Oso polar decapitado, una distopía en escena

Escrita por David Gaitán y dirigida por Martín Acosta, Oso polar decapitado estará en temporada hasta el 15 de marzo en el Teatro El Galeón.

Oso polar decapitado es una distopía. En un futuro distante, un planeta cubierto de hielo está por sucumbir y el oso del título camina por la superficie congelada buscando lo que perdió. En una instalación, hecha por la cúpula dominante ya criogenizada en espera de despertar tras la noche sin fin inminente, los humanos quieren salvarse de la helada al contratarse como programadores de androides a los que dotan de características como el humor y el miedo.

El sentido de lo humano es el hilo conductor de la puesta en escena, construida a partir de viñetas aisladas en una escenografía sencilla de paneles negros, donde la diferenciación entre humanos y robots se diluye cada vez más.

Tenía al menos seis años de haber visto una primera versión del texto de David Gaitán, cuenta el director Martín Acosta, cuando este se lo volvió a llevar. Se lo planteó como precuela de La velocidad del zoom del horizonte, obra que trabajaron en 2013 (con varias reposiciones desde entonces) y cuya trama, inspirada en Solaris de Stanislaw Lem, se ubica en un mundo en cataclismo donde unos disidentes son apresados y enviados a una estación espacial.

“Intuimos que esos disidentes surgen a partir de la separación entre ricos y pobres en el momento en el que hay que decidir quiénes van a sobrevivir”, dice Martín.

La estructura episódica de Oso polar decapitado es una propuesta del dramaturgo para que el director establezca el orden. Esta es la versión de Martín Acosta. “David siempre ofrece una serie de retos y decisiones que normalmente están en el terreno del dramaturgo, pero aquí uno las tiene que asumir –dice el director–. Es como un deporte de alto riesgo y a mí me estimula. Somos de diferente generación, pero que David haga esto me hace sentir en su territorio generacional y se lo agradezco”.

La trama de Oso polar decapitado

“Un oso decapitado debería estar muerto –dice Martín Acosta–, y aquí busca su cabeza”.

Es una cuestión mítica. La historia del oso la cuenta un narrador, interpretado por Pablo Chemor, autor de la música original que interpreta en vivo con un sintetizador e incluso un acordeón (“tenemos por un lado como a Pink Floyd, pero también un poquito a Tiger Lillies”. Cabaret distópico le llama Martín).

La historia del oso se revela poco a poco, de forma críptica, intercalada entre escenas. El director destaca la estructura dramática de Gaitán, quien no subestima al espectador; al contrario, lo reta con su sintaxis. “Crea escenas simples en conflicto, pero la narrativa del oso es avasalladora y emocionante”.

Un elenco óptimo

En escena son tres actores: Verónica Bravo, el propio David Gaitán y Xóchitl Galindres. Se mueven en un espacio austero limitado por paneles negros (escenografía de Eva Aguiñaga) en los que, de repente, se abre un huequito en el que aparece una pantalla donde cada uno de los actores tiene su momento para hacer una especie de monólogo de tintes filosóficos.

“Dan ganas de declamar”, dice Martín. Y señala que habría que evitarlo porque buscó que los actores asumieran el tema, que la vida en la Tierra está a punto de terminar, con una verdad en un ámbito de lo probable. “No de lo posible porque lo posible te lleva a sobracentuar la teatralidad. Y esta probabilidad es un tono muy difícil. Es lo que me emociona de los textos de David: lograr que los actores no se descarrilen generando un melodrama exacerbado, sino al contrario, concretar las imágenes con nitidez”.

Para conseguirlo, empezaron a ensayar en octubre a pesar de la agenda ocupada de todos. Martín trabaja con la técnica de viewpoints desarrollada por Anne Bogart y que consiste en dotar a los actores de herramientas para entrenar la escucha, la presencia y la conexión grupal en el espacio-tiempo.

Con viewpoints generaron atmósferas enrarecidas, pero buscaron presentarlas con naturalidad, “como ir ecualizando lo gestual al tiempo que íbamos decantando el tono en lo textual también”.

El objetivo es sorprender al espectador: no hay un solo personaje y no es obvio cuándo hay un robot y cuándo un humano. Los tres actores juegan con esas posibilidades.

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El tema del final de la vida en la Tierra es apocalíptico. “En los años 90 me tocó la pandemia del VIH, y hace cinco años nos tocó la del coronavirus –dice Martín– y eso nos hace reconsiderar lo fugaz que puede ser la vida. Hay amenazas de todo tipo, que van de lo ecológico a lo político”.

Pone como ejemplo las rutas marítimas en el Polo Norte. “El Polo Norte debería seguir ahí y el hecho de saber que ya no está es gravísimo. Más un señor que quiere apropiarse de Groenlandia, siento que el teatro es un lugar para que esos miedos los tengamos en colectivo, y también pensemos positivamente. Y no damos respuestas, ojalá supiéramos qué hacer”.

Y aunque en la obra se usa “el artificio de la ciencia ficción porque nos permite repasar los lugares comunes sin pudor y sin vergüenza”, como se lee en el programa de mano, se trata de una ciencia ficción sin efectos especiales gigantes. “Al contrario, son sumamente sutiles, hasta diría un tanto conmovedores”.

Oso polar decapitado se presenta en el Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque, Reforma y Campo Marte. Jueves y viernes, 20:00 horas; sábados, 19:00 horas; domingos, 18:00 horas.

Oso polar decapitado

Lugar: Teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque, Reforma y Campo Marte

Fecha y hora: jueves y viernes, 20:00 horas; sábados, 19:00 horas; domingos, 18:00 horas

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