En la intersección de la avenida Francisco I. Madero y el Eje Central Lázaro Cárdenas se alza una de las edificaciones más emblemáticas de la CDMX: la Torre Latinoamericana, hito de la ingeniería moderna que desde hace décadas maravilla a turistas y residentes por igual.
Con 44 pisos y una altura cercana a los 182 metros, este icónico rascacielos del Centro Histórico —inaugurado el 30 de abril de 1956— destaca por su innovador sistema estructural y de cimentación, concebidos para resistir la intensa actividad sísmica de la zona.
A 70 años de su inauguración, recordamos la historia de “La Latino”, símbolo del progreso capitalino y mirador privilegiado desde el cual se puede contemplar cómo la ciudad se despliega en toda su extensión, entretejida por su pasado y constante transformación.
Obra ejemplar de la ingeniería mexicana
En 1946, los directores de la compañía de seguros La Latinoamericana —fundada en 1906—, Miguel S. Macedo y José A. Escandón, impulsaron la idea de levantar un edificio que no sólo albergara sus oficinas principales, sino que aportara un aire de modernidad a la ciudad.
Al mismo tiempo, se buscaba competir con La Nacional, empresa rival cuya sede se encontraba justo enfrente y que en ese momento era la más alta del país, con 12 niveles. Los trámites comenzaron poco después y, luego de obtener la autorización de la Secretaría de Hacienda, la propuesta avanzó rápidamente.
Para 1947, el antiguo inmueble que ocupaba el predio —un sitio de profunda carga histórica que había sido primero la casa de los animales o “zoológico” del tlatoani mexica Moctezuma II y, posteriormente, parte del Convento de San Francisco durante la Colonia— fue demolido, dando paso a la construcción de lo que sería el rascacielos más alto de México y de América Latina por un largo periodo.
¿Quiénes dieron vida a la Torre Latinoamericana?
Las mentes maestras detrás de “La Latino” son dos mexicanos destacados: Augusto H. Álvarez y Leonardo Zeevaert, quienes combinaron su visión del diseño arquitectónico y su profundo conocimiento de la mecánica de suelos para dar vida a este proyecto inspirado en los grandes rascacielos estadounidenses de la época, como el Empire State Building.
El reto, sin embargo, era enorme: levantar un edificio de tal magnitud sobre el terreno blando del antiguo Lago de Texcoco que durante décadas había condicionado la construcción en la ciudad. La respuesta a este desafío comenzó bajo tierra: una compleja cimentación formada por 361 pilotes de concreto en forma de punta, hincados a 34 metros de profundidad, que actúan como “raíces” al anclarse en estratos más firmes.
A esto se sumó un cajón de cimentación de 13.5 metros que, mediante el principio de flotación compensada, equilibra el peso total de la estructura —unas 25,000 toneladas— con el material excavado, logrando así una estabilidad poco común en un suelo tan frágil.
En la superficie, la torre cuenta con un esqueleto de acero rígido capaz de resistir movimientos sísmicos, acompañado de una fachada ligera de vidrio y aluminio que reduce significativamente su peso. Todo este avance técnico fue posible gracias a estudios detallados del subsuelo de la capital, en los que participaron especialistas de talla internacional como Nathan M. Newmark, pionero de la ingeniería sísmica, cuyo trabajo resultó clave para comprender y enfrentar las complejas condiciones del terreno lacustre.
“La Latino”, símbolo de fortaleza
La Torre Latinoamericana es reconocida mundialmente por su comportamiento frente a fuertes sismos, sin registrar daños estructurales graves. Entre sus primeras grandes pruebas destaca el terremoto del 28 de julio de 1957, ocurrido poco después de su inauguración, en una época en la que la CDMX aún no contaba con normas sísmicas tan avanzadas.
También soportó el sismo del 19 de septiembre de 1985, uno de los más destructivos en la historia del país, que provocó el colapso de numerosos edificios en la capital, como el famoso Hotel Regis. Más recientemente, volvió a demostrar su resistencia durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, manteniéndose en pie y funcional.
Los distintos movimientos telúricos que ha enfrentado nos permiten observar la importancia del diseño estructural en zonas de alta sismicidad, así como el desarrollo de nuevas soluciones de ingeniería adaptadas a las condiciones del subsuelo de la ciudad.
70 años como faro urbano de la ciudad
La Torre Latinoamericana inició este año una renovación de sus espacios interiores en el marco de dos acontecimientos significativos: su 70 aniversario y el Mundial. La intervención busca modernizar sus áreas para mejorar la experiencia de los visitantes, conservando al mismo tiempo el valor histórico y simbólico que la ha caracterizado durante décadas.
El eje de esta transformación será el mirador, que ofrecerá una visita más interactiva y contemporánea, incorporando nuevas tecnologías y recursos visuales que permitan apreciar la ciudad de una manera distinta, respetando la estructura original del edificio.
Con esta nueva etapa, “La Latino” continúa consolidándose como un punto de encuentro entre la memoria de la ciudad y las nuevas formas de mirarla y vivirla.