Hollywood material: leyendas mexicanas que se podrían llevar al cine

Si La Llorona lo logró, ¿por qué estas no?

Esta Semana Santa se estrena en cines La Maldición de La Llorona, adaptación de quizá la más famosa de las leyendas mexicanas, cuyo grito insignia (“¡Ay, mis hijos!”) ha erizado el cabello a generaciones enteras.

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Si la película está buena o no, eso ya queda a criterio de los que acudan a verla; pero en este contexto, nos pusimos a reflexionar y concluimos que México cuenta con un montón de leyendas escalofriante que bien podrían ser adaptadas pronto a los cines (pst, pst, productoras, pónganse la pila aquí).

Por esta razón, acá les enlistamos a nuestras candidatas a tener su propia cinta; quien quita y hasta se arma un MCTU (Mexican Cinematic Terror Universe) de puras leyendas mexicanas.

Los nahuales. La transfiguración animal no es un tema nuevo en el cine de terror: básicamente todas las cintas que involucran licántropos (y algunas de vampiros con poderes de transformación) abordan esta temática.

En el caso de los nahuales, se trata de brujos y chamanes con poderes de metamorfosearse en su animal espiritual (coyotes, cenzontles, jaguares y gavilanes), animales de quienes también heredan capacidades sobrehumanas de la vista, el olfato, la velocidad, etc.

¿Por qué sería una buena película?

Aunque esta mitología bien puede ser aprovechada por el cine de terror, también se antojaría para realizar una saga épica-fantástica de brujos metamórficos que se enfrentan a demonios emanados de la tradición católica.


El callejón del diablo. La leyenda transcurre en la ciudad de México, en un callejón ubicado al sur poniente de la ciudad al que hay que evitar a cierta hora de la noche, ya que al atravesarlo podrías encontrarte con el mismísimo Satanás, quien te ofrecerá un trato engañoso para quedarse con tu alma durante toda la eternidad.

¿Por qué sería una buena película?

En el caso de esta leyenda corta, podría usarse de pretexto la aparición del supuesto demonio para hablar de portales interdimensionales que, al más puro estilo de Hellraiser, te llevarán directamente a sitios de locura y tortura eternas.


La isla de las muñecas. La escalofriante instalación creada por el señor Julián Santana entre los canales de Xochimilco, es un personaje en sí misma. De acuerdo con la leyenda –muy reciente, por cierto– hace tiempo una niña se ahogó entre las aguas de la popular locación y desde entonces su espíritu posee los cuerpos demembrados de las muñecas de la isla.

¿Por qué sería una buena película?

En una posible película, la isla podría ser el lugar en donde las almas de niños asesinados violentamente encuentran algo de paz y desde donde se encargarán de cobrar venganza contra sus agresores.

 

 

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Tétrico.

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El charro negro. Si a ninguno de tus tíos, abuelos, primos dejó de tomar luego de que se le apareciera el charro negro en una borrachera, entonces te falta mucho barrio para llamarte chilango.

Esta leyenda ha ido cambiado: inició como el relato de un joven avaricioso, que siempre portaba un elegante traje de charro, a quien su ambición lo llevó a pactar con el diablo a cambio de riquezas infinitas. El diablo cumplió su parte y el hombre disfrutó de fortuna hasta su muerte, cuando pasó a ser el emisario de Belcebú, cuya misión era ofrecer a otros mortales el mismo trato que a él lo condenó.

Curiosamente, la leyenda ha cambiado hasta adoptar una moraleja, en la cual el Charro Negro advierte a los borrachines que, si no se hacen cargo responsablemente de sus familias y dejan de tomar, vendrán por ellos para llevárselos.

¿Por qué sería una buena película?

Podría realizarse una cinta al estilo de El jinete sin cabeza, en la que se averigüe la veracidad del relato del charro negro, y quizá en el camino se descubriría que hay cosas que es mejor no entender.

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El chupacabras. La leyenda favorita de los noventa, la que se dijo que era una cortina de humo para restar importancia a la devaluación de 1994, la que hasta fue retomada en un episodio de Los Expedientes Secretos X: el Chupacabras.

La historia es sabida: salida de quién sabe dónde, una bestia sanguinaria, de color verdoso, con cuernos, garras ojos alienígenos y grandes colmillos, se dedicaba a asaltar los corrales en comunidades campesinas para desangrar el ganado.

¿Por qué sería una buena película?

Esta época de revival noventero es el pretexto perfecto para retomar la leyenda del chupacabras y la histeria colectiva que provocó. Además, con la inminente llegada de los monstruos de Godzilla, se viene una buena época fílmica para la criptozoología.