Nota de la editora: Desierto Norte tuvo que cerrar sus puertas temporalmente (actualización: 27 de noviembre). Recuerda que el semáforo en CDMX está en naranja en alerta por el repunte de hospitalizaciones. ¡No bajes la guardia! Usa cubrebocas rigurosamente (evita los de válvula), lávate las manos y respeta la distancia social.

Una mesa de madera en medio del bosque, iluminada por los rayitos del sol que se cuelan entre las sombras de los fresnos y los encinos de alrededor, refrescada por la brisa susurrante y el sonido suavecito del río cercano. Huele fresco, quizá a lluvia. Hace poquito frío pero un café y un pan recién hechos lo solucionan rápido. Además del rocío matutino, hay huevito, queso, tocino, panes, mermeladas, cervezas y hasta vinos. ¿Es acaso el momento de desayuno perfecto? Lo es. Desierto Norte lo sabe y lo hace realidad.

Se trata de un restaurante en medio del bosque nubladillo del Parque Nacional Desierto de los Leones. Es un lugar en-can-ta-dor y delicioso en todo sentido: se come rico, se bebe bien, se respira profundo, se descansa la mente y hasta el cuerpo se suelta. De tan bonito parece recién salido de Pinterest, con sus pinos gigantes, sus lucecitas colgantes, sus hamacas, sus niñes, perretes y personas de todo tipo y edad, felices. A unos pasos está la entrada para sumergirte en el bosque sin señal 4G, correr, andar en bici, o solo caminar hasta el río; quizá echarte una siesta o solo respirar sabroso. Es lugar ideal para un picnic feliz, pero con la ventaja de que ahí se hacen cargo de todo.

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Desierto Norte: un refugio de la ciudad en la ciudad

Hernán Ramos es un abogado apasionado de la bici de montaña y la comida rica. Llevaba tiempo con la inquietud de abrir un espacio gastronómico y 2020 fue su año. Un poco por las rodadas en bici y otro poco por su trabajo con la comunidad de San Mateo Tlaltenango (propietaria del terreno del Desierto de los Leones), Hernán lleva 15 años yendo muy seguido a este bosque. Conoce el terreno y, gracias a su buena relación con el pueblo, logró que le rentaran el espacio perfecto para ubicar Desierto Norte.

“Quería un espacio de comida rica pero también un lugar donde mis hijos pudieran jugar en la naturaleza, correr, ensuciarse, escalar, explorar… —dice Hernán—; por eso nos ocupamos de que la oferta de comida fuera de excelente calidad pero también sencilla, que no interrumpiera el contacto con la naturaleza”.

Desierto Norte tiene un mural grafiteado por Sego y Oval, una cocina dentro de un contenedor, un espacio amplio con mesas grandes (y distanciadas entre sí), un refri lleno de chelas y vinos, un área deliciosa con hamacas y tapetes en el piso, y otra con juegos para niñxs, incluida una resbaladilla grandota y una pared para escalar (con nivel de ascenso para todas las edades). O sea: es un oasis de calma y felicidad para todes.

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Cocina de Jair Téllez en el bosque

Como Hernán es primerizo en el mundo restaurantero, se alió con el chef Jair Téllez, quien le entró como socio operador con sus restaurantes chilangos (Amaya y Merotoro en Ciudad de México) y su importadora de vinos (Fermentos). Si conoces el trabajo de Jair, sabes que su participación en Desierto Norte es garantía de comida suculenta, golosita, bien hecha y con puro ingrediente de primera (la mayoría proveniente del Valle de Guadalupe).

El menú es breve pero suficiente y con platillos especiales algunos días. Hay sándwich de huevito con queso y tocino (en pan brioche), grilled cheese sándwich, hot dogs (con la ya conocida salchicha artesanal de cerdo que está en los menús de Amaya y Merotoro, o con la vegetariana de Beyond Meat), toast de aguacate, queso gandolfi y otros platos ricos para desayunar/brunchear/comer. La estrella de la casa es la hamburguesa con queso y cocino, hecha con carne fresca (nunca congelada) de vacas de libre pastoreo –y sí, se nota en su sabor, su jugosidad y su consistencia–. De postres: mermeladas caseras, panqués, tartas (cuyo sabor cambia según la fruta de la temporada) y helados de Gelatoscopio. Casi todo se hace (o pre-hace) en Amaya y se termina en Desierto Norte, desde los panes hasta las salsas.

En el refri hay chelas de Wendlandt y de Hércules y vinos raros (naranjas, biodinámicos y naturales), selección de Fermentos. Pero espera, lo mejor está por llegar: acá los perretes son bienvenidos (con correa siempre), hay estacionamiento (en $20 por tiempo ilimitado), y se pueden hacer reservas para eventos chiquitos privados. Sin duda es una de las mejores aperturas restauranteras en la Ciudad de México este año (¡y qué alegría que sobrevivió a la pandemia!).

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Desierto Norte

Dónde: Rancho Los Laureles, en el Paraje Valle de las Monjas; carretera México-Toluca s/n, colonia La Venta

Horarios: jue-dom: 10-16:30

Cuánto: $$ ($200-$500), formas de pago: efectivo y todas las tarjetas de débito y crédito

Accesibilidad:sí (hay una pequeña escalera para acceder)

Pet-friendly: sí, pero todos los perros deben estar con correa en todo momento

Reservación:no hay, se asignan mesas conforme van llegando (¡se llena!)