La mayor fiesta deportiva que ocurre cada cuatro años no habita únicamente en los estadios, vive en la memoria de quienes coleccionan momentos. Antes del primer silbatazo, el partido ya comenzó en las manos de miles de aficionados con sus álbumes del Mundial.
Es así como en el corazón de la CDMX se esconde un tesoro invaluable, una colección monumental de álbumes del Mundial que Izrael Bretón ha resguardado desde 1990 y cuya colección sigue creciendo.
El origen de un pasatiempo: entre heladerías y recuerdos de infancia
La aventura inició en una tienda de helados en 1990 cuando Izrael compró el álbum de Italia, el cual no sólo fue su puerta de entrada al coleccionismo, sino el primer contacto con el profesionalismo de las estampas autoadheribles.
“A mí lo que más me llamó la atención en esa época fue Marco van Basten, el delantero holandés que para mí era el mejor de toda Europa. Yo seguía a su equipo, el Milan, donde jugaban tres holandeses y él era la estrella. Su presencia como jugador fue lo que más me motivó a comprar el álbum del Mundial y empezar a coleccionarlo. Como lamentablemente México no participó en esa edición, tuvieron que buscar a una figura internacional” recuerda Izrael en entrevista con Chilango.
En ese entonces, el establecimiento no solo vendía paletas, sino que fungía como el distribuidor oficial de los cuadernillos de Italia. Aquella edición marcó un antes y un después en el mercado mexicano gracias a la introducción de la tecnología autoadhesiva, dejando atrás los años en que los niños debían utilizar pegamento líquido o lápiz adhesivo para fijar a sus ídolos en las casillas correspondientes.
Además, la estandarización de las fotografías, las poses uniformes de los jugadores y la inclusión de datos informativos en seis idiomas otorgaron un carácter profesional que jamás se había visto en las producciones previas de 1982 o 1986.
¿Cuál es el mayor tesoro de Izrael?
La respuesta es fácil, el álbum de México 1970, la primera edición de Panini que luce en portada el mapa de la República y el escudo nacional. “Conseguí un ejemplar incompleto y después busqué las piezas faltantes en sitios de internet. Fue una tarea de hormiguita; tardé alrededor de ocho años en completarlo”, relata Izrael.
Para manipularlo, Izrael utiliza guantes que evitan el desgaste del papel. Aunque actualmente logra completar una edición reciente en apenas tres días, nada sustituye la satisfacción de haberlo llenado estampa por estampa.
El valor de las piezas en los álbumes del Mundial
Para los coleccionistas de cepa, el valor de un ejemplar no reside únicamente en su costo económico, sino en las vivencias que resguarda. Un claro ejemplo son los ejemplares que cuentan con firmas auténticas de los protagonistas, obtenidas en eventos de convivencia organizados décadas después.
Aunque algunos puristas del mercado aseguran que una firma puede alterar el valor original de reventa, el verdadero amante de las estampas atesora estos objetos como fragmentos invaluables de su propia biografía.
Con el regreso de la escuadra tricolor a la máxima competencia en 1994, la fiebre por los álbumes del Mundial se multiplicó en el territorio nacional. Los canales de distribución mantuvieron la alianza con las neverías, pero esta vez la portada lucía orgullosamente a un ídolo local: el delantero Luis Roberto Alves “Zague”.
“Hubo gente que me decía, ‘No, tu álbum ya perdió valor’. Bueno, pues en realidad nunca he visto los álbumes de mi colección con la finalidad de que los voy a vender o que están de paso y que algún día me voy a deshacer de ellos, la verdad es que no. Se ha mantenido la colección”, detalla Izrael sobre su álbum de 1994 autografiado por Zague.
Rarezas y errores de impresión en la edición mexicana
La edición de 1994 que también se encuentra en la colección de álbumes del Mundial de Izrael es especialmente famosa en los círculos especializados debido a las diferencias entre el tiraje distribuido en México y el resto del mundo:
- El caso de Carlos Hermosillo: Mientras que todos los jugadores internacionales posaban de frente, el cromo del delantero mexicano aparecía de perfil.
- La sustitución de David Patiño: En los cuadernillos internacionales, el espacio correspondía a Patiño; sin embargo, en la versión local se logró sustituir la imagen a tiempo, convirtiéndola en una pieza de colección sumamente codiciada en el extranjero.
- Jugadores que no asistieron: Figuras como Miguel Herrera o Miguel España aparecieron en el tiraje inicial impreso, a pesar de quedar fuera de la convocatoria final de la selección, un fenómeno común debido a los tiempos de producción de la editorial.
Del rincón de Bellas Artes al auge de los intercambios masivos
En las primeras etapas del coleccionismo en el país, completar un cuadernillo requería de paciencia extrema y redes familiares muy sólidas. Ante la falta de plataformas digitales o redes sociales, el apoyo de tíos, primos y amigos de la escuela resultaba fundamental para intercambiar las piezas repetidas.
“Una cosa que también ha ido cambiando es la complejidad con los cambios. Era muy complicado en estas épocas encontrar a alguien que pudiera cambiar el álbum. Pero a mí el que me ayudó en ese entonces fue mi tío porque me dio sus estampas repetidas” explica Izrael.
El mito de las estampas imposibles
Panini implementó un sistema para solicitar estampas y completar el álbum. Consistía en recortar los cupones de los sobres y se enviaban por correo postal para solicitar los últimos números faltantes. Posteriormente, te llegaban las estampas solicitadas por el mismo medio.
Actualmente no existen las estampas complicadas, de acuerdo con Izrael, la verdadera dificultad radica en el mercado secundario, donde los aficionados se quedaban con las de las leyendas como Maradona, Lionel Messi o Cristiano Ronaldo, encareciendo su valor por pura oferta y demanda, a pesar de que el tiraje de impresión era exactamente el mismo para todos los futbolistas.
@mundializra Cuanto han costado los sobres para el #AlbumPanini en México #Panini #WorldCup2026 ♬ original sound – mundializra
Entre sobres abiertos, Izrael Bretón demuestra que el futbol no termina en el estadio. Su colección de más de 130 versiones de álbumes es la constancia de quien no se rinde ante una casilla vacía y cuya pasión se desborda más allá de la cancha.