Los juegos del hambre: Un año de temporada alta

Después de cinco años en los que la Ciudad de México ha estado en el foco del mundo, este verano parece ser la cúspide del hype.

Y finalmente llegó. Desde junio de 2018, la FIFA anunció que México sería una de las flamantes sedes de la Copa del Mundo en 2026, convirtiendo a nuestro país en el primero en organizar tres mundiales y al Estadio Azteca en la única cancha que ha escuchado el silbatazo inicial de la competencia en tres ocasiones. Mucho ha cambiado desde que Diego Armando Maradona salió en hombros del pasto sagrado mientras que el presidente Miguel de la Madrid era abucheado por una ciudad dolida y en proceso de reconstrucción tras el terremoto de 1985.

El mundial se siente raro. Políticamente, el panorama es álgido. Los anfitriones, Estados Unidos, México y Canadá no viven su mejor momento diplomático y las intenciones del presidente naranja han quedado muy claras desde el tercer día del año en curso. No parece el momento más atinado ni para la Ciudad de México, ni para Guadalajara ni Monterrey. Y, sin embargo, la bocha se mueve (y nos mueve a todos).

En cuanto a nuestra querida capital, la CDMX únicamente recibirá cinco partidos y aun así —y con el mundo a punto de arder en fuego— parece no haber otro tema de conversación. La industria gastronómica —restaurantes, bares, hoteles, eventos, marcas de consumo, agencias, medios, influencers— se preparan para un año intenso, por decir lo menos. Solo 360 minutos de futbol son suficientes para poner de cabeza a una ciudad que, según cifras de la Secretaría de Turismo, espera recibir entre dos y tres millones de visitantes.  

Después de cinco años en los que la Ciudad de México ha estado en el foco del mundo (me caga decir “de moda”), este verano parece ser la cúspide del hype. Datos de la CANIRAC revelan que el año pasado, aparecieron aproximadamente 7,500 puntos de venta (desde cafeterías hasta restaurantes formales); hablamos hasta el cansancio de la cantidad de aperturas que hubo. Sin embargo, no todo significa bonanza, pues la misma CANIRAC reportó solamente un 2% de crecimiento, resultado de la gran cantidad de negocios que se quedaron en el intento. El índice de mortalidad fue casi proporcional al número de aperturas. Muchos de los restaurantes que abanderan el hype de la escena restaurantera (los Contramares, Quintoniles, Máximos, Compachavas, Pujoles, Bizcos, Luchos y Rosettas…) se reportan listos. Los sobrevivientes al momento Instagram verán sus mesas llenas también. Este será un año de permanente temporada alta. Pero resulta imposible no pensar en la vida post-Mundial. Si en 2025 sobrevivieron solo un 20% de las aperturas, ¿qué pasará una vez que los visitantes dejen nuestro país terminando el torneo? Se mantendrán el furor y el asombro o empezará a mitigarse el deseo de conocer más de nuestras propuestas como una ciudad gastronómica. Difícil saberlo. Mientras tanto, que ruede el pinche balón.

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