La electromovilidad al rescate de la calidad del aire

Por Gabriela de la Torre Ríos* Los chilangos se mueven a toda prisa, pero respiran lo que no ven: humos, partículas y gases que nos enferman poco a poco. Cada viaje en auto o camión a diésel deja su…

Por Gabriela de la Torre Ríos*

Los chilangos se mueven a toda prisa, pero respiran lo que no ven: humos, partículas y gases que nos enferman poco a poco. Cada viaje en auto o camión a diésel deja su huella en el aire, la salud y el futuro. Se siente cuando caminamos por una avenida saturada de tráfico: el ardor en los ojos y la garganta seca. 

En un mundo donde la desigualdad y la crisis climática crecen, dejar atrás los combustibles fósiles no es sólo una cuestión ambiental: es urgente por nuestra salud, nuestra economía y la ciudad que queremos.

La crisis climática tiene una causa concreta: los combustibles fósiles. El carbón, el gas y el petróleo producen gran parte de las emisiones que calientan el planeta y muchos de los contaminantes que respiramos. Esto afecta más a quienes menos tienen. Según Oxfam, “el 1% más rico del país contamina lo mismo que el 74% de la población más pobre”.

Desde las políticas de transporte y uso del dinero público, gran parte del gasto se destina a infraestructura para autos privados y no a soluciones eficientes, equitativas y limpias para quienes usan el transporte público.

Decidir implica dejar atrás los combustibles fósiles, no como una meta lejana, sino como un derecho: acceder a sistemas eficientes, interconectados y menos contaminantes. Reducir esta dependencia mejora la calidad de vida hoy y en los próximos años.

Menos humo, más futuro

El transporte es la fuente de emisiones que más rápido crece y uno de los principales responsables de la mala calidad del aire. La OMS estima que 9 de cada 10 personas respiran(mos) aire contaminado, y que está relacionado con enfermedades como asma, cáncer y problemas cardíacos.

Muchas ciudades han tomado decisiones clave: electrificando el transporte público, reorganizando la logística urbana y estableciendo zonas de bajas emisiones. Invertir en transporte público, renovar flotas con autobuses eléctricos, crear ciclovías o abrir calles peatonales, tiene un efecto inmediato. Cada decisión en favor de un transporte limpio y una mejor calidad del aire transforma la ciudad en un lugar más habitable.

Ciudades como Londres muestran que el cambio es posible. Su Ultra Low Emission Zone (ULEZ), y otras políticas de calidad del aire, no sólo reduce la contaminación y mejora la movilidad, también protege la salud de las personas y puede generar ahorros cercanos a 5,000 millones de libras en los próximos 30 años para el sistema de salud.

En América Latina tenemos alrededor de 9,289 autobuses eléctricos circulando en los sistemas de transporte público de 81 ciudades; CDMX, Estado de México, Guadalajara, Mérida y Monterrey están poniendo el ejemplo. Pero mientras el transporte público lidera el cambio, el de carga sigue siendo el gran pendiente: requiere transformar toda la lógica de cómo se mueven las mercancías en la ciudad.

Electromovilidad chilanga

La Red de Movilidad Integrada demuestra que cada vehículo electrificado es un paso hacia una ciudad limpia, silenciosa y eficiente. Hoy existen más de 200 autobuses eléctricos en la ciudad y más de 500 trolebuses.

El Metrobús es un ejemplo de eso. En 2019 empezó con un piloto que derivó en la electrificación total de su Línea 3, y hoy la flota sigue creciendo con más de 160 autobuses eléctricos en más del 80% de sus líneas. Las unidades no son ruidosas y pueden reducir hasta el 40% de la contaminación acústica, y la exposición a contaminantes de las personas usuarias y conductoras.

¿Qué sigue?

Toca avanzar con decisión y asumir cambios complejos, como delimitar zonas con alta actividad donde sólo circulen vehículos con mejor desempeño ambiental, como los eléctricos; o reorganizar la logística urbana para que los vehículos esenciales operen de manera más eficiente y combinar exigencias con apoyos, por ejemplo, incentivos financieros y programas para PYMES y transportistas, para que nadie quede fuera de la transición.

Las ciudades que avanzan muestran que es posible: los recursos generados al regular la circulación de vehículos particulares y de los que contaminan más, se pueden reinvertir en transporte público y modernización tecnológica. La CDMX tiene una oportunidad histórica: ser ejemplo para otras ciudades de América Latina y del mundo.

La transición al transporte eléctrico no es opcional; es la única manera de construir una ciudad donde valga la pena vivir, trabajar y crecer, y de marcar un camino que otras puedan seguir.

*Jefa de Vehículos Cero Emisiones para América Latina en C40 Cities. Gabriela es especialista en gobernanza urbana, movilidad sostenible, transporte y género

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