La otra cara de los ECOSIG en México: así acompaña la comunidad LGBT a sus víctimas

Casa Frida, organización LGBT que apoya a víctimas de ECOSIG, señala las lagunas de la legislación y la falta de políticas sobre el tema.

Pensar en ECOSIG (esfuerzos para corregir la orientación sexual e identidad de género) suele remitir a la idea de las mal llamadas ‘terapias de conversión’. Sin embargo, este fenómeno tiene una cara más cotidiana, más normalizada y, extrañamente, menos evidente.

“Estos esfuerzos por reprimir quien eres, por cambiar tu orientación sexual e identidad de género pueden venir de nuestro círculo social: la familia, un lugar de trabajo, de estudio o cualquier lugar donde nos desarrollemos”, explica Raúl Caporal, director de Casa Frida, refugio para integrantes de la comunidad LGBT con sedes en CDMX, Edomex y Nuevo León.

Casa Frida refugio LGBT
Equipo de Casa Frida / Foto: Sarahi Rosas

En efecto, existen centros que operan de manera ilegal privando a personas LGBT de su libertad para intentar cambiar su orientación sexual e identidad de género. Pero también son ECOSIG los insultos homofóbicos, lesbofóbicos o bifóbicos en el hogar, la negación de la orientación sexual o identidad de género al interior de la familia, etc.

Apenas el abril el Congreso de la Unión aprobó una reforma que sanciona con entre 2 y 6 años de prisión a quien “imparta, aplique, obligue o financie cualquier tipo de tratamiento o terapia” contra la orientación sexual o identidad de género de una persona”.

Sin embargo, esta reforma “está entendiendo un área muy pequeña de todo lo que son los ECOSIG”, considera Ninde Molre, abogada de Casa Frida. “Estos suceden en la escuela, en el trabajo, en el hogar, en las iglesias, etc.”, añade.

Ninde Molre
Ninde Molre, abogada de Casa Frida. / Foto: Sarahi Rosas

También hay Ecosig en casa

Esa otra cara de los Ecosig que no están tomando en cuenta ni la reforma ni las políticas públicas la vivió Dani, un chico trans de Nuevo León.

Cuenta que en casa su familia negaba su identidad de género, le impedían vestirse de manera masculina, como a él le gusta, e intentaban inculcarle ideas religiosas. “Me hacían sentir de una forma que no me visualizaba en un futuro”, recuerda.

Luego, las críticas y la represión se tornaron en violencia, cuando llegó a la confrontación física con su padre. En ese momento decidió escapar. Un día, al salir de la escuela, tomó un autobús hasta la Ciudad de México para buscar apoyo en Casa Frida.

Apoyo a víctimas de ECOSIG
Casa Frida da refugio a personas LGBT desplazadas de sus hogares por violencia o discriminación. / Foto: Sarahi Rosas

“Busquen apoyo”, recomienda a quienes puedan estar pasando por la misma situación:

“Si no se puede con la familia, con amigos o con psicólogos. Si es necesario dejen ese lugar que no hace bien a su salud mental. Pueden buscar apoyo en otros lugares como Casa Frida, que es mi familia elegida y me ha protegido de mis agresores”.

Respecto al caso de Dani y otros similares, la abogada Ninde Molre explica que parte del problema de este tipos de ECOSIG es la desintegración familiar.

“No hay ninguna institución de gobierno que trate el tema de qué hacer para rehabilitar a esas familias”, comenta.

Casa Frida apuesta por dar acompañamiento no solo a las personas LGBT, sino también a sus familias. La idea es lograr una reconciliación con base en acompañamiento psicológico, acuerdos y compromisos.

En algunos casos esta medida resulta efectiva. Por desgracia, no ocurrió así en el caso de Dani, cuya familia se niega a aceptarlo e incluso ha intentado sacarlo del refugio de Casa Frida a través de recursos legales.

No son terapias, es tortura

Por supuesto, esta cara cotidiana de los esfuerzos para corregir la orientación sexual e identidad de género no niega que exista la otra: los centros que privan de su libertad a personas LGBT y las torturan bajo el pretexto de supuestas ‘terapias de conversión’.

Eduardo, otro usuario de Casa Frida, estuvo recluido contra su voluntad durante seis meses en uno de esos centros que ejercen ECOSIG en Toluca, Estado de México:

“Yo estuve ingresado ahí por mis familiares. Fue cuando salí del clóset y les conté que me gustan los chicos”, cuenta. 

Recuerda que como él, había al menos otras 30 personas que sufrían maltrato físico, psicológico y hasta abuso sexual:

“Si no lo hacías lo que te decían te metían en un calabozo. Te daban comida echada a perder, te dejaban días sin bañarte y te volteaban de cabeza”.

