Para quien nunca ha estado en un lienzo, la charrería puede parecer un espectáculo difícil de descifrar: hombres y mujeres en deslumbrantes atuendos montan a caballo para ejecutar suertes que te dejan al borde del asiento. Pero más que una competencia, es la excusa perfecta para vivir, desde la grada, una cultura que sigue vivita y coleando.
De ahí radica el éxito del Charro Fest 2026, que este 5 de septiembre llevó esa tradición al Lienzo Charro de Constituyentes, casa de la Asociación Nacional de Charros, para que miles de personas la disfrutaran de cerca.
Se trata de un evento que ha crecido significativamente. La primera edición contó con cuatro equipos, después fueron seis y esta vez compitieron nueve equipos por la codiciada Copa Charro Fest: Real 500 (Puebla), Centinela (CDMX), RM Marañon (Edomex), Sagrado Corazón (Hidalgo), Cocono (Morelos), Nacional de Charros (CDMX), Huichapan (Hidalgo), Villa HM (CDMX) y Tequila Don Braulio (Edomex).
Para la tercera edición del Charro Fest, la fiesta empezó desde temprano con la majestuosa Marcha Dragona y los honores a la bandera a cargo de la caballería del Ejército Mexicano. Luego, los competidores se rifaron en las nueve suertes oficiales: desde la Cala de Caballo, Piales en el Lienzo y Coleadero, hasta el Jineteo de Toro, Terna en el Ruedo, Jineteo de Yegua, Manganas a Pie y a Caballo, culminando con el cardíaco Paso de la Muerte.
Tras una disputada y emocionante jornada, los marcadores finales quedaron así:
- 1° Lugar: Charros de Huichapan – 373 puntos (Campeones)
- 2° Lugar: Tequila Don Braulio – 351 puntos
- 3° Lugar: Sagrado Corazón – 336 puntos
- 4° Lugar: Villa HM – 326 puntos

Un hito histórico
Y si de robarse las miradas se trata, las mujeres fueron protagonistas absolutas. La tercera edición del Charro Fest fue súper especial, ya que se realizó la primera competencia oficial de escaramuzas en la historia del evento. Seis agrupaciones de jinetes, vestidas de charras o Adelitas, ejecutaron complicadas evoluciones montadas al estilo de amazona (es decir, con ambas piernas de un mismo lado), combinando valor, velocidad y una perfecta sincronía que convirtió el ruedo en un sublime ballet ecuestre.
Aunque todos los actos mantuvieron al público al borde del asiento, los marcadores quedaron de la siguiente forma:
- 1° Lugar: Coronelas Azules
- 2° Lugar: Coronelas de la Nacional de Charros
- 3° Lugar: Charras del Dorado

La tradición está más viva que nunca
Una de las claves para entender la charrería está en dejar de mirar las suertes como simples acrobacias. La lazada, los piales, la cala de caballo y el coleadero eran originalmente habilidades que los hombres de campo necesitaban para dominar, trasladar y atender al ganado. Con el tiempo, aquellas destrezas se transformaron en una competencia que muestra la relación y complicidad entre jinete y caballo, que debe responder con precisión milimétrica a cada indicación, demostrando control y obediencia absoluta.

Cabe recordar que la charrería —reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad— es mucho más que un traje elegante. Detrás de un caballo entrando al lienzo existe toda una cadena de personas que trabaja para que ese animal llegue en condiciones adecuadas; alimento, atención veterinaria, herrería, talabartería y cuidado especializado son solo algunos de los oficios y servicios que sostienen este universo económico.
También surge una discusión inevitable: el bienestar animal. Por ello, el festival demostró cómo las suertes se han adaptado al mundo contemporáneo, modificando prácticas como en los piales, donde en vez de derribar al caballo solo se busca atrapar sus dos patas delanteras, soltando la cuerda de inmediato si solo entra una para prevenir cualquier lesión.
Al caer la tarde, se desató la pachanga
Como todo buen festival, además del show, también hubo deliciosas opciones de comida mexicana y artesanías a la venta. Los asistentes vistieron sus mejores sombreros y, una vez que entraron en calor, bailaron al son de Diana Laura “La Vaquerita”, que abrió la pista con su impresionante show ecuestre en vivo; después, la Banda Pequeños Musical se encargó de poner a raspar la bota a todos los asistentes y, para cerrar con broche de oro, Adrián Bedolla “El Jilguero” coronó la noche con su música ranchera.

Por todo esto y más, el Charro Fest cerró su edición más ambiciosa hasta la fecha, dejando claro que la fiesta brava sigue más viva que nunca y que las nuevas generaciones están listas para apropiarse de esta bellísima tradición.
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