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Viaja a las profundidades de Tenochtitlán: visita el juego de pelota y el Templo de Ehécatl

El juego de pelota y el Templo de Ehécatl, vestigios de Tenochtitlán de reciente descubrimiento, están abiertos al público por primera vez.

Por primera vez, y de forma temporal, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Museo del Templo Mayor realizan recorridos guiados y abiertos al público por el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y el juego de pelota de Tenochtitlán, sitios arqueológicos que permanecían restringidos con acceso únicamente para arqueólogos e investigadores.

La oportunidad única de conocer de estos espacios estará disponible solo hasta el próximo 19 de julio, en el marco del Mundial.

Foto: Rafael Amed Rivera

“Es un espacio excepcional que no se ha terminado de investigar. Los arqueólogos siguen en excavación. Pero en el contexto de la Ciudad de México como una sede mundialista, la Secretaría de Cultura nos dio la instrucción de generar actividades que acompañaran este evento deportivo. Entonces, no hay nada mejor para hacerlo que mostrando estos espacios donde se realizaban antiguas prácticas rituales que tienen parecido con el futbol”, comenta en entrevista con Chilango la directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma Bouchan.

El Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y la cancha de juego de pelota son dos de los vestigios arqueológicos de más reciente descubrimiento en el Centro Histórico. Se hallaron apenas en 2010 y 2014, respectivamente, debajo de lo que actualmente es el Hotel Catedral, en la calle de República de Guatemala.

Visitarlos implica descender debajo de la superficie de CDMX para conocer parte de lo que en su momento fue parte del Recinto Sagrado de Tenochtitlán.

Una serpiende enroscada: el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl

Para llegar a los vestigios arqueológicos, es necesario descender por unas largas escaleras hasta una plataforma que permite situarse sobre las construcciones que datan del siglo XV.

Un pasillo de madera rodeado por barandales divide dos zonas del antiguo Recinto Sagrado de Tenochtitlán: el Templo de Ehécatl y la cancha de juego de pelota.

Foto: Rafael Amed Rivera

El primero en descubrirse fue el templo, según cuenta en entrevista Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH.

Actualmente, el arqueólogo se encarga de la restauración tanto del templo como del juego de pelota y continúa realizando excavaciones en la zona.

Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH / Foto: Rafael Amed Rivera

Barrera recuerda que en diciembre de 2009 los propietarios del Hotel Catedral decidieron hacer una ampliación de su edificio hacia la parte que colinda con la calle de República de Guatemala, por lo que solicitaron la autorización del INAH, requerida por ley para realizar obras en el Centro Histórico.

“Tenían la intención de hacer un estacionamiento subterráneo, pero nosotros sabíamos que, por la zona, era probable que encontráramos vestigios”, comenta el arqueólogo.

Meses después, en 2010, se realizaron algunos pozos de sondeo y se autorizó un proyecto de salvamento arqueológico. Efectivamente, los vestigios aparecieron cuando tan solo se llevaban 90 centímetros de excavación.

Foto: Rafael Amed Rivera

“Encontramos la parte posterior del Templo de Ehécatal, una sección de un basamento más grande”, recuerda.

Al ingresar, lo que se observa es tan solo un fragmento de lo que el arqueólogo describe como “un edificio mixto”, con una forma cuadrada al frente y circular en la parte posterior. “Mide 34 metros de ancho y el adosamiento circular es de 18 metros de diámetro”, detalla Raúl.

“La fachada principal no la conocemos”, advierte, pues explica que todavía se encuentra enterrada. “El frente principal debe encontrarse en los límites del Centro Cultural España, que está en el número 18 de la calle de Guatemala, colindando con el edificio que hoy conocemos como Círculo Mexicano”, comenta el arqueólogo.

A pesar de que el Templo de Ehécatl no se puede apreciar en su totalidad, frente a los vestigios hay una maqueta que muestra el aspecto que el edificio debió tener en su época de esplendor.

“Sabemos que los templos de Ehécatl tenían formas redondas y que en sus puertas tenían una representación de las fauces de una serpiente. La forma redonda tenía un sentido metafórico: representaba a una serpiente de cascabel que estaba enroscada y tenía las fauces de la serpiente dibujadas porque Ehécatl era una advocación de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, en su función de dios del viento”, explica el arqueólogo.

