Multiforo Alicia: 30 años de contracultura y slam

Este recinto en la CDMX ha sobrevivido a modas y gobiernos. Tres décadas después, lo que no cambia es el slam. Ni la terquedad

Por Emiliano Escoto

El 1 de diciembre de 1995 aparecieron por la ciudad carteles impresos en papel tabloide, mitad amarillo y mitad blanco, coronados por un gato sonriente, similar al de Alicia en el país de las maravillas, y una tipografía atrevida que iniciaba con la A anarquista. Anunciaban la apertura de un nuevo espacio para jóvenes ávidos de experiencias distintas: ALICIA, doble inauguración. Así comenzó la historia de lo que, 30 años después, se convertiría en símbolo de resistencia, contracultura e incorrección en la Ciudad de México.

La programación inaugural duró dos días. El viernes 1 encabezó Antidoping, banda fundamental para el reggae en México. Compartieron cartel Limbo Zamba, entonces naciente grupo de hardcore/post-punk originario de Mexicali, que alcanzaría proyección nacional en 2001 al integrarse al soundtrack de Perfume de violetas, y un performance de Los Invasores y Los Ácidos. Era la apertura ideal para lo que, en palabras de su fundador, quedaría registrado como “Laboratorio de culturas subterráneas y movimientos aleatorios: el Multiforo Alicia”.

Ignacio Pineda, Nacho, creció en San Felipe de Jesús, Gustavo A. Madero, cuna del punk chilango. Desde joven participó en colectivos de izquierda y se formó en el pensamiento anarquista y marxista. El contacto con anarquistas del exilio español marcó su vida con dos principios rectores: autogestión y apoyo mutuo, pilares del Alicia y de la cooperativa que lo sostiene.

En 1995 trabajaba en el Toreo de Cuatro Caminos produciendo conciertos. Cansado de la falta de espacios para culturas alternativas, decidió abrir uno propio. Sin “peluche ni terciopelo”, el proyecto tardó en encontrar público. A los dos meses sus socios se habían ido; él mismo pensó en tirar la toalla, pero un contrato de arrendamiento anual y un familiar como fiador lo obligaron a resistir. Tal vez desde entonces cayó la maldición o bendición: al Alicia no se le deja, el Alicia te atrapa.

El nombre surgió de una coincidencia. Mientras leía a la pensadora italiana Maria Antonietta Macciocchi sobre las comunas de Bolonia en el 77 y el proyecto Radio Alicia, en la televisión de la fonda donde comía pasaban Alicia en el país de las maravillas. El cruce fue revelador. Después vendría la metáfora de los dos conejos: uno sale cada noche a escuchar nuevas propuestas musicales; el otro identifica al sujeto social que habita la noche. Así, durante tres décadas, el Alicia ha renovado públicos sin traicionar su espíritu.

El aniversario 30 se celebró como debe ser

El sábado 21 de febrero, en Eligio Ancona 145, colonia Santa María la Ribera, sede actual del foro (antigua iglesia, hoy convertida en santuario del ruido), unas 700 personas acudieron a la “Convocatoria para el destroy”. La noche abrió con Hermanas, proyecto encabezado por Alejandra Acosta, cuya propuesta atmosférica anunció que más que un concierto viviríamos un ritual. El público era transgeneracional: veinteañeros y mayores de sesenta compartían pista en un espacio ya inmortal.

Siguieron Teresa Cienfuegos y Las Cobras. Con temas como “Topilejo” y “Noche de suicidas”, el slam encendió la pista. El recinto, a reventar, se transformó en sauna humano: sudor condensado, cuerpos chocando, comunidad en combustión.

Luego apareció Siglo Vacío, comandada por Klaus Sour. Tres músicos jóvenes que sorprendieron por la claridad vocal y un sonido melancólico y oscuro. La marea humana nos empujó al frente: todo estaba listo para Belafonte Sensacional, banda que ha crecido sin abandonar la independencia. Siete ingenieros prepararon el escenario antes de su salida: síntoma inequívoco de su dimensión.

Arrancaron con “Lo hice por el punk” y la antigua iglesia saltó al unísono: Me dijeron no hay futuro / Me dijeron ponte chulo / Y deja ya de interrogar. La trompeta del Chobychobs aparecía como un tono angelical en medio de la lluvia de codazos que caían sobre mi cabeza.

El freno estaba metido a fondo siguiendo la voz de Israel, sus pasos de Cantinflas moderno y su playera que con letras rojas nos invitaba a seguir el DESTROY. Su voz chillona forjada a fuerza de vender en el tianguis (siempre salen a flote las raíces que nos han formado) combinaba perfecto con la iluminación de tonos rojos y azules que nos daba este recinto para lo impredecible.

El ritmo modificó los ánimos que comenzaron a preguntarse por la caída de la lluvia. Luego vino el disco Llamas, Llamas, Llamas y el “Todavía DF” y, cómo no, la tragedia infaltable: oye nene, te hace falta resistol / se ha acabado / la beca que te dio el estado / se ha acabado / tu vida como delicado / se ha acabado / la droga que te dio el estado / se ha acabado / tu vida como licenciado / oye nene / te hace falta resistol.

Llegó la esperada “Convocatoria para el destroy”: invocar a la federal sin miedo, nombrarnos muertos listos para quemar la ciudad. Catarsis colectiva: golpes, sudor, emociones intercambiadas. También “Suaves son los días”, popularizada junto a Julieta Venegas, y “Noche total”, con su sentencia: “La suerte es una especie de dios”. El cierre fue festivo: una versión vibrante de “El Zapato”, de Mike Laure, que confirmó que bailar es una forma de revolución.

El concierto terminó entre gratitud y euforia. Emilio Guerrero, Carlos Bergen, Enrique Álvarez “El Gober”, Pablo Mendía, Emmanuel García “Chobychobs”, Apacheoraspi e Israel Ramírez sostienen un proyecto ya legendario.

A la salida, Nacho vigilaba como al inicio. “Todo el año es aniversario”, respondió al preguntarle por los festejos. Treinta años después, el Multiforo Alicia sigue siendo un laboratorio de culturas subterráneas y movimientos aleatorios. Un imperdible de la ciudad. Larga vida al Alicia.

El Multiforo Alicia también es un espacio cultural

Además de sus conciertos semanales de viernes, sábado y domingo, los martes y miércoles hay talleres, conversatorios, presentaciones de libros y documentales y exposiciones de artes plásticas, pintura y foto. En 2023 cerró su sede en la colonia Roma y reabrió un año después en Santa María la Ribera.

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