Centro de Salud: Amado, odiado, inolvidable

Calor, oscuridad, caguamas y post-punk. Pocos lugares en la Ciudad de México han construido un mito tan poderoso —y tan contradictorio— como Centro de Salud

Durante años, el nombre Centro de Salud circuló por la ciudad como una contraseña. No aparecía en las conversaciones de quienes reservaban mesas ni en las listas de los lugares que había que conocer. Habitaba en otro lado: en recomendaciones murmuradas a las tres de la mañana, entre personas que no estaban listas para aceptar el amanecer.

La fachada nunca prometió nada. Una vieja casona en la Roma, luces débiles y unas escaleras gastadas que parecen conducir más a un secreto que a un lugar al que deberías entrar, sobre todo a esa hora. Pero bastaba cruzar la puerta para entender que ahí ocurre algo distinto. 

Centro de Salud pertenece a una Ciudad de México que parece estar desapareciendo. La de los lugares oscuros, incómodos y excesivos; de espacios donde nadie te pregunta quién eres ni cuánto ganas. La de los sitios que nunca fueron diseñados para gustarle a todo el mundo. 

Quizá por eso genera tanto amor… y rechazo.

Hay quienes lo consideran un refugio. Otros lo recuerdan como una cueva sofocante donde el calor, la oscuridad y la multitud terminan por aplastarte. Ambos tienen razón.

El verdadero Centro de Salud ocurre en el sótano. Ahí donde las paredes sudan, donde el aire parece agotarse y donde las canciones suenan como si vinieran de algún punto lejano debajo de la ciudad. The Cure, Joy Division, Sisters of Mercy, darkwave, synth-pop e industrial. Música para bailar con los ojos cerrados y olvidarse de la hora.

La oscuridad siempre es parte de la experiencia. No una oscuridad elegante ni calculada: una real. De esa que borra las diferencias entre desconocidos. Por momentos solo existen siluetas moviéndose confusas, humo de cigarro suspendido en el pasillo y cuerpos moviéndose bajo las luces que parecen más una advertencia que una decoración.

Y la noche sigue…  Las caguamas circulan sin parar. Alguien grita una canción que reconoce al instante. Una pareja se besa contra la pared húmeda. Otra acaba de conocerse hace 20 minutos. Alguna discusión termina en carcajadas. Unos vienen desde hace 20 años y otros lo descubren por casualidad; todos, arrastrados por la misma corriente de cuerpos, humo, sudor y cerveza derramada, a veces atrapados en ese ritual de cruzar miradas, imaginando historias que casi siempre terminan antes de que salga el sol.

Con el tiempo la ciudad cambió. Llegaron nuevas modas, nuevas escenas, nuevos códigos. Muchos espacios desaparecieron. Centro de Salud permanece. No intacto. Ningún lugar sobrevive igual al paso de los años. Pero sí sigue fiel a una cierta idea de la madrugada: una que no busca ser cómoda ni bonita; una que todavía conserva algo de exceso y de libertad.

Las luces finalmente se encienden. El reloj marca las siete de la mañana, la ilusión se rompe de golpe. Afuera ya hay gente haciendo deporte o camino al trabajo. Los sobrevivientes emergen desde el CDS con los ojos derrotados. 

Entonces ocurre algo extraño. Por unas horas todos compartieron el mismo secreto. Y aunque muchos juran que jamás volverán, tarde o temprano algo los trae de regreso.

Porque hay lugares donde uno ve la noche pasar. Y otros, como el Centro de Salud, donde la noche te pasa por encima. Quizá nadie se enamora del todo de sus sombras, pero tampoco sale indiferente a ellas.

El último refugio

Mucho antes de que la Roma se llenara de coctelerías y filas para brunch, Centro de Salud ya recibía a quienes buscaban estirar la noche hasta el límite. Ha sobrevivido a modas, cierres y generaciones enteras de noctámbulos.

Quien ha ido a Centro de Salud recuerda dos cosas: una canción y el calor. Nadie parece disfrutarlo demasiado. Sin embargo, forma parte de la experiencia, tanto como las caguamas o el post-punk.

Centro de Salud

Dirección: Monterrey 136, Roma Norte

Horario: jueves a sábado, 19:00 a 7:00 horas

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