Tras medio año, en noviembre de 2023, Eduardo escapó saltando por la azotea y encontró el apoyo que necesitaba en Casa Frida.

Lagunas en la reforma contra los ECOSIG en México

Este tipo de casos son los que busca evitar la reforma aprobada por el Congreso de la Unión. Sin embargo, tiene varias carencias.

En primer lugar, la reforma no beneficia a víctimas de todo el país.

“El hecho de que los ECOSIG se regulen en el Código Penal Federal no quiere decir que en todo el país se pueda hacer este reconocimiento [como delito], porque el Código Penal Federal solo aplica para ciertas jurisdicciones. La mayoría de las violencias de Ecosig suceden a nivel estatal”, explica Ninde.

En ese sentido, esta reforma solo podría ser funcional contra ECOSIG cometidos en ámbitos de dominio federal, como embajadas, aeropuertos, instituciones públicas como el IMSS o el ISSSTE, etc.

La CDMX sí es una de los estados que sí sancionan los Ecosig. Sin embargo, Casa Frida suele recibir víctimas de todos los estados del país. “Primero hay que ver dónde sucedió”, dice Ninde sobre la asesoría que da Casa Frida a Víctimas:

“Varias personas que vienen con nosotros son de otros estados. entonces hay qué ver dónde sucedió para ver qué legislación es la aplicable”, comenta la abogada.

Ello, sin embargo, no quiere decir que las víctimas de Ecosig estén en la indefensión. Por ejemplo, casos como el de Eduardo implican privación ilegal de la libertad, tortura y abuso sexual. Esos delitos se pueden denunciar aunque el estado donde ocurran no sancione los ECOSIG en su Código Penal local. De hecho, Ninde recomienda a las víctimas denunciar por esos otros delitos, ya que las penas son más altas.

Otra laguna es que, cuando las víctimas son recluidas en centros que imparten ECOSIG, no pueden denunciar. En muchos casos las propias familias de las vícrimas son las que las recluyen.

“Es aterrador que te pueden levantar en contra de tu voluntad siendo una persona adulta. Por eso, una de las estrategias que hemos adoptado es decirles que sepan que si se los llevan nosotros los vamos a buscar y que si llega alguna autoridad a buscarles digan que están en ahí contra de su voluntad”.

Así es el acompañamiento a las víctimas

Ante esta situación, Casa Frida apuesta por un enfoque no punitivista para la prevención de los ECOSIG y la atención a las víctimas:

“Nosotros estamos pensando en otras vías que no necesariamente tengan que ir hasta lo penal. Porque para llegar a lo penal, quiere decir que ya fuiste violentado. Esta parte de prevención es algo que el Estado no está viendo”, apunta Ninde.

Al respecto, Raúl Caporal, director de Casa Frida, explica que el acompañamiento a las víctimas tiene que ser integral. Cuando una persona llega a Casa Frida solicitando refugio, lo primero se hace es una evaluación y valoración de los riesgos que corre. Luego, se le brinda atención en materia psicosocial, de salud mental, e incluso nutrición. También se ofrecen capacitaciones laborales. La idea es que las víctimas puedan reconstruir sus planes de vida:

“Casa Frida está basada en programas de protección y atención integral a víctimas LGBT. Está pensada en un modelo de atención holística, integral, que busca mitigar los riesgos en torno a la persona. Lo que buscamos es sacar a la persona de esa zona de riesgo y llevarla a un espacio seguro. Buscamos que las personas recuperen su autonomía y pueden egresar de estos programas sin generar una codependencia.”, explica Raúl.

Para ello, es importante que construyan lo que se llama una familia elegida, es decir, una red de apoyo que, en muchas ocasiones, termina por conformarse junto con otras personas de la comunidad LGBT.

ECOSIG
Raúl Caporal, director de Casa Frida / Foto: Sarahi Rosas

“Estos espacios de refugio también sirven para que puedas empezar a construir la familia elegida y, a partir de esa familia elegida, empezar a incorporarte en la sociedad. Porque quien no tiene una red de apoyo difícilmente puede salir de esa violencia. Eso es que que no está considerando el Estado”, finaliza Ninde.

En casi 4 años, Casa Frida ha apoyado a poco más de 4000 personas en CDMX, Chiapas y Nuevo León. Se trata principalmente de jóvenes entre 18 y 29 años de edad que se enfrentaron a la expulsión del hogar debido problemas estructurales comunes: rechazo familiar, discriminación social e inaccesibilidad a las instituciones de justicia.

Aquí, poco a poco, desde un enfoque preventivo, se busca transformar esas estructuras.

Raúl Caporal, director de Casa Frida
Raúl Caporal, director de Casa Frida / Foto: Sarahi Rosas


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