Por Aline Suárez del Real Islas
En Garibaldi, por una vez, los mariachis no fueron quienes llevaron la voz cantante. Este jueves, los sones tradicionales quedaron en segundo plano frente a los cánticos, las porras y los gritos de cientos de aficionados que convirtieron la emblemática plaza en una auténtica cancha al aire libre.
El Fan Fest instalado en uno de los sitios más icónicos de la CDMX se estrenó como punto de reunión mundialista y desde temprano comenzó a latir al ritmo de “¡México, México!”.
Todavía faltaba más de una hora para que arrancara la ceremonia inaugural en el Estadio Banorte (o Estadio Ciudad de México el tiempo que dure el Mundial), pero en Garibaldi el partido ya se estaba jugando desde las tribunas improvisadas.
A las 10:00 de la mañana, la pantalla gigante colocada frente al famoso restaurante Tenampa reunía miradas expectantes mientras el ambiente pambolero se apoderaba de la plaza. Entre playeras verdes, banderas y el inconfundible ánimo chilango, la cuenta regresiva para el debut de México ante Sudáfrica ya se vivía como si el balón estuviera rodando.
A pesar del intenso sol, familias enteras llegaron al lugar, la gran mayoría portando el jersey verde. Otros tantos con penachos, sombreros de mariachi, coronas de listones al estilo de las muñecas Lele, así como banderas de todos los tamaños, sin faltar las matracas, las trompetas y por supuesto todo tipo de percusiones para acompañar las porras.
La fiesta estuvo resguardada por el operativo y logística a cargo de Daphne Cuevas, encargada del festival futbolero por parte del gobierno capitalino. “Esta plaza que típicamente ha sido machista, hoy es un espacio seguro para las mujeres y queremos que lo disfruten todos y todas”, dijo a Chilango Diario.

Entre mariachis y goles, Garibaldi celebró al Tri
Además de los centros de apoyo médico, el Fan Fest en Garibaldi contó con puntos seguros para mujeres, sitios de hidratación, centros de difusión del programa “Juego Limpio” e incluso un espacio exclusivo para niñas y niños con préstamo de carriolas, lactario y cambiador de pañales.
Conforme se acercaba el momento de la inauguración, la gente llenaba no solamente la plaza sino los restaurantes que la rodean y el interior del mercado de comida San Camilito. Entre el “Cielito Lindo”, olas futboleras y gritos de “¡México, México! que acrecentaron cuando arrancó el show inaugural, la gente cantó junto a Maná y bailó con Shakira y Dany Ocean.
Luego llegó el momento de entonar el Himno Nacional y los gritos eufóricos estallaron junto con las bengalas color verde que asomaron al primer pitazo del partido. “Venimos de aquí cerca pero no quisimos quedarnos en la casa”, contó la señora Karla, quien asistió con toda su familia a Garibaldi para vivir el ambiente, “¡se pone bueno!”.
JR y John, dos estadounidenses que lucían la playera del Tri, se sumaban a la fiesta: “Nos encanta México. Qué mejor lugar que Garibaldi para ver el partido”.
El clímax de la euforia futbolista llegó cuando Julián Quiñones anotó el primer gol. Los gritos, los abrazos y hasta un retumbar del petardo de papeles de colores proveniente del Tenampa coronaron la celebración.
Durante el primer tiempo los protagonistas de la fiesta fueron los mariachis —en Garibaldi no podría ser de otra forma—, y un nutrido grupo de personas que iniciaron una cascarita.
La segunda anotación de Raúl Jiménez repitió la escena de algarabía al grito de “!goooooool!”, y aunque la expulsión de César Montes bajó los ánimos un poco, la fiesta siguió hasta después de concluido el partido.

“La fiesta es para todas y todos”
Daphne Cuevas extendió la invitación a toda la ciudadanía para asistir a la plaza Garibaldi a presenciar el resto de los partidos de México: “La fiesta es para todas y todos y queremos que lo disfruten”.
Y aunque el silbatazo final marcó el cierre del partido, en Garibaldi la fiesta tardó en apagarse. Entre canciones, abrazos y conversaciones sobre el triunfo, la gente comenzó a desalojar la plaza con la ilusión intacta. “Soñé que esta vez llegábamos a la final”, confesó Denisse Mejía mientras cargaba a su bebé, ambos enfundados en la playera verde y contagiados por la emoción colectiva que se respiró durante toda la jornada.
La cuna del mariachi se convirtió en un punto de encuentro para familias, turistas y aficionados de todas las edades, entre música, pasión y comunidad. Si algo quedó claro tras el debut del Tri, es que durante las próximas semanas este rincón emblemático de la capital seguirá siendo escenario de una fiesta que apenas comienza.