#JuevesDeLeyendas: La muñeca diabólica que el gobierno quiere que conozcas

¡A un lado, Annabelle! 😈

muñeca diabólica en la cdmx
Foto: www.gob.mx

Si crees que la historia de Annabelle es algo de Hollywood, prepárate porque los mexicanos tenemos nuestra propia muñeca diabólica en la CDMX y su historia se remonta al Virreinato de la Nueva España.

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Un amor prohibido y un pacto con el diablo son parte, junto con esta muñeca, del fondo de la Inquisición que resguarda el Archivo General de la Nación. Uno de los delitos más sancionados por el Tribunal del Santo Oficio era precisamente la herejía y la brujería, delitos de los cuales fue acusado el fray Francisco Xavier Palacios, un monje corista que perteneció a la orden de los dominicos.

En este #JuevesDeLeyendas te contamos esta historia, localizada en el expediente 22 del volumen 1284.

La leyenda de la muñeca diabólica en la CDMX empezó con un amor prohibido

La historia comenzó en 1782, cuando el joven fraile de 18 años se auto denunció ante el comisario de la Inquisición de la ciudad de Oaxaca por haber realizado un pacto con el “príncipe de las tinieblas” y otros actos contra la fe. La causa: el amor profesado hacia una mujer, pues ella le aseguró que así lo querría más.

Todo comenzó cuando, a sus 15 o 16 años, se enamoró de una mujer llamada Josefa Sosa, de alrededor de 30, quien le pidió profesara como religioso para poder, así, sostener una relación ilícita. Él hizo lo que ella le pidió, pero, después de unos años, se hartó de la vida monástica, por lo que pretendía librarse de su hábito para vivir con la mujer amada.

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Sin embargo, Josefa le advirtió que si lo hacía, ella “buscaría a otro a quien querer”, lo que le orilló a intentar suicidarse en dos ocasiones. Sintiéndose desgraciado ante esta encrucijada, Palacios invocó al demonio dentro de su celda y en el locutorio, prometiendo sumisión y obediencia a cambio de que le fueran cumplidos sus deseos.

Francisco adoraba al demonio a través de la muñeca diabólica en la CDMX

Según su relato, el 1 de agosto de 1780 lo visitó un hombre de 21 años y ojos azules, semblante áspero y de aspecto melancólico, vestido con capa negra y birrete blanco, quien se presentó ante el portero como pariente de Francisco. Al encontrarse con el fraile, éste lo abrazó con gran efusividad, diciendo: “he venido a que cumplas lo que me prometiste”.

Francisco le respondió que no sabía quién era y nunca lo había visto. Entonces el hombre dijo “Soy aquel a quien has llamado en tu celda y en el locutorio”. Inmediatamente, Palacios entendió que se trataba del demonio mismo y acordaron verse de nuevo al día siguiente, en el mismo lugar a las 15:30.

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En su segundo encuentro, el demonio le dio un papelito con unos polvos y le dio instrucciones de echarlos sobre las puertas cerradas para que estas se abrieran, al igual que a las mujeres deseadas para que lo amaran instantáneamente. Además, el demonio le prometió que dentro de tres años lo sacaría de la religión.

Por último, el Diablo le dijo a Francisco que debía pedirle a una de las mujeres que le hiciera una muñeca de trapo, la cual debería colocar en su celda para adorarlo y esconderla para que nadie lo supiera. Fue así como Francisco le solicitó la muñeca a su querida Josefa bajo el argumento de que con ella la sentía cerca, dentro del convento. Ella cumplió su petición y añadió una nota que decía: “Te mando con lo que has de jugar aunque yo no quisiera que jugaras con eso, sino conmigo cielo de mi vida”.

Antes de irse, el misterioso hombre hizo firmar a Francisco un pacto de sangre; el religioso fue a su celda, tomó una navaja, se cortó el pulgar izquierdo y con una pluma escribió sobre un papel: “Yo, Francisco Xavier Palacios, hago donación de mi alma al Príncipe de las Tinieblas en su posesión de que me hace cumplir lo que le he pedido. Yo no reconozco a otro Dios sino a él”.

santo oficio pacto con el diablo
Foto: Expediente 22 del volumen 1284 del fondo inquisición

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La muñeca diabólica en la CDMX no fue la única razón por la que intervino la Santa Inquisición

El fraile asegura que desde esa noche no volvió a ver al demonio. Además, aseguró que gracias a los polvos que este le había dado, pudo salir y entrar en el convento sin contratiempos y atrajo a varias mujeres, con quienes pasaba algunas noches para regresar, antes de la salida del sol.

Las blasfemias de Francisco llegaron al sacramento de la comunión, durante el cual se sacaba la ostia de la boca para ofenderla y tirarla. Llegó incluso a discutir con sus compañeros sobre algunos dogmas de fe, diciéndoles que el infierno era puro cuento, pues no existía y las almas “pasaban de un cuerpo a otro”.

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Esas fueron las declaraciones de Francisco Xavier Palacios ante el comisario del Santo Oficio de Oaxaca, Ramón Pérez, quien reunió el expediente con los polvos, la muñeca y unas cartas de amor, las cuales envió a la Santa Inquisición. Sin embargo, los inquisidores dudaron de su versión y consideraron que todo lo inventaba para librarse de la vida monástica.

A pesar de que posteriormente Francisco dijo que todo había estado en su imaginación por estar “ciegamente enamorado”, hay quienes aseguran que estas se obtuvieron a través de la tortura y en realidad su pacto fue real, pero su confesión y arrepentimiento hicieron que el diablo lo abandonara.

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Conoce a la muñeca diabólica en la CDMX

 

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El castigo impuesto a Francisco por parte del Tribunal del Santo Oficio, fue permanecer en reclusión dentro de las cárceles secretas de la Inquisición, no por haber “pactado con el demonio” sino por apóstata.

Gracias al Archivo General de la Nación, así como a su labor de preservación y difusión, hoy sabemos de la historia de Josefa y Francisco. Lo mejor es que puedes acudir al Archivo General de la Nación donde se realizan visitas guiadas para ver a esta famosa muñeca diabólica en la CDMX y conocer otras anécdotas curiosas de la historia de México.

Si quieres agendar tu visita, dale click aquí. Para llegar puedes utilizar la Línea 1 del Metro y bajarte en la estación San Lázaro o tomar la Línea 4 del Metrobús y bajarte en la estación Archivo General de la Nación.

Dónde: Archivo General de la Nación (Eduardo Molina 113, Col. Ampliación Penitenciaria)
Cuándo: lunes a viernes de 09:00 a 17:00 y sábados de 10:00 a 16:00
Cuánto: entrada libre

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