Por Juan Gómez
Siempre hay un plato de comida caliente en la Tortillería “La Abuela”, ubicada en la colonia La Lonja, en Tlalpan, al sur de la Ciudad de México. El plato está disponible para cualquiera que lo necesite y Dalia Dávila, la mujer encargada del local, también está a disposición de quien lo requiera.
Desde hace años incide de forma positiva en su comunidad. Sostiene un comedor comunitario con recursos propios, convirtió una camioneta en un salón de clases para los niños del barrio, y acopió despensas para adultos mayores y útiles escolares para estudiantes.
Y es que ella pasó por esa misma necesidad en la sala de un hospital, acompañando por meses la vida de su hijo Leo, un pequeño que nació con problemas de salud.
Dalia y su esposo Fernando conocieron las dificultades económicas, la lucha por sostener la vida y también a personas solidarias que les brindaron apoyo y alimento.
“En medio de desconocidos, un abrazo fraternal y sincero me curó un poquito de mi ser… de ahí empecé a ayudar y ayudar, cada vez más”, comparte Dalia en entrevista con Chilango Diario, al recordar el tiempo que estuvo con su hijo y cómo fue un impulso para cambiar su entorno.
Transmutar la pérdida
Dalia y Fernando se dedican al comercio. En 2019, su hijo Leo llegó al mundo y ambos estaban emocionados por la experiencia de ser padres, sin embargo, las complicaciones durante el embarazo derivaron en diversas afecciones para el pequeño.
Durante siete meses, el matrimonio estuvo al tanto de Leo en Centro Médico. En ese periodo Dalia conoció la violencia obstétrica del personal de salud, pero también la calidez de personas que cruzaban por experiencias similares.
“Iba gente a regalar alimentos. Todos los días había desayuno, comida y cena en el hospital, pero las primeras veces yo no me acercaba porque no tenía conciencia que mi estatus social ya había cambiado, que yo ya no tenía la capacidad económica para poder alimentarme a mí”, rememora.
“Yo comprendí que en Centro Médico pasó toda esta transformación, de sembrar la semilla en mi ser, de la confianza, del amor, de la comprensión”.
Leo trascendió rodeado de sus padres a inicios de 2020. Dalia resume los meses previos como “lo máximo”, porque pudo acompañar a su pequeño el mayor tiempo posible.
Al velorio, familiares y amigos llevaron cazuelas de comida que no se terminaron. Con todo lo sobrante, los esposos prefirieron que no se desperdiciara y fueron al hospital a compartir con familias, esas que pasan por momentos difíciles y la intemperie.
“La gente me abrazó y empezó a cantar una porra para mi hijo. Sentí algo que no puedo explicar”, rememora la comerciante.
Ayudar también fue su terapia
Cuando Dalia regresó a trabajar, el interés por tener repercusiones positivas comenzó. Era el año de la pandemia, aquella que dejó hospitales saturados y más de 300,000 defunciones, según las cifras oficiales.
En agosto, con las medidas de sana distancia y la política de clases en línea, Dalia se percató de las carencias entre los niños de su colonia y dispuso de una camioneta adaptada con computadora, televisión, internet y materiales escolares. La llamaron “Rinconcito de la esperanza” y actualmente ya cuenta con un local con mayor espacio.
A esa iniciativa se sumaron otras: apoyaron a adultos mayores a hacer sus registros para recibir la vacuna contra el COVID-19, juntaron despensas para repartir en el barrio y crearon iniciativas como “tortillas pendientes”, en la que las personas pueden dejar pagado un kilo de tortillas, para que quien lo necesite lo tome.

Las iniciativas fueron parte activa de la terapia que Dalia llevó tras el fallecimiento de Leo: “Mi depresión era grande. Cuando empecé a hacer esto y entraba en depresión, aventaba una iniciativa y ese contacto con las personas y sentir su alegría, su esperanza, que no están siendo ignorados, empezó a llenar mi ser”.
Aunque su mente y cuerpo resintieron los impactos de perder a Leo, Dalia y Fernando se convirtieron en papás nuevamente. Ella dio a luz a Lucius Rex, que en latín significa “Rey de la luz”, un nombre decidido porque “llegó a iluminar nuestras vidas”.
Tortillería “La Abuela” se ubica en Zaragoza 45, colonia La Lonja, alcaldía Tlalpan. Ingresa a sus redes sociales para enterarte y apoyar sus iniciativas de incidencia social: Facebook: Casa Arcadia y Tortillería La Abuela: Restaurante y Servicios de Catering