En Santiago Tulyehualco, uno de los pueblos originarios de CDMX, el amaranto pasó de ser un alimento prohibido a convertirse en la fuente de sustento de la comunidad.
“Aquí el 50% de la gente vive o se mantiene de alguna u otra forma gracias al amaranto. El que no lo produce, lo vende”, cuenta en entrevista con Chilango Julio César Rojas, productor local.
Alimentos, postres y botanas como alegrías, churritos, obleas, palanquetas, galletas y panes de amaranto que se comercializan en toda la capital y en distintos estados del país salen desde esta comunidad ubicada en la alcaldía Xochimilco.

“Son más de 100 productos a base de amaranto los que se hacen aquí”, presume Julio.
En la actualidad el amaranto es una planta apreciada por sus propiedades alimenticias. Contiene vitaminas A, C, B, B2, B3, proteínas, minerales, fósforo, calcio, hierro, fibra, almidón y ácido fólico, entre otro nutrientes. Sin embargo, no siempre gozó de aceptación. Por el contrario, durante siglos fue rechazado por su origen prehispánico.
“Mucho tiempo estuvo prohibido. Los españoles no dejaban que los aztecas lo produjeran porque decían que se revolvía con sangre”, explica Julio.
En efecto, publicaciones de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) indican que los pueblos originarios daban al amaranto un uso ritual: molían la semilla y utilizaban miel de maguey para amasarla y elaborar figuras con formas de deidades como Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tláloc o Coatlicue, que después consumían durante ceremonias. Los españoles consideraban esta práctica como una perversión de la eucaristía católica, por lo que la rechazaron, de modo que el consumo de la planta fue casi nulo desde la época de la Colonia y hasta finales del siglo XIX.

En este contexto, Tulyehualco es una de la comunidades que se han dedicado a rescatar esa herencia cultural:
“Con el paso del tiempo el uso fue cambiando: se fue utilizando para producir dulces y otro tipo de comidas. Así empezaron a hacerse las alegrías, las palanquetas y de ahí empezaron a derivar todos los demás productos de amaranto”, cuenta Julio.
“Es algo muy tradicional, que viene desde nuestros antepasados. Nos da arraigo y mucha identidad a la gente de Tulyehualco”, explica David Sandoval, que forma parte de una tercera generación de productores.

Así se transforma el amaranto
David, originario de Tulyehualco, se dedica a elaborar productos de amaranto desde hace 20 años.
“Mis abuelos y padres se dedicaban a esta actividad. Ellos me enseñaron a sembrar y a transformar el amaranto”, recuerda. “Tulyehualco siempre fue cuna de la siembra de amaranto. Nuestros antepasados sembraban en la zona cerril. Entonces, esta es una de las labores más importantes para nosotros, es algo que se ha heredado de generación en generación y que tratamos de que se siga llevando a cabo”.
A través de su empresa familiar, llamada Amaranza, comercializa panqués, galletas, enjambres, barras, bombones y más alimentos con esta semilla como ingrediente.

Luego de que la planta de amaranto se cosecha, los productores la azotan en el suelo para extraer la semilla. Luego, la limpian en costales de ayate, la humedecen y la dejan reposar durante 24 horas. Finalmente, la ponen a tostar en un comal de barro.
“Tiene una similitud con la palomita de maíz: con el calor, explota y se abre. El mismo aceite que contiene la semilla hace que reviente y que floree”, explican productores.

Una ves que la semilla adquiere volumen, se pude utilizar para crear distintos productos. Por ejemplo, Jessica, encargada de la producción en la empresa de David, prepara galletas. Para ello, elabora una masa harina, huevo, vainilla y azúcar, a la que después agrega el amaranto. Luego le da forma con un rodillo de cocina y con un molde circular y la lleva al horno durante 20 minutos.

Además, con harina de amaranto y aceite vegetal también se pueden crear obleas que luego se decoran con chocolate y semillas. Así también se crean las tradicionales pepitorias con miel y pepitas de calabaza.

Por su parte, José Molotla se dedica a la elaboración de 35 productos: panes, pasteles, bombones, palanquetas, etc. Sin embargo, se especializa en la producción de churritos hechos con una mezcla de harina de trigo y amaranto.
“El churro es lo que más se vende. Tenemos de 33 sabores: sal y limón, queso, tajín, chile piquín y mucho más, pero el líder es el de chipotle”, presume.
Producto noble
Gracias a la facilidad con la que se puede aprovechar para elaborar distintos productos, el amaranto es un elemento fundamental en la economía de la comunidad de Tulyehualco.
“El amaranto es una fuente de trabajo muy importante aquí en Tulyehualco”, cuenta José. “Decían nuestros abuelos que es una semilla muy noble, porque donde quiera que ellos se pararan, vendían sus productos. Llevaban sus obleas, sus pepitorias o sus alegrías en un cajoncito, y mucha gente se sostuvo de ahí. A mucha gente le dieron carrera gracias a ese cajón, por eso nos sentimos muy orgullosos de nuestras tradiciones”.

