Por Bryan Rivera
Las paredes se ven sucias y malolientes. Por el ángulo de los barrotes se asoman dos planchas metálicas, una encima de otra. A menos de un metro de distancia, hay un excusado del que apenas escapan algunos matices de su blanco original por encima del café sarroso.
Camino con Carlos de celda en celda. Él, con las manos metidas en los bolsillos de la mezclilla o de brazos cruzados, como quien muestra un almacén para rentarlo.
Estamos en una cárcel estilo estadounidense, más negra que gris. No es una prisión de Illinois y Missouri, sino un edificio de cuatro pisos en la colonia Tabacalera, cerca del Centro Histórico, a unas calles del Panteón de San Fernando.
Referirme a este lugar como “edificio” es quedarse corto, porque sus entrañas tienen una forma laberíntica: pasas de unas oficinas convencionales a un departamento de los años 80, bajas hacia un antro y luego llegas a una comandancia. Es un espacio multidimensional donde una puerta te lleva a otra realidad.
De rotativa a multiset
Durante décadas, estos 6,000 metros cuadrados fueron la sede de La Prensa. El temblor del 2017 y la disminución del tiraje derivaron en una mudanza a las oficinas del Sol de México. La Organización Editorial Mexicana (OEM) vio una oportunidad: rentar las instalaciones del diario como set de cine.
Los socios de la OEM encomendaron a Carlos Real Soriano sacarle el mayor provecho posible. Confiaban en él por su desempeño en Pino 577, otro importante multiset de Azcapotzalco.
Carlos quiso hacer de cada piso un escenario completamente distinto. Un atributo irresistible para las productoras era la cercanía con el Centro Histórico. Nada de trasladarse largas distancias para conseguir cualquier faltante.
Pero la principal ambición de Carlos estaba en la rotativa del diario: un armatoste ubicado en un espacio de dos metros de altura, donde salían los ejemplares de La Prensa.
Con un equipo de apenas diez personas, desarmó la rotativa y creó desde cero una cárcel gringa, esa misma que se levanta como un monstruo frente a mí y que inevitablemente impone como una de verdad por la poca iluminación y una sensación de desamparo.
Actualmente, este edificio —cuya fachada lleva el logo de Rotativa Estudios— alberga siete locaciones que difícilmente se pueden encontrar en México: una cárcel; unas oficinas de los 90; tres departamentos de distintas décadas; un antro y una morgue. La casa de los periódicos se ha convertido en una fábrica de sueños.
Una prisión invisible
Las puertas corredizas son grises y oxidadas. Estás de pie frente a una torre de vigilancia, en una bóveda de techo cerrado. A los costados, docenas de celdas acomodadas en pasillos.
En una celda ves pegada una página arrancada de una revista, con una modelo en traje de baño blanco de una pieza y una chamarra negra de cuero. Alguien dibujó con pluma un corazón flechado en su vientre, casi junto a la frase: “Me encantan los hombres románticos, varoniles y muy detallistas”.
Carlos te deja mirar cómodamente, con los brazos cruzados. Tiene una memoria prodigiosa y una mirada fija. Formalmente, es el director de Rotativa Estudios, pero en la práctica es difícil encasillar sus funciones: cotiza, busca inmobiliario, lo vende; ayuda a ensamblar los sets y a repararlos.
No lo dice, pero se le nota cierto orgullo por esta prisión que creó viendo modelos estadounidenses e imágenes de acervo. Carlos no podía construir una cárcel completamente real en dimensiones, pues esa clase de realismo no sirve en una producción porque una pared puede estorbar a una cámara en una toma.
La prisión donde ahora estás parece un híbrido de varias penitenciarías. Su formación panóptica —con una minitorre al fondo— remite al Centro Correccional de Stateville, en Illinois; las celdas a dos niveles con pasarelas metálicas e industriales se asemejan a la penitenciaría federal de Leavenworth, Kansas, mientras que la fusión de concreto y acero y el amplio patio central son similares a la penitenciaría estatal de Missouri.
—¿Cuántas producciones ha habido aquí? —pregunto a Carlos mientras recorremos las celdas.
—Uff… más de 500 —responde.

Un espacio para todos
El alma de este multiset es su mutabilidad. Directores han adaptado de formas impensables este viejo pero moderno edificio de La Prensa, como ese grupo de estudiantes de cine que dejaron un desastre en un cortometraje que era su proyecto de titulación.
Carlos cuenta que convirtieron la cárcel gringa en una calle cyberpunk postapocalíptica, de paredes pintadas con un negro que no se quitaba y con referencias visuales al Vengador del Futuro y Blade Runner.
Accedió a que esos estudiantes usarán el estudio para su proyecto, aunque no ganara mucho. Las puertas del cine deben abrirse a las nuevas generaciones, explica.
Aunque Carlos considera que la Inteligencia Artificial está quitando fuentes de trabajo en la industria cinematográfica, el oficio de la escenografía todavía no se ve afectado en México.
Aun así, la industria sigue creciendo. Se han abierto más casas o “foritos” de filmación, señala Carlos, que compiten con los grandes como Quarry, Distrito 7, Estudios Maravilla y Churubusco.
Y entre esos espacios está el multiset de Rotativa Estudios, un gran lienzo en forma de edificio donde “el límite es tu imaginación”.

El multiset de la Tabacalera
El edificio, ubicado en la colonia Tabacalera, alberga siete locaciones poco comunes y de difícil acceso en México, entre ellas una cárcel y una morgue. Desde 2021 empezó a operar Rotativa Estudios, albergando hasta ahora más de 500 producciones.