Así se vivió el triunfo de México: del Zócalo al Ángel, la CDMX explotó de alegría

Entre espuma, batucadas, máscaras de luchadores y porras, la CDMX volvió a demostrar que pocas ciudades celebran como ella

Así se vivió el triunfo de México: del Zócalo al Ángel, la CDMX explotó de alegría

Por Bryan Rivera

Parece una alucinación. Un hombre mueve los brazos y piernas en un río de agua pluvial. Finge que nada entre docenas de aficionados que lo impulsan a seguirse zangoloteando en esa mezcla sucia que otros tantos han pisado.

Da igual la lluvia, el agua encharcada o los zapatos empapados: por unas horas, la ciudad tiene motivos para celebrar, para estar de fiesta.

En el mismo Fan Fest del Zócalo, una Sor Juana saca los “pasos prohibidos” en la resbaladiza explanada horas antes del pitazo inicial del partido que terminaría dándole al Tri el pase a Octavos de Final.

Familias enteras, grupos de amigos y turistas improvisan una misma tribuna frente a la pantalla gigante. La lluvia, lejos de dispersar a la multitud, termina por convertirse en parte del espectáculo.

A casi cuatro kilómetros de distancia, una bengala verde se enciende frente al opulento Reforma 222. Las batucadas “Los dementes del ritmo” y “Los papis” tocan a tambor batiente en un llamado a la guerra futbolera.

Un niño como de 11 años, morenito y con el cabello rapado por los costados, es el maestro de esta ceremonia que se extiende hasta antes de que comience el partido, empapándose como si no temiese a algún resfriado.

Escenas de una fiesta infinita

La cita del martes en el Ángel de la Independencia fue igual de maravillosa que las anteriores. Porque cuando la Selección gana, deja de ser únicamente un monumento: vuelve a convertirse en el punto de encuentro donde la ciudad celebra sus alegrías compartidas. Máscaras de luchadores hacen de Paseo de la Reforma su camino hacia el ring.

Ante el clamor de quienes le armaron la rueda, un Blue Demon se quita la playera y pega el pecho en el suelo durante un convulso break dance en lo que parece una postal navideña por la blanca espuma artificial que no dejan de lanzarle y que opaca a la llovizna de esa tarde.

Por momentos cuesta distinguir si se trata de una fiesta futbolera, una función de lucha libre o un carnaval chilango donde todo cabe mientras haya espacio para reír, cantar y brincar.

Más adelante se forma otro grupo que parece secretearse. Me acerco para grabar a un falso luchador de Máscara Dorada, notan que estoy grabando y llega la multitud hacia mí. “Quiere volar, quiere volar”, y salgo disparado al aire tres veces, como ocurrió con otros reporteros de televisión.

Y horas después, un Metrobús circula pesadamente con cerca de diez personas montadas en el techo, una de ellas con la bandera mexicana. Algunos levantan los celulares para registrar la escena que difícilmente podría ocurrir en otro contexto que no fuera una tarde-noche de celebración colectiva.

De la alegría al caos

Poco antes de la medianoche, el antiguo Paseo de la Emperatriz es un sendero infinito, una perpetua repetición de un monumento, una pantalla, otro monumento, otra pantalla…

Los festejos se radicalizan con la victoria de México sobre Ecuador. La manifestación folclórica cede ante la euforia, y entre la euforia y el exceso suele haber un límite poco distinguible.

Gana el Tri y llegan cientos de personas que, a diferencia de muchos que estaban horas antes en el Ángel, arriban con mochilas cargadas de cerveza y botellas, algunos hasta con hieleras.

Vienen de los bares y restaurantes que marcan la circunferencia del Ángel y Reforma, pero también de lugares tan dispersos como Iztapalapa e Iztacalco.

Un sujeto, con la playera de la Selección, dispara espuma a la cara de un vendedor de sangrías preparadas, ignorando que el envase de latón advierte no arrojarla en los ojos.

Caminar implica mirar constantemente a tus costados para que no te agarren desprevenido con esa espuma que parece el producto más vendido de la noche.

Y mientras algunas pirotecnias se elevan hasta los primeros pisos de los edificios de Reforma, las trabajadoras de limpia barren entre la gente, apuradas a dejar todo reluciente antes de que amanezca y reabran la avenida.

Poco o nada importa que al día siguiente se trabaje o que el niño deba ir a la escuela, lo de esta noche es la algarabía; la fiesta que ha reunido a más de 1.4 millones de personas a lo largo del Paseo de la Reforma, el Zócalo y otros puntos de la ciudad.

Los Santos y los Blue Demon’s; las playeras de la Selección y esos 11 hombres que hemos convertido en superhombres por llevar cuatro victorias consecutivas y que nos hacen decir con mucho mayor seguridad: “¿Y si sí?”.

Foto: Bryan Rivera

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