Miscelánea: "Tamal eso", vecinos en WhatsApp

Cuando la insigne directora de esta revista me informó que el tema del mes serían los tamales, me sentí derrotado: he comido pocos en mi vida y no me interesan particularmente.

En los chats de vecinos se concentran, con stickers y faltas de ortografía, buena parte de las miserias de la vida en sociedad. En mi edificio, por ejemplo, hay 20 departamentos y por lo menos ocho grupos de WhatsApp (seguramente existen varios a los que no fui invitado). Uno de ellos, formado por la facción mayoritaria de los condóminos, lleva en el nombre las siglas VIP.

Los VIP se unieron originalmente para contraatacar a los vecinos morosos que se dedican a abrir las puertas de la cochera a deshoras y a sabotear las asambleas de vecinos. Aunque surgió con motivos condominales, el grupo ya se usa para todo, desde anunciar electrodomésticos hasta hacer proselitismo por la agrupación conservadora “México Tiene Vida”.

Los mensajes recientes incluyen 18 fotografías de un refrigerador, seis imágenes de excremento y tres carteles de un movimiento de ultraderecha. Las imágenes escatológicas fueron explicadas así por una vecina: “Hoy por segunda vez esta semana hay excremento de perro en la azotea”. La discusión sobre las heces fecales fue larga y complicada. Como suele pasar, nunca supimos de quién era el perro, si es que no era un gato o un cacomixtle.

Los grupos pasan por largos periodos letárgicos, a veces tan duraderos que todo mundo se olvida de que existen y proceden a crear nuevos grupos con ligeras variaciones de integrantes. El grupo VIP tuvo su apogeo cuando el administrador instaló un desodorante ambiental en el elevador. Una vecina creyó que era una cámara y otra vecina perspicaz, al notar que la cajita de plástico no tenía lente, concluyó que era un micrófono: “¡Podemos quitarlo y evitar que nos espíen ya saben quienes!”. El administrador tardó como seis horas en aclarar lo siguiente: “Hola buena tarde, si [sic] es un aromatizante air wick se lo di a [el conserje] para que lo pusiera y aromatizara el elevador pero si quieren lo quito”. Su mensaje llegó demasiado tarde, porque alguien ya había arrancado el dispositivo sospechoso. Nunca supimos quién fue. 

Cuando Cristina Salmerón, la insigne directora de esta revista, me informó que el tema del mes serían los tamales, me sentí derrotado: he comido pocos tamales en mi vida y no me interesan particularmente. Le comenté que planeaba escribir sobre chats de vecinos y me dijo:

“Tengo una anécdota muy buena sobre chats de vecinos. Un vecino compartió por error un anuncio de mujeres sexies en línea. Su esposa también estaba en el chat. Y yo le puse este sticker: ”.

El sticker era una foto de tamales con la leyenda “Tamal eso”, lo cual permitió que esta entrega se integrara perfectamente con este número de Chilango. Guardé el sticker de los tamales que me compartió Cristina y estoy atento a la primera oportunidad para utilizarlo en alguno de mis ocho chats de vecinos. 

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