Por Juan Gómez
Desde hace casi un año, un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lleva a cabo una sabrosa protesta: los lunes se abastecen de insumos, los martes cocinan y los miércoles sirven a decenas de sus compañeros como parte de una lucha por la dignidad alimentaria.
Alondra González, Daniela Martínez, Lucía Garay, Karla Sanchez, Laura Gómez y otras personas solidarias integran la Ollita Autogestiva de Trabajo Social, una iniciativa que nace en respuesta al complejo panorama que implica comer en la universidad.
Las ollas comunitarias surgieron con fuerza el año pasado como una protesta económica ante la falta de opciones de alimentación para la comunidad estudiantil, la cual suele comer a contrarreloj y en muchas ocasiones debe elegir entre comer bien o pagar sus pasajes.
Lucía apunta que una gran parte de sus compañeros (incluida ella) hacen hasta dos horas de trayecto para acudir a clases. “Muchos venimos de periferias, del Estado de México; si es de la ciudad, de Iztapalapa. No venimos de lugares céntricos”, detalla sobre la carga económica y de tiempo que significa la movilidad, la cual impacta en la forma de comer.
El 21 de abril de 2025 el grupo de amigas preparó con sus propios recursos su primera ollita comunitaria. Ese día ofrecieron un menú sencillo, pero llenador: sopa fría, tinga de zanahoria, pastor vegano, gelatina y agua de jamaica.
Desde entonces, los menús han incluido arroz, tostadas de tinga, maqluba palestina, chilaquiles, spaghetti, soya, carne molida, lentejas, papas con chorizo, tacos veganos y aguas de frutas.
A casi un año de haber iniciado, la ollita es ya en un referente de la lucha estudiantil que incluso ha traspasado los salones, que ha salido a las calles a acompañar a familias buscadoras de desaparecidos, a personas en hospitales y a infancias vulnerables de Xochimilco. Es Trabajo Social en práctica.

Ollita comunitaria: amigas que cocinan y se organizan
Diez meses después de la primera olla popular, las estudiantes siguen alimentando a sus compañeros y compañeras, con una variada oferta de platillos para la que piden que los comensales lleven su propio tupper y una cooperación voluntaria.
La olla también colabora con Visibilizando Voces, una asociación que las apoya desde el año pasado en recolecciones de insumos en la Central de Abastos. La organización se enfoca en evitar el desperdicio de alimentos y ofrecerlos en comedores comunitarios a bajo costo.
“Nuestras clases son de 07:00 a 13:00. Los maestros a veces nos dejan salir antes. Karly es la encargada de las aguas, que le quedan muy bien; Lucy se encarga de cocinar; Dani también se pone a picar, a lavar, bajar las cosas; Laura también cocina; entonces todas vamos aportando”, explica Alondra sobre la rutina de cada miércoles. La estudiante aprovecha la oportunidad para reconocer el respaldo de sus mamás, quienes han apoyado con platillos y donativos.
El esfuerzo no se queda en las instalaciones educativas, sino que lo han llevado hacia afuera, en el acompañamiento de causas sociales.
Hace poco acompañaron una jornada de pega de fichas con familias buscadoras de la CDMX y de Veracruz, en esa ocasión prepararon comida para alimentar a las familias. Mientras que una edición de la olla popular en septiembre la dedicaron a la memoria de personas desaparecidas e invitaron a integrantes del colectivo Luciérnagas.
Finalmente, a inicios de año, se aliaron con la colectiva feminista Corazones Negros, con quienes llevaron ropa, dulces, juguetes y almuerzos para infancias en contextos vulnerables de Xochimilco. Una jornada de 6 de enero en la que las integrantes de la Ollita se convirtieron en reinas magas con capuchas.
Con una mesa de plástico, platos reutilizables, cazuelas, cucharones y el apoyo de la comunidad a la que nutre, este grupo de universitarias ha demostrado la importancia de organizarse, forjar comunidad e incidir para lograr cambios en su entorno. Conoce más sobre su trabajo en su Instagram (@ollitacomunitariaautogestivats).
