“El archivo fotográfico es la memoria del país”: Pedro Valtierra

En entrevista, el fundador de Cuartoscuro habla de cómo la fotografía construye memoria. Su trabajo se exhibirá en la Feria del Libro y la Rosa.

Texto de Cristian Vázquez y Tamara Mieres. Mentoría: Thelma Gómez Durán, de Corriente Alterna, Unidad de Investigaciones Periodísticas de de la UNAM, donde está el texto publicado originalmente.

Hay personas que son capaces de observar aquellas realidades o momentos que para otros son invisibles: desde la belleza que hay en lo humano hasta los horrores de la guerra o la devastación que deja la lucha por el poder. Una de esas personas es Pedro Valtierra, fundador de la agencia Cuartoscuro y “fotorreportero”, como a él le gusta que lo llamen.

Valtierra nació en Fresnillo, Zacatecas, en 1955. Cuenta que no llegó al fotoperiodismo por el camino académico, sino por la urgencia de contar lo que veía: un México áspero, desigual y atravesado por problemáticas sociales que, rara vez, ocupaban la primera plana de los periódicos. A finales de la década de los años 1970, trabajó en El Sol de México, después en unomásuno y fue fundador de La Jornada. En 1986, creó Cuartoscuro, agencia de fotoperiodismo que aún sigue registrando la memoria del país.

Durante casi cinco décadas, Valtierra ha documentado diversos momentos álgidos en América Latina: conflictos armados, levantamientos y movimientos sociales en México, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. También estuvo en Medio Oriente y otras latitudes. Sus imágenes evidencian el abuso de poder y la violencia.

Una de sus fotografías más emblemáticas, tomada durante la guerra civil en Nicaragua, ejemplifica su mirada: una mujer empuña un arma cuando se reencuentra con su familia. No es solo una escena bélica, es una declaración visual sobre dignidad, resistencia y contradicción, menciona Valtierra. Ese tipo de imágenes colocaron a Pedro Valtierra como una figura clave del fotoperiodismo latinoamericano.

Chiapas, 1981. Alrededor de 40 mil refugiados guatemaltecos, que huyeron por la selva perseguidos por soldados del gobierno de Guatemala, encabezado por Efraín Ríos Montt, se asentaron en México. La violencia en su país dejó más de 200 mil muertos. Foto: Pedro Valtierra

Una selección del trabajo del zacatecano se reúne en “Pedro Valtierra y el fotorreportero. Un oficio desde los periódicos impresos”, exposición que se presentará en el marco de la Feria del Libro y la Rosa, en el Centro Cultural Universitario, del 23 al 26 de abril. Además, el jueves 23 a las 14:00 horas, en el Foro Libertad, la doctora Susana Rodríguez, Guadalupe Alonso y el fotógrafo presentarán el libro Sin miedo a la luz.

—¿Cómo llegó a la fotografía y por qué decidió quedarse en ella?

—Llegué a la Ciudad de México en 1969, a los 14 años. Un día, estando como bolero, llegué a Los Pinos (en ese entonces, la residencia oficial del presidente, donde también estaban las oficinas de la Presidencia). Tenía 16 años y ahí conocí el laboratorio de fotografía, me enamoré, me gustó, me apasionó mucho y mi vida cambió. Como asistente me dediqué a preparar los químicos, a limpiar el laboratorio. Aprendí a revelar, a preparar químicos; toda esa parte técnica la aprendí ahí.

—Tomando en cuenta que comenzó en el laboratorio, ¿cree que eso moldeó su manera de fotografiar?

—Sí, fue básico. Estar en el laboratorio te da un conocimiento diferente al que puedes adquirir como observador o como alumno. Aprendí a conocer las características de los químicos y para qué sirven, hasta imprimir las fotos y entender los papeles. Todo eso te ayuda después con la cámara, porque tienes que ser muy cuidadoso con la exposición.

En sus inicios, ¿hubo algún fotógrafo que influyó en su forma de ver?

—Sí hay influencias, por ejemplo, Manuel Madrigal, que fue mi mentor a inicios de los años 70. Era un fotógrafo que tomaba muy pocas fotos, era muy cuidadoso; preparaba sus químicos y buscaba contrastes específicos. Mientras otros tomaban 100 fotos, él tomaba 20. No repetía una imagen y siempre buscaba un ángulo distinto.

También conocí a Nacho López (1923-1986) y a Héctor García (1923-2012), más que conocerlos, los veía. Después, ya más grande, conocí su trabajo.

El fotoperiodista mexicano Pedro Valtierra en las oficinas de la agencia Cuartoscuro. Foto: Tamara Mieres

—Durante su paso por El Sol de México, a finales de los años 70, ¿cómo era el ritmo de trabajo?

—Era un ritmo interesante. Tenías dos o tres órdenes al día, tomabas color, transparencia, blanco y negro. Los temas eran política, policía y sociales; cuando empiezas, generalmente te mandan a cubrir policía. Yo