Foto: Rafael Amed Rivera

Así, el edificio fue un adoratorio de Ehécatl-Quetzalcóatl hasta la época de la Conquista. “Fue destruido por los invasores españoles, pero también por los miles de indígenas que se querían liberar de los mexicas. Cerca de diez mil de estos indígenas se unieron a los españoles y de hecho fueron ellos quienes tomaron la ciudad”, cuenta.

El descubrimiento de la cancha de juego de pelota

El arqueólogo Raúl Barrera relata que luego del descubrimiento del Templo de Ehécatl, los trabajos en la zona continuaron de forma intermitente hasta que en 2014 se hallaron unos escalones que, con el tiempo, revelaron la que fue la cancha de juego de pelota más grande de Tenochtitlán.

“Hallamos un nivel de piso de lajas de basalto. Después, un peralte de una banqueta de 1.90 metros de ancho que sirve de base para una escalera. Esta es la parte exterior del juego de pelota, que se conocía como teotlachco o juego de los dioses“, explica el arqueólogo.

Foto: Rafael Amed Rivera

Al igual que ocurre con el Templo de Ehécatl, únicamente una parte del juego de pelota se encuentra visible. Se trata de su pared exterior. El resto está todavía bajo el subsuelo.

Barrera detalla que la cancha estaba orientada en el sentido este-oeste y tenía una forma de “doble T” o de “I” latina, con un cabezal en cada uno de sus extremos en sentido de norte a sur.

Además, según lo que se aprecia, la cancha debió contar con una especie de palcos para presenciar el juego.

Esta maqueta muestra la forma que tenía la cancha de juego de pelota de Tenochtitlán. / Foto: Rafael Amed Rivera

“Sobre una plataforma se encontraron distribuidos restos de desplantes de pilastras. Lo que estaba en la parte superior ya no existe, pero esos desplantes nos indican que tuvo un espacio porticado sobre la plataforma. En ese espacio porticado no sabemos si tuvo adosados algunos aposentos, pero es muy probable que sí. Esto nos da a nosotros la idea de que en ese espacio porticado se colocaban espectadores o las personas que asistían a ver el juego. Era como un palco”, detalla Raúl.

Mitos y verdades del juego de pelota

Si bien reunía espectadores al igual que los deportes modernos con los que se le intenta comparar, el juego de pelota no era algo meramente recreativo, según explica el arqueólogo.

“No era únicamente un lugar lúdico. Sí había un componente de esparcimiento, porque sí generaba alegría a quienes veían el juego, pero ese no era el propósito principal. Tenía otros fines que eran religiosos, míticos y que se relacionaban con el poder“, explica Raúl.

Foto: Rafael Amed Rivera

De acuerdo con el arqueólogo, existen registros de que el juego de pelota se practicaba desde hace al menos 3,500 años. Sin embargo, existían distintas variantes y el juego se practicaba con distintos propósitos.

“El juego que practicaban los mexicas era el ulamaliztli, que consistía en golpear una pelota de hule con la cadera, con los hombros o con los glúteos”, comenta Barrera. Agrega que el juego “tenía relación con el cosmos. La pelota representaba un astro, que podría ser el Sol“. Entonces, el juego simbolizaba el movimiento del cosmos y la renovación de la vida.

La cancha, por su parte, era considerada un portal al inframundo, según detalla el arqueólogo. En este espacio se llevaban a cabo diferentes actividades religiosas, como sacrificios humanos. “Por ejemplo, el nacimiento de Huitzilopochtli se celebraba con el sacrificio de cuatro personas”, explica.

Foto: Rafael Amed Rivera

Sin embargo, enfatiza que los sacrificios no necesariamente estaban ligados al juego. Inclusive apunta que la versión de que se sacrificaba a los ganadores del juego “es un mito que se fue generando. Muchas veces no se sacrificaba a ningún jugador. Si llegaban a sacrificar a algún jugador, nosotros pensamos que no era el ganador, sino el perdedor”.

