El flamenco es libertad y Carmen, un clásico de clásicos en las bellas artes, también lo es. La historia nacida de la pluma del autor francés Prosper Mérimée y publicada en 1845 ha inspirado al teatro, la música, el cine, las artes plásticas, la danza y las diversas disciplinas y expresiones que se engloban en ellas.
La representación más famosa ha salido de la ópera: la versión de Georges Bizet de 1875 ha llegado prácticamente a todo el mundo, tanto a los escenarios como sólo en reproducciones sonoras, con piezas musicales icónicas como “L’amour est un oiseau rebelle” (“El amor es un pájaro rebelde”).
De igual forma, la danza la ha recreado con grandeza. La versión del coreógrafo Antonio Gades y el cineasta Carlos Saura dotó a Carmen de la identidad flamenca que la “devolvió al pueblo”, considerando que la historia (desde la novela) siempre ha estado ambientada en España.
Es justo esta última la que se presentará en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes el próximo 17 de octubre, con la Compañía Antonio Gades de visita en México como parte de la programación del Festival Internacional Cervantino (FIC).

“Son obras de gran formato. Son obras que llevan en gira 28 personas entre artistas y músicos (muy importante, llevamos la música en flamenco en directo) y llevamos un flamenco muy bueno. La Compañía Antonio Gades lleva artistas flamencos de muy alto nivel”, afirma Eugenia Eiriz, directora de la compañía y de la fundación homónima, en entrevista con Chilango Diario.
Gades y Saura, la unión que hizo todo
Para quien no conoce Carmen, cuenta la trágica historia entre una gitana y un hombre enamorado de ella que deja todo atrás con tal de seguirla. Sin embargo, mientras la joven maneja su vida con autonomía y sin pensar en las ataduras sociales, él poco a poco va sumiéndose en una desesperación profunda que lo llevará a cometer un acto atroz.
Esa esencia permanece en la producción de Gades y Saura, presentada en 1983. Ambos creativos se habían unido anteriormente con Bodas de sangre para llevar la puesta del bailarín frente a la cámara del cineasta en 1981.
La mancuerna derivaría en la creación de Carmen, que en el cine narró la trama base desde una compañía que prepara su montaje mientras poco a poco la realidad y la ficción se mimetizan. La protagonizan el mismo Gades y la bailarina Laura del Sol.
Por su parte, la compañía de ballet flamenco de Gades mantiene como parte de su repertorio la coreografía creada para el filme. La trilogía Gades-Saura se cerraría con El amor brujo en 1986.
“Yo creo que Gades y Saura tenían ganas de hacer una especie de musical como se hacían las películas americanas, contar una historia de un teatro, de una compañía de baile a través de un musical, pero trayéndolo a lo español. Hicieron una revolución que dio a conocer al mundo entero el flamenco. Hasta entonces, digamos que las compañías podían llegar solamente a ciertos sitios del mundo”, expone Eiriz, también viuda de Gades, sobre su importancia.
El flamenco (y la lección) sigue
En un escenario minimalista, bailaoras y bailaores conviven, disfrutan y son testigos de la atracción que siente Don José hacia Carmen, la única mujer en el escenario vestida de rojo. El tiempo se diluye mientras la pasión se desborda y el cante habla de un amor que se perderá entre pasos, celos y la muerte al acecho.
Para esta producción el tiempo es indiferente. Eiriz subraya que, a pesar de haber sido creada hace más de 40 años, esta puesta dancística nació siendo moderna.

“Estamos hablando de Antonio Gades, que pese a su amor por el conocimiento del flamenco más puro y más ortodoxo, tamiza siempre todo esto por la vanguardia, por lo más moderno y nace moderno”, recalca.
Más allá de lo anacrónico, el flamenco está ligado históricamente con la identidad y la resistencia. Por lo que en el caso de Carmen abraza a una mujer que se pertenece a sí misma y encarna a la libertad, al igual que desata reflexiones sobre su final.
Cuidar la danza para el mundo
Eiriz comparte que “Gades no es solamente un legado coreográfico, es también un legado estilístico, una forma de entender la danza”. Y eso es lo que esta compañía busca preservar.
“Él decía que la danza no está en el paso, sino en lo que hay entre paso y paso. Digamos que la técnica actual es tan potente, es tan buena que muchas veces olvidamos en favor de esa técnica y de ese virtuosismo, la necesidad de contar, que el espectador tiene necesidad de sentir y de emocionarse.
“Eso es lo que está entre paso y paso, eso es lo que contamos nosotros, eso es lo que transmitimos a nuestros bailarines. Es también una forma de estar fuera del escenario, no solamente una forma de estar en el escenario”, asegura.

Por parte de la Fundación Antonio Gades, la directora comenta que han creado un archivo documental muy importante para preservar la obra de Gades. Porque el bailarín y coreógrafo no era solamente un creador artístico, sino también un político y navegante.
“Cinco meses antes de fallecer, cuando ya el cáncer estaba a punto de segarle la vida, se subió a su velero y se hizo su último viaje trasatlántico a Cuba en un último grito de amor a la vida y también a lo que él consideraba que era el corte de su vida. Usted imagínese que ¿Qué hombre? ¿Qué tipo de hombre?”, concluye.
Dónde: Palacio de Bellas Artes (Av. Juárez, Centro Histórico)
Cuándo: 17 de octubre, 19:00
Entrada: $132 a $1,860