La Candelaria ha sido el pretexto para extender el Guadalupe-Reyes. El niño de la rosca le da la estafeta a los tamales para provocar otra reunión bajo el pretexto de compartir comida en compañía de atole y chocolate. Hay al menos tres versiones de por qué en esta fecha en particular se comen con un acento de celebración: la de fe católica, la de conveniencia y la pagana.
La primera y más conocida es la relacionada con las celebraciones católicas: 40 días después de la Navidad (el nacimiento de Jesús), María y José van al templo a presentar a su hijo. Es un acto de purificación para ella y también el día que se bendicen las velas ante la iglesia. De acuerdo con el historiador Ricardo Candia y sus estudios sobre Candelaria, cuando todavía teníamos lagos alrededor de la Ciudad de México, el 2 de febrero se regalaban patos a los feligreses, quienes los guisaban con moles y salsas diversas. Esta tradición culinaria desapareció con la desecación de los lagos, lo que terminó con la migración de las parvadas de patos. Con el tiempo se introdujo el consumo del tamal, sobre todo en la clase media y baja.

Esto lo reafirma el doctor en historia José Luis Juárez López: al estar hermanada la rosca de Reyes con la Candelaria, quien encontrara al niño Dios en el pan de fiesta, se comprometía a ofrecer una comida o cena a los presentes.
“Un evento que se reinventó dentro de las clases populares y quedó en solo tamales. Esta tradición relativamente nueva tomó fuerza a finales de la década de 1950 como parte del movimiento del indigenismo”, relata el historiador sobre la misión de reivindicar la cocina mexicana, que incluye también al mole y al pulque.
La celebración de la bendición de las semillas y el inicio de la temporada de siembra también nos dan una explicación de por qué los tamales se comen con énfasis el 2 de febrero, día que se triplica el consumo de este alimento en México. Era parte de la comida ofrendada a Tláloc, el dios del agua; Chalchiuhtlicue, diosa de la fertilidad y mantos acuíferos; y Quetzalcóatl, deidad de la vida y proveedor del maíz.
“En los pueblos nunca se dejaron de comer en estas fechas, solo se extendió a la ciudad y se hizo más visible”, remata Juárez López.