Además de ser un producto altamente consumido en México, la nobleza del amaranto también radica en su resistencia y adaptabiliad. Su nombre significa “planta que no se marchita”. Y es que no solo aguanta las sequías, sino que también se puede sembrar tanto en milpas como en chinampas.
Aunado a ello, sus propiedades nutritivas la convierten en una fuente de alimentación ideal para combatir enfermedades cardiovasculares y anemia. Es fuente de proteínas, minerales, vitaminas, calcio, hierro, fósforo, ácido fólico y niacina, por lo que, además de tener una gran tradición gastronómica, también se le considera un alimento con un importante potencial a futuro.

De Tulyehualco al espacio exterior
De acuerdo con la Sader, las propiedades del amaranto lo convierten en “el mejor alimento vegetal para el consumo humano”. Así está reconocido también por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
Además, sus virtudes tampoco han pasado desapercibidas para la NASA:
“Desde 1985 gracias al Dr. Rodolfo Neri Vela, primer astronauta mexicano, el amaranto comenzó a formar parte de la dieta de los astronautas, ya que es fácil de digerir, es ligero y nutritivo”, detalla la Sader.
José asegura que su madre, quien empezó el negocio familiar de la producción de amaranto, fue amiga de Neri Vela. “Ella y otros compañeros de Tulyehualco lo asesoraron”, comenta.
Así, Neri Vela también se encargó de cultivar amaranto mexicano en un transbordador y hacer experimentos con él en el espacio exterior.
“En México casi nadie sabía qué cosa era el amaranto. Lo veían como un dulce, pero no veían su alto valor nutritivo, porque lo desconocían. Cuando decidimos realizar un experimento científico en la nave espacial de la NASA con amaranto, no solo se buscaba ver cómo crecían, cómo germinaban las plantas, sino que llevamos algo muy nuestro, que forma parte de nuestra cultura. En la NASA se sorprendieron. Muy pocas personas sabían lo que era. Pero en 1985 llevamos el amaranto al espacio. Hoy gracias al trabajo de miles y miles de familias, se exporta a Estados Unidos, América del Sur, España y otros países porque la sociedad ya valora su importancia nutritiva “, ha contado el propio astronauta.
“Llevamos algunos alimentos: las primeras galletas de amaranto que viajaron al espacio, el primer atole de amaranto, que yo mismo me tomé, y así sucesivamente”, recordó en 2015 durante un evento en Oaxaca.
Consume produtos de amaranto en la Feria de la Alegría y el Olivo
Desde hace 53 años, cada mes de febrero se lleva a cabo la Feria de la Alegría y el Olivo en Tulyehualco.
Julio, presidente de la Feria, cuenta que el evento reúne a alrededor de 90 productores que ofrecen más de 100 versiones de alimentos hechos con amaranto.

De acuerdo con datos del Sistema de Información Agroalmientaria y Pesquera (SIAP), la CDMX se encuentra entre las cuatro entidades de la República donde más amaranto se produce. Y dentro del territorio capitalino, la de Santiago Tulyehualco es la mayor zona productora.
Al respecto, Julio cuenta que los productores comienzan a prepararse con seis meses de anticipación, con la siembra de la planta. Luego, cosechan durante los primeros días de enero para empezar a preparar las alegrías, obleas, pepitorias, galletas, atoles, tamales, panqués, churritos y demás productos de amaranto que se venderán durante la feria.
La Feria de la Alegría y el Olivo 2026 se llevará a cabo del 31 de enero al 15 de febrero. Tendrá como sede la Plaza Quirino Mendoza, ubicada en la Cerrada José María Pino Suárez, esquina con la calle Josefa Ortiz de Domínguez, Santiago Tulyehualco, alcaldía Xochimilco.
La Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas de la Ciudad de México te invita a la 53ª edición de la Feria de la Alegría y el Olivo 🌾🫒
— SEPI CDMX / Pueblos-Barrios-Comunidades Indígenas (@SEPICDMX) January 10, 2026
📍 Plaza Quirino Mendoza, Santiago Tulyehualco
📅 Del 31 de enero al 15 de febrero pic.twitter.com/EswQAcRZhU
Se trata de una oportunidad para conocer de primera mano una tradición con raíces prehispánicas, disfrutar de una amplia oferta gastronómica y sorprenderse con toda la variedad de formas y sabores que puede adoptar el amaranto.