Aunado a ello, explica que el juego de pelota servía para resolver problemas o conflictos políticos entre los pueblos. Para ilustrar este punto, Barrera relata una historia ocurrida durante los tiempos del tlatoani Axayácatl.

“Axayácatl le había pedido al tlatoani de Xochimilco que lo apoyara en una guerra contra Tlatelolco, pero no llegó el de Xochimilco. Entonces, estaba conforme Axayácatl y definieron sus diferencias aquí, en el teotlachco. Hubo ese enfrentamiento y ganó el de Xochimilco. Iban a apostar sus tierras, su territorio. Lo importante es que también era un lugar de apuestas”.

Dada la importancia del juego, quienes lo practicaban era “gente experta. No cualquiera tenía la experiencia y la condición física para hacerlo”. Algunos de los jugadores más asiduos eran los tlatoanis, quienes participaban en juegos con motivos religiosos. “Moctezuma Xocoyotzin venía aquí a practicar el juego de pelota e incluso invitó a los conquistadores españoles a presenciarlo”, detalla el arqueólogo.

Reconstruyendo Tenochtitlán

Descubrimientos como el del juego de pelota y el Templo de Ehécatl permiten reconstruir poco a poco la forma en que estaba organizada la antigua Tenochtitlán.

El arqueólogo Raúl Barrera explica que la ciudad estaba dividida en un recinto sagrado alrededor del cual existían cuatro parcialidades o campan.

“El recinto sagrado era un cuadrángulo que estaba delimitado por una plataforma de alrededor de 450 metros por lado. Dentro de ese cuadrángulo había 78 templos. Era un espacio ceremonial, en el que vivían los dioses”, explica.

En su interior, el recinto sagrado de Tenochtitlán estaba dividido en dos ejes: el de la vida, al que pertenecía el Templo de Ehécatl, y el de la muerte, al que pertenecía el juego de pelota. Estos “no eran espacios abiertos para la población en general. La personas podían venir solamente cuando se llevaban a cabo las celebraciones”.

Por otro lado, fuera del recinto sagrado, las cuatro parcialidades o campan estaban subdivididas en alrededor de 80 barrios en los que habitaba la población.

¿Cómo visitar el Templo de Ehécatl y el Juego de Pelota?

Las visitas guiadas están incluidas en el boleto de entrada al Museo del Templo Mayor, que tiene un costo de $105. Se realizan de martes a sábado en tres horarios distintos: a las 9:30, 11:00 y 12:00 horas, con cupo limitado a 15 personas.

Para poder participar un recorrido es necesario realizar una reservación escribiendo a las direcciones de correo electrónico edutemplomayor@inah.gob.mx direccion.mtm@inah.gob.mx.

“La cita es en el Museo del Templo Mayor y de ahí traemos a la gente al Templo de Ehécatl y al juego de pelota. Se da una explicación a través de especialistas y el recorrido dura entre 30 y 35 minutos”, explica la directora del recinto, Patricia Ledesma Bouchan. “Después, la gente tiene la opción de regresar a la zona arqueológica [del Museo del Templo Mayor] y continuar la visita libre. También pueden salir al fan fest del Zócalo”.

Ledesma Bouchan agrega que desde finales de junio se recibieron alrededor de 4,000 solicitudes para participar en los recorridos. “Estamos muy contentos, porque hemos tenido muy buenos números”, comenta. Por ello, pide al público paciencia para agendar su visita: “Estamos haciendo el mejor esfuerzo para atenderlos a todos”.

Además, Patricia cuenta que ya se trabaja para que, en un futuro, el Templo de Ehécatl y el juego de pelota puedan ser visitados de forma permanente.

Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo del Templo Mayor / Foto: Rafael Amed Rivera

“Es un sitio que no solo tenemos que conservar, sino también ver la posibilidad de que más gente lo pueda visitar. Los arqueólogos todavía están haciendo la restauración, en particular de los estucos. Y también estamos haciendo una calibración de la cantidad de gente que puede entrar a este espacio por cuestiones de oxígeno, calor y capacidad de carga del edificio”, concluye la directora el Museo del Templo Mayor.


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