Lucrecia Martel afirma que no piensa mucho en su trayectoria porque nunca se interesó demasiado en ser directora ni en tener una carrera en el cine. Algo curioso ya que las ficciones que ha entregado, como La ciénaga (2001) y La niña santa (2004), la han convertido al ojo cinéfilo en una voz influyente del cine latinoamericano por su mirada crítica, desde lo simbólico, a las realidades de su país natal y la región.
“Mi relación con el cine es una de conversación con la comunidad a la que pertenezco y nunca me lo planteé mucho como una carrera”, asegura la directora argentina en entrevista con Chilango Diario.
Y eso quizá da indicios del por qué al comienzo de su quinto largometraje, Nuestra tierra, que llegó a la CDMX desde la 79 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, Martel sentía que no era la indicada para retratar lo que se muestra en el documental.
¿Cómo nació Nuestra tierra?
Nuestra tierra parte del juicio público llevado a cabo en 2018 por el asesinato del comunero Javier Chocobar durante una disputa por tierras de la comunidad indígena chuschagasta del pueblo diaguita, en Tucumán, Argentina, en 2009. Este hecho, expuesto desde un video filtrado en internet, conduce a un origen mucho más remoto del problema que, además, revela la violencia colonial persistente en Argentina.

“Cuando encontré este video en YouTube, el del crimen que aparece en la película, pensé que no era la persona ideal para hacer esto porque mi experiencia era más de ficción, y pensé que iba a ayudar a la comunidad a generar un archivo de sus documentos, ordenarlos, ordenar la historia, escanear las fotografías.
“Poco a poco me fui dando cuenta del mito de nacimiento de una nación como la Argentina y, creo que como en todas nuestras naciones latinoamericanas, es una fantasía enorme, una fantasía que tiene como único elemento regular o de continuidad la negación de lo indígena […]. Todos nuestros estados nacen con la fantasía de una igualdad que después no sucede en la práctica porque las comunidades ni tienen una posibilidad ni de defender su territorio ni de que sean reconocidas. Fue ahí que sentí que quizás sí era yo la persona indicada para ponerme a hacer esto”, comparte Lucrecia Martel.
La realizadora explica que la prensa puede entrar a los juicios orales y públicos en Argentina, y eso ayudó a que pudiera filmar Nuestra tierra, a pesar de que en algún momento una abogada se queja de que no se les avisó y el caso se está transformando en un “circo”.
“Estas personas evidentemente tenían una idea, no sé cuál sobre el cine o lo documental, por lo cual dijeron esa palabra, como si todo fuera una puesta en escena y era al revés. Nosotros estábamos registrando la puesta en escena que ellos hacían. No fue difícil estar ahí para nada, fue muy duro y muy apasionante ver cómo funciona la justicia, la clase de dramaturgia que es…”, platica.

El archivo de la memoria
A pesar de que el seguimiento del juicio funciona como hilo conductor del documental, lo que deja para la memoria trasciende al hecho. Es más que una historia de justicia porque, a su vez, logra resguardar memorias de los chuschagastas con fotografías y recuerdos contados por su gente. Eso también salvaguarda la historia de la tierra que protegen, cuyo pasado sigue latiendo incluso desde lo que no se debería seguir perpetuando, como el racismo.
“La persona urbana busca algo exótico, algo totalmente distinto, y no puede reconocer la verdadera vida de las personas en la comunidad con sus transformaciones, con sus salidas y entradas en el territorio por cuestiones laborales. Eso se pudo expresar, no apareció tan fácilmente, pero se manifestó de una manera muy clara con las conversaciones, con la fotografía. Incorporar eso al documental fue una de las ideas más claras que hubo desde el comienzo”, indica Lucrecia Martel.
Ni identidad ni resistencia
Para Lucrecia Martel, esta no es una historia de identidad ni de resistencia; de hecho, pone un foco rojo en estas palabras. “Cuando uno dice ‘resistencia’ es que uno quiere quedarse en una posición que tiene que ver con el pasado, porque hay algo en la actualidad o en el presente que cambió y uno se resiste a ese cambio, y eso no es lo que más describe cómo actúan las comunidades”.
“Las comunidades lo que hacen es que a las locuras que les proponen los estados nación tratar de encontrar la forma de seguir protegiendo el territorio y a su gente, pero usando las palabras y las posibilidades que cada o gobierno o periodo histórico le permite”, opina Martel.
“Y respecto a la identidad, es otro fenómeno sobre el que tendremos que pensar mucho, es una palabra muy complicada para definir la existencia de los humanos porque genera en el fondo esa idea de que uno tuviese que ser una cosa de una vez y para siempre. Sinceramente lo digo, no sé cuál es la palabra o de qué manera debiéramos pensarlo, pero creo que con la palabra identidad se ha podido abusar muchísimo de las comunidades”.

Nuestra tierra actualmente se encuentra en la cartelera de la Cineteca Nacional México, de las Artes, Chapultepec; Cine Tonalá, Cine Villa Olímpica, Film Club Café y otros complejos del circuito independiente. Es la quinta película de la directora argentina; sus anteriores largos son La ciénaga (2001), La niña santa (2004), La mujer sin cabeza (2008) y Zama (2017).
Además, en su visita a CDMX, Martel presentó su libro Un destino común en Casa del Lago UNAM, en el que reúne 10 conferencias y clases que ha impartido en Argentina, España y Uruguay entre 2009 y 2025.