En la obra de teatro La belleza es un accidente, el concepto de belleza se revisa desde Grecia hasta nuestros días, y la forma de escenificarlo también es vasta.
Eris, la diosa griega de la discordia, lanzó una manzana con la inscripción “para la más bella” en el banquete de bodas de Peleo y Tetis, al cual no la invitaron. Esto desató el conflicto entre Hera, Atenea y Afrodita: se disputaron la propiedad de la susodicha manzana. Zeus, para evitarlo, legó la decisión al mortal Paris. Y este eligió a Afrodita, quien le prometió el amor de Helena, provocando la guerra de Troya.
Cuando Valentina Garibay buscó de dónde venía el asunto de los concursos de belleza, llegó a la historia de la manzana de la discordia, detonante de la obra La belleza es un accidente. “Me pareció muy revelador”.
Para ella, la belleza lleva miles de años como obsesión humana. “Y creo que ha aumentado con el sistema capitalista, con los productos que nos venden para aspirar a estos cánones. Las redes sociales lo potencian porque nos exponen a cánones de belleza imposibles e irreales: ya no solo es la cirugía, los cosméticos, es también el filtro, la inteligencia artificial. Y eso trae muchas afecciones, en la salud mental, en la salud física, en la depresión y ánimo de diferentes personas a diferentes edades, principalmente en la población femenina”.

Valentina también indagó en otras historias, como la novela Dorian Gray, de Oscar Wilde, y el mito de Narciso, así como Historia de la belleza de Umberto Eco, sobre los cánones de belleza en diferentes épocas de la historia, principalmente de Occidente. Y también revisó un texto de Gilles Lipovetsky sobre la seducción, Gustar y emocionar.
Dramaturgia no convencional en La belleza es un accidente
“Quizá no armé una dramaturgia convencional, con una anécdota, un planteamiento, nudo y desenlace –dice Valentina–. Más bien era llevar esas reflexiones a la escena y a partir de, digamos, la revisión de estos autores, trasladarlo en la representación en el escenario. Entonces, es un caleidoscopio de puntos de vista sobre la belleza, desde ese mito griego hasta nuestros días”.
Eso, sostiene, podría parecer desarticulado en una concepción del teatro más convencional. Pero para ella, conecta con su trabajo como actriz e incipiente directora de escena: “Es un interés de explorar las capacidades del cuerpo del intérprete en la escena y cómo se pueden traducir estos conceptos, estos discursos, estas ideas, a este lenguaje no solo interpretativo en el aspecto emocional, sino en la parte física, coreográfica, expresiva de un individuo, de un intérprete, con todas las posibilidades que tiene su cuerpo”.

Grozni, que presentó hace unos años, es un ejemplo del tipo de obras que hace Valentina: un torrente de acción física. En La belleza es un accidente utilizan una rueda cyr, con la cual Alan Iván, con formación actoral, de bailarín y en artes marciales, realiza movimientos giroscópicos para aludir al Hombre de Vitruvio. Ana Isabel Esqueira, quien interpreta a Helena de Troya, hace patinaje de hielo en escena (de hecho, tiene reconocimientos en esta disciplina).
“Me parecía importante representar la belleza no solo desde el discurso y el concepto, sino la belleza del movimiento y del intérprete, la belleza de estas artes vivas sucediendo en un espacio escénico”.
Víctimas de su propia belleza
Con su elenco, Valentina discutió si la belleza es un beneficio o un perjuicio para quien la posee. “Así como puede ser una herramienta de seducción, en vez de ayudar a la persona, le genera conflictos”.
La obra tiene un elenco diverso “donde las bellezas son posibles, pero no desde la apariencia física. Me interesaba ver a las almas de estos intérpretes para juzgarlos no solo por su apariencia”. Y es que, dice Valentina, los comunicadores de la escena tienen una pretensión en su discurso, tanto dramatúrgico como escénico: juzgar a un ser humano por su virtud, no por su apariencia. “La obra lo dice: el valor de un ser humano no se reduce a su belleza física”.

En el elenco participan, además de la propia Valentina y Nina Cookingham, Lilie Khavetz, “actriz que no está en los cánones físicos de la belleza ultradelgada y es hermoso verla en su físico y en su desenvolvimiento escénico”; Maaly Rochez, “actriz afrodescendiente, comunidad que sigue siendo víctima del racismo por algo tan sencillo y tan estúpido como el color de la piel”.
Valentina dice que a simple vista la obra podría parecer superficial. “Pero lo que creemos superficial conlleva dinámicas que lo vuelven profundo”.
Participación activa en La belleza es un accidente
Los miembros del reparto también tienen otras funciones. Valentina, por ejemplo, además de dirigir, escribir y actuar se encargó de vestuario y coreografías, esto último junto con Alan y Ana Isabel. En lo actoral, Valentina le dio libertad a su reparto.
“Desde la dirección quise que esos personajes no estuvieran tan alejados del intérprete, que incluso a veces no fueran tan claras esas fronteras. Así nos acercamos a las y los espectadores de manera más humana”.

También se invita a que el público participe. Por ejemplo, preguntan si alguien tiene alguna intervención estética. “Sorpresivamente, en todas las funciones que tuvimos en la sala Villaurrutia la gente se animó a compartirnos. Me parece valioso que se anime, significa que sí les tocan de manera personal”.
La obra se estructura en capítulos. Uno es el de la manzana de Eris, otro tiene que ver con Narciso, otro con Dorian Gray y uno más es una breve historia de la cirugía plástica. Incluso en uno se refiere a “Las meninas” de Velázquez, “porque la belleza y el arte se han relacionado desde tiempos remotos”.
Como escenografía, solo hay unas mamparas con espejos móviles. El diseño de iluminación de Alberto Reyna le da al espacio un cariz pop. “Los vestuarios también son como entre pop actual y la estética de los 70, con muchas lentejuelas y muchos brillos, porque quería que el primer acercamiento dibujara este cuadro estético, de lo que aparentemente nos es atractivo y valoramos, y que el contraste estuviera entre la estética y el discurso. Visualmente la obra puede tener momentos atractivos y bellos, pero estamos criticando esa belleza desde el mundo de las ideas”.
La belleza es un accidente se presenta en el Foro Antonio López Mancera del Centro Nacional de las Artes del 9 al 19 de abril. Horarios: jueves y viernes, 19:30 horas; sábados, 19 horas, domingos 18 horas.
Dónde: Foro Antonio López Mancera del Centro Nacional de las Artes
Fechas: del 9 al 19 de abril
Horarios: jueves y viernes, 19:30 horas; sábados, 19 horas, domingos 18 horas
Costo: $150, jueves, $50