchas, incluso aquellas que incomodan.