Son “chicas doradas” porque están en la edad de oro y su mirada no deja desmentirlo; han duplicado esa cifra tenebrosa que el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores da como esperanza de vida a las personas trans: los 35 años.
Mientras en México los varones viven en promedio 74 años y las mujeres cisgénero 79, las personas trans atraviesan vidas complejas y difíciles. Llegar a ser adultas mayores es casi un sueño. Estas cinco mujeres lo lograron y viven para contar sus historias. Aunque las unen similitudes como el brillo en sus ojos y la memoria, las hermanan sus luchas y las cicatrices sanadas.

El medio que elegimos para acercarnos a sus historias de vida fueron los retratos, en los que cada una eligió un elemento, objeto o símbolo que las representara. Nos abrieron las puertas para verlas más allá de marquesinas y reflectores, así como ser testigos de las lecciones de vida de estas mujeres orgullosamente trans que han pasado a la tercera edad.
Su carácter, agudeza mental, buen humor y resistencia para sobrevivir son un pedazo de la historia de nuestra ciudad.
Es importante hablar de ellas y de los espacios que han surgido para acompañarlas y dignificarlas, como Vida Alegre, fundada en 2018 por la activista trans Samantha Flores; la Casa de las Muñecas Tiresias y la Casa Hogar Paola Buenrostro, de Kenya Cuevas; el Archivo de Memoria Trans México, creado en 2019 por Brandy Basurto, Emma Yessica Duvali, Terry Holiday y César González-Aguirre; y el Museo de Arte Transfemenino, fundado en 2025 por las artistas Rojo Génesis y Sofía Moreno.
Entre recuerdos, fotografías, escenarios, dolor, resistencia y libertad, estas son las historias de cinco mujeres trans que abrieron camino y cuentan lo recorrido.