México ya es, básicamente, un país urbano. Para que te des una idea: según el INEGI, en 2020 casi ocho de cada diez personas vivían en zonas urbanas. Y si hablamos de la CDMX, la cosa se intensifica: más depas, más edificios, más coches, más transporte de todo tipo… y, claro, cada vez más presión sobre servicios básicos como el drenaje, el agua o la luz. Todo crece, pero no siempre con orden.
Con ese combo, el territorio chilango carga varios pendientes: infraestructura que pide a gritos mantenimiento, calles dominadas por el coche, exceso de basura, falta de áreas verdes y espacios públicos que, poco a poco, se privatizan.
La solución a estos problemas es la planeación urbana. Este concepto, que suena muy técnico, significa básicamente ordenar el caos: crear programas que definan cómo debe crecer la ciudad y cómo enfrentar sus desafíos de raíz.
Esa es justo la idea que traen especialistas en urbanismo y planeación territorial: la CDMX no necesita sólo más obras por todos lados, sino pensar mejor qué necesita su gente y su territorio. Y, ojo, hacerlo entre todos: gobierno, iniciativa privada y sociedad, porque nadie puede solo con este monstruo urbano.
“La planeación anticipa problemas, es un ejercicio técnico, práctico y operativo que genera soluciones para prevenir problemas. Un proyecto debe responder a una planeación, no de obra, sino de integración a la ciudad”, considera Salvador Herrera, director general de Urbanística, despacho de consultoría, planeación y diseño urbano.
En entrevista para Chilango Diario, el especialista indica que los programas de desarrollo urbano son instrumentos técnicos de observación legal que tienen que cumplir tanto el sector público como el privado. Estas herramientas “no son opcionales porque conllevan un proceso público, de participación y de inclusión, en donde se ponen de acuerdo las partes involucradas para el crecimiento adecuado de las ciudades”.

En el caso de la capital, el Plan General de Desarrollo (PGD) 2025-2045 se encuentra actualmente en etapa de consulta pública, la cual fue ampliada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, hasta el próximo 10 de abril. El proceso busca recoger propuestas ciudadanas para definir la planeación de la capital durante los próximos 20 años.
Hasta finales de febrero, se habían registrado más de 200,000 propuestas a través de foros, encuestas y la plataforma digital Plaza Pública.
El pasado 18 de marzo, 30 expertos en el tema participaron en el encuentro “Volver a la Ciudad”, una reunión de trabajo con el objetivo de identificar rutas y soluciones concretas para atender la complejidad del fenómeno urbano.
Medio ambiente
Con la presencia de integrantes de la Cámara Nacional de Empresas de Consultoría (CNEC), la Asociación Mexicana de Urbanistas (AMU) y la consultora Urbanística, los expertos dialogaron sobre el presente y el futuro de las ciudades mexicanas, luego de identificar los escenarios más retadores como el crecimiento desproporcionado, el cambio demográfico y climático, los asentamientos irregulares en zonas de riesgo, la explotación desproporcionada de los recursos naturales, entre otros.

Para Salvador Herrera, la permanencia de los programas de planeación urbana coadyuva al cuidado del medio ambiente. Un buen instrumento ayudaría, por ejemplo, a prevenir y disminuir las contingencias provocadas por la contaminación en el Valle de México.
“Vemos que muchas de las medidas que se planearon en los años 90 o 2000, hoy ya no se tienen y no se mejoraron, no se optimizaron ni llevaron a otro nivel, y la consecuencia fue que dejamos de prever y nos viene la contingencia”, lamenta.
A pesar de la poca actualización, el también profesor de la UNAM asegura que los chilangos aún tenemos tiempo de revertir este problema, pero las medidas “tienen que ser más contundentes, más exigentes y más drásticas”.
Herrera destaca la importancia de mejorar la movilidad de la ciudad a través de la optimización del transporte público y las vialidades, como se ha hecho en otras urbes del mundo.
Movilidad
Menciona, por ejemplo, la creación de carriles de alta ocupación, donde sólo puedan acceder vehículos que lleven a más de un pasajero. “Es absurdo ver el Viaducto o el Periférico con autos que van con sólo una persona”.
Otra propuesta es designar zonas bajas de emisiones en polígonos como las cuatro alcaldías centrales (Cuauhtémoc, Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza), avenidas como el Circuito Interior o colonias como el Centro Histórico, San Ángel o Polanco, donde se limite el número de accesos vehiculares.
El director de Urbanística también señala que la planeación permite acceder a estrategias para combatir o mitigar la gentrificación, a través de la creación de bancos de suelo, la edificación de unidades de rentas bajas y condominios nuevos.
Vivienda y espacios públicos
Agrega la importancia de contar con más espacios públicos, en particular en zonas densamente pobladas, donde la cantidad de esos sitios corresponda al número de habitantes.
“Lo que hacen ciudades como Nueva York, París, Londres o Tokio es comprar terrenos y habilitarlos como plazas y jardines en diferentes puntos para concentrar esa densificación. La ciudad debe tener espacios públicos, no sólo puedes llenarla de torres”, opina.
Los integrantes del sector urbanista coinciden en que la forma en que crecen las ciudades, se organizan los territorios y se toman decisiones sobre infraestructura, vivienda o movilidad, impacta directamente en la vida de millones de personas.
Salvador Herrera adelantó que presentarán sus conclusiones y propuestas a las autoridades capitalinas a finales de abril o principios de mayo, y confió en que recibirán una respuesta positiva.