Abramos cancha: Oceanida, el cuarteto mexicano que remó más allá de los límites

Sin motor ni asistencia externa, cuatro mujeres cruzaron el Atlántico a remo durante 45 días de travesía continua

Cuando una mujer llega más lejos, no cruza sola, abre camino. Oceanida es prueba de eso, cuatro mexicanas que se atrevieron a remar hacia lo desconocido y regresaron con una historia capaz de ensanchar lo posible para muchas más.

Mientras sus remos aún dibujan ondas en el Atlántico que conquistaron, queda una invitación clara: atreverse a cruzar los propios océanos. Porque, muchas veces, la distancia más grande no está afuera, sino dentro de nosotras mismas.

Hay momentos que reconfiguran la manera en que entendemos la resistencia. No son gestos aislados ni cifras frías, sino la suma de cuerpo, mente y corazón empujando en la misma dirección. Eso fue lo que logró Oceánida, el equipo mexicano integrado por Eugenia Méndez, Lucila Muriel, Ana Lucía Valencia y Andrea Gutiérrez, al convertirse en el primer equipo femenino latinoamericano en cruzar el océano Atlántico completamente a remo.

La travesía comenzó el 12 de diciembre de 2025, desde La Gomera, en las Islas Canarias. Sin motor. Sin asistencia externa. Sólo remos, fuerza humana y un propósito claro. Durante 45 días, 1 hora y 35 minutos, navegaron más de 4,800 kilómetros de mar abierto, enfrentando cansancio extremo, clima impredecible y pruebas físicas y mentales brutales. El tipo de soledad que sólo existe cuando el horizonte no cambia y el cuerpo aprende a resistir.

No fue una carrera de velocidad ni un momento épico de un solo día. Fue una prueba de constancia. Cada palada, cada amanecer en alta mar, cada guardia nocturna y cada ampolla en las manos se convirtieron en símbolos de una determinación que rara vez se cuenta en primera persona. Porque esta historia no trata sólo de llegar, sino de mantenerse, de seguir cuando el cuerpo pide tregua y la mente busca rendirse.

Al tocar tierra en Antigua y Barbuda, en el Caribe, los aplausos y las banderas confirmaron algo más profundo: lo que parecía imposible era, en realidad, una meta construida con disciplina, confianza y coraje compartido.

Oceanida no sólo marcó un hito deportivo. Dejó una huella simbólica para niñas y mujeres que pocas veces se ven representadas en espacios de aventura, exploración extrema o alta exigencia física. Su travesía demostró que la resistencia, la disciplina y el coraje también se escriben en femenino, y que el mar puede ser una metáfora del trayecto personal: profundo, incierto, desafiante y transformador.

Lo que lograron va más allá de cruzar un océano. Construyeron un relato de sororidad frente a lo impredecible, de colaboración en la adversidad y de voluntad sostenida en el tiempo. En cada kilómetro llevaron consigo dos causas claras: el cuidado de nuestros océanos y la convicción de que más mujeres pueden —y deben— ampliar los límites de lo posible.

¡Abramos cancha!

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