Congestión vial, clima extremo y movilidad sustentable aparecen entre los principales desafíos para las sedes mexicanas
En menos de un mes, tres sedes mexicanas mundialistas (CDMX, Jalisco y Monterrey) no sólo tendrán el reto de recibir a miles de turistas y organizar partidos de futbol. También enfrentarán presión sobre sistemas de transporte, espacio público e infraestructura urbana en ciudades que ya cargan problemas de congestión, contaminación y calor extremo.
Tan sólo en el caso de la capital, el Índice Global de Tráfico de TomTom la colocó en el tercer lugar de las ciudades con mayores tiempos de traslado vehicular del mundo, con conductores que pierden 108 horas al año atrapados en congestionamientos.
Para Kevin Austin, subdirector ejecutivo de C40 Cities, el verdadero desafío será aprovechar el Mundial para acelerar soluciones urbanas que las ciudades ya necesitan desde hace años.
“Los megaeventos funcionan mejor cuando aceleran prioridades urbanas de largo plazo que las ciudades ya necesitan alcanzar”, explicó en entrevista con Chilango Diario.
Austin considera que las inversiones que se hicieron de cara a la Copa del Mundo pueden fortalecer el transporte público, ampliar infraestructura ciclista y mejorar el espacio público mucho después de terminado el torneo.
El reto de mover a millones
La movilidad aparece como uno de los temas más sensibles rumbo al torneo. La Ciudad de México moviliza diariamente a millones de personas mediante Metro, Metrobús, RTP y trolebuses, mientras Guadalajara y Monterrey continúan ampliando sus redes de transporte.
“El transporte público tendrá que ser la columna vertebral de la movilidad durante el torneo, pero ninguna medida por sí sola puede resolver la congestión”, advirtió Austin.
Por eso considera que las ciudades deberán combinar transporte masivo, infraestructura peatonal, ciclovías y estrategias para disminuir la dependencia del automóvil.
En la capital mexicana, varias de las obras en marcha apuntan precisamente hacia esa lógica. Austin destacó la renovación de la Línea 2 del Metro, la conexión con el Tren Ligero hacia la zona del estadio y la expansión de infraestructura ciclista como la Ciclovía Tlalpan, un corredor de 34 kilómetros que conecta el Centro Histórico con el sur de la ciudad.
“Cada mejora en eficiencia, conectividad y resiliencia del transporte fortalece la capacidad de la ciudad para mover personas de manera sustentable a largo plazo”, aseguró.
En Guadalajara, el especialista destacó el modelo de movilidad integrada que conecta trenes, autobuses y bicicletas mediante sistemas de pago unificado. Mientras tanto, Monterrey avanza con la estrategia “Muevo León”, que incluye la expansión de una de las flotas de autobuses eléctricos y de bajas emisiones más grandes de la región.
El calor también jugará el Mundial
Además de la movilidad, las sedes mexicanas deberán enfrentar otro desafío: las altas temperaturas y los efectos de la crisis climática.

Monterrey todavía arrastra los efectos de la crisis hídrica de 2022, mientras que la Ciudad de México vivió durante 2024 una de las temporadas de calor más intensas de los últimos años.
“El calor extremo ya está afectando la manera en que las personas se mueven por las ciudades, cómo operan los sistemas de transporte público y qué tan seguro es reunirse en espacios públicos”, alertó.
Por ello, Austin considera que las ciudades deberán invertir en espacios con sombra, acceso al agua e infraestructura urbana más resistente a eventos climáticos extremos.
También aseguró que “la acción climática no está separada de la política social; cada vez es más central para mejorar la salud pública, las oportunidades económicas y el acceso a servicios esenciales”.
Más allá de los partidos, el Mundial también se perfila como una prueba sobre qué tan capaces serán las ciudades mexicanas de transformar inversiones temporales en mejoras permanentes para quienes las habitan todos los días.