DÓNDE ENCONTRAR SU OBRA

Con animales tiernos y escenas muy mexicanas, Joaquín Carreño construye una fábula chilanga en la que la ciudad se reconoce a sí misma.

Hay algo en las ilustraciones de Joaquín Carreño que primero te hace sonreír y luego te deja viendo más de cerca. Sus personajes son tiernos, casi como si hubieran salido de un cuento, pero lo que realmente cautiva está a su alrededor: escenas llenas de guiños, referencias y momentos muy mexicanos.

Que si el puestito de tortas, el carrito callejero de botanas, la barra de una cantina o la caja de una tienda de conveniencia. “Recurro a los animales porque siento que es más fácil identificarte con ellos que con una persona”, cuenta Carreño en entrevista con Chilango.

arte Joaquin Carreño
De izquierda a derecha: Chicharrón, Pingüine, El grito, Mapachopeo y Migajas, ilustraciones de Joaquín Carreño. Foto: cortesía de @joaquincarre

Así, una paloma comiendo torta sobre un teléfono público, unos hámsters atacando cueritos con papitas o un mapache chopeando una concha no son solo ocurrencias con interpretaciones simpáticas: son escenas que hemos visto o vivido en México.

Retratos de una capital surrealista

“Quiero que la banda se sienta identificada. Quiero capturar lo que me gusta de México: sus colores, su estética, sus composiciones, la cuestión urbana y los rótulos”, destaca el artista.

Por eso, en sus obras también aparecen marcas, empaques y tiendas que reconocemos al instante. Más que publicidad, son elementos que ya forman parte del paisaje y del imaginario colectivo. La ciudad, dice, no necesita demasiada fantasía para parecer surrealista: basta mirar cómo conviven los puestos, los cables, los anuncios y los colores en una misma banqueta.

Detrás del pincel 

Originario de la Ciudad de México, Joaquín Carreño pensó durante un tiempo que su camino estaría en la cocina. Le gustaba cocinar y quería ser chef, pero terminó entendiendo que lo que realmente lo apasionaba era dibujar.

Originario de la Ciudad de México, Joaquín Carreño pensó durante un tiempo que su camino estaría en la cocina. Le gustaba cocinar y quería ser chef, pero terminó entendiendo que lo que realmente lo apasionaba era dibujar. Desde pequeño era “el que dibujaba” del salón, aunque nunca lo vio como algo extraordinario porque creció en una familia donde eso ya era un oficio. Su abuelo, Jorge Carreño, fue caricaturista de la revista Siempre!, mientras que su papá, Luis Carreño, ilustró durante años el acontecer político y social en El Universal.

Carreño tomó cursos en la Academia de San Carlos y en la Académie de la Grande Chaumière, en Francia, pero el sistema académico nomás no terminó de hacerle clic, así que optó por una ruta más autodidacta. “Para mí, el dibujo era una cuestión más libre. No quería convertirlo en un castigo”, comenta el artista.

Con una práctica constante y muchos libros —algunos heredados de su papá y su abuelo— fue puliendo su estilo. Actualmente trabaja principalmente con gouache, una técnica cercana a la acuarela, pero más opaca y fácil de corregir. También es una especie de herencia familiar: tanto su padre como su abuelo la utilizaron antes que él.

Joaquin Carreño arte
En 2024, Carreño fue finalista de la Bienal de Ilustración de Pictoline y su obra ha formado parte de exposiciones colectivas en la Alianza Francesa de México y la Academia de San Carlos. | Peces en el río. Cortesía: @joaquincarre

Arte fuera de la galería

Para Carreño, hacer arte también implica pensar en quién lo verá y cómo podrá acceder a él. “El arte necesita ser social, no individualista”, sostiene.

Por eso, además de piezas originales, vende prints, postales, stickers y playeras en bazares y mercaditos. Estos formatos permiten que alguien pueda acercarse a su trabajo, reconocerse en una escena y llevársela a casa sin tener que pagar el precio de una obra de galería.

“Me gustan mucho los bazares y los mercaditos de arte. Son una manera de democratizar el arte, de que no se quede nada más en un círculo galerístico muy reducido”.

Su público, cuenta Carreño, es principalmente joven, aunque sus personajes también han conectado con generaciones mayores y con mexicanos que viven fuera del país. Para ellos, una tortería, una concha o una tienda de conveniencia pueden convertirse en una pequeña postal de la vida que dejaron atrás.

El futuro a la mexicana

Después de construir este universo, Carreño compartió que está listo para moverlo hacia otros territorios. Entre sus nuevas exploraciones aparece una CDMX futurista con vochitos voladores, grandes avenidas y marcas que probablemente sobrevivirán hasta el fin de los tiempos.

“A veces uno encuentra su voz y luego empieza a repetirse”, reconoce. Por eso busca conservar el humor y esa apariencia de cuento infantil pero probar con otras composiciones y una mirada más crítica hacia el consumo.

arte Joaquin Carreño
CyberCDMX | Cortesía: @joaquincarre.

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IG: @joaquincarre

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