Por Bryan Rivera
Es jueves 11 de junio y la Selección Mexicana está a 20 minutos de lograr un triunfo en su debut frente a Sudáfrica, en el partido inaugural de la Copa del Mundo.
Docenas de personas, con playeras hegemónicamente verdes, cantan y golpean con los puños las mesas de un colorido bar en Zona Rosa, cimbrando los tarros de cerveza que tardan más en llenarse que vaciarse.
Más cerca del Ángel, las taquerías son un caldo de desesperados e improvisados aficionados que dejan de pedir conforme se acerca el marcador final, algunos acelerando la cuenta para salir disparados cuando pite el brasileño Wilton Sampaio.
La misma algarabía se observa en el Centro Histórico, donde masas de mexicanos, turistas y extranjeros radicados en el país se concentran en el Fan Fest, cuya apertura estaba en vilo días antes por el campamento de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Las calles del Centro Histórico cambiaron de protagonistas
Días antes, las protestas y movilizaciones del magisterio habían generado fuertes afectaciones, principalmente económicas y de movilidad, en el corazón de la ciudad.
Los cierres viales, el amurallamiento de calles y los plantones en el Zócalo y hasta Paseo de la Reforma habían provocado pérdidas millonarias, cierres temporales de negocios y un completo caos en el primer cuadro de la capital.
Una vez que el balón comenzó a rodar, y los maestros no tuvieron más remedio que retirarse del Centro Histórico, este punto y sus alrededores comienzan a recuperarse con el impulso de la máxima fiesta futbolera en el mundo.
El comercio formal no es el único que registra ventas. El ambulantaje se desborda sobre Tacuba hasta el cruce con Isabel la Católica, tramo donde los fanáticos caminan por las banquetas con más holgadez, entrando principalmente a los restaurantes y las fondas o caminando hacia el Zócalo.
Cosa rara, esta vez a los turistas no se les distingue por la piel, sino por esas playeras que dan una genérica pero necesaria identidad; un “yo soy de aquí (de Colombia, de Corea o Croacia, según el equipo), o al menos intento serlo”.
Un respiro para los negocios del Centro Histórico
Las terrazas que rodean al Zócalo están ligeramente llenas de aficionados que, para llegar, tuvieron que cruzar de lleno el enredo comercial de los negocios de plata por donde se llega a esa parte superior.
Y es en ese umbral comercial donde una mujer de tez morena anuncia con una imponente voz, casi grito, el menú con chilaquiles y micheladas del piso de arriba.
Aprovecho que ha dejado de gritar y le preguntó —como quien lo hace de forma casual, fingiendo cierto desinterés— cómo va la venta con los extranjeros. “Ahí va”, responde tajante, como si poco valiera el grupo de colombianos que acaba de entrar rumbo a la terraza, o más bien como si no tuviera ánimo de perder el tiempo con un intruso que husmea donde no le importa.
En cambio, para los guías turísticos, la situación va de menos a más. Junto a la entrada lateral al Fan Fest, uno de ellos me dice que los viajes poco a poco salen, luego de una semana baja por el plantón de la CNTE que estuvo a unas calles.
Ya dentro de la explanada del Zócalo, son más quienes evitan comprar alguna cerveza o refresco o comida en los locales fijos, ya sea por el precio o porque prefieren irse a un restaurante o bar cuando salgan.
Recuperación moderada
Al menos en la CDMX, el comercio no avanza al ritmo de las hiperbólicas cifras con las que se auguró un evento mundial sin precedentes, pero ahí va.
Se habló de grandes cantidades, números que daban la impresión de echar a andar cualquier economía. El gobierno capitalino apuntó a cinco millones de turistas.
“Esas cifras se han ido modificando y vemos una realidad diversa”, precisa Jack Sourasky Olmos, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) en la capital.
Las condiciones climáticas y, por supuesto, las protestas magisteriales hicieron que el dinero en los bares y restaurantes fluyera lentamente.
“Fue una semana un poquito más complicada en cuanto a foros y consumos en restaurantes, pero bueno… hemos notado una segunda semana mucho más optimista dentro de la industria donde se ve una recuperación y se ve un poco más de afluencia y aforo en restaurantes y bares de la Ciudad de México”.
El flujo de turistas extranjeros y nacionales en restaurantes, bares o cantinas, disfrutando algún partido del Mundial, se ha concentrado principalmente en Roma, Condesa, Polanco, Centro Histórico y Coyoacán.
Jack Sourasky precisa que los ingresos en restaurantes, bares y cantinas se concentran en las zonas cercanas a los 18 festivales futboleros de la capital; principalmente, en los alrededores del Zócalo, del Ángel de la Independencia y de Campo Marte.
Para la Canirac, el impacto económico del Mundial “se va a ir construyendo a lo largo de varias semanas”, en parte, del progreso de la Selección Mexicana a partir de la primera ronda eliminatoria (los dieciseisavos de final).
El verdadero partido: que vuelvan
Motivos para consumir no faltan en una ciudad diseñada para ello. La CDMX ha sido reconocida como el tercer mejor destino gastronómico del mundo en 2026 y forma parte de un país cuya cocina tradicional es considerada por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Un legado culinario tan sólido que hoy también atrae el reconocimiento de las estrellas Michelin. Fuera de una baja o alta derrama económica, el Mundial es un parteaguas para esta ciudad que recibe a 15.5 millones de turistas al año.
“Ojalá que nos convirtamos no sólo en un destino más, sino en un clásico. No en un lugar de moda, sino en un lugar atemporal en donde en un par de años podamos ver más de 30 millones de visitantes al año”, subraya Jack Sourasky.
“Tacos, tacos”, responde un coreano en voz alta, bajo una ligera lluvia, cuando le pregunto sobre su comida mexicana favorita en el Fan Fest del Zócalo. En cambio, a una pareja australiana le gustan las enchiladas.
Pero hay algo más que se alinea a sus gustos: el ardiente sabor de una ciudad que vibra de gente, gastronomía y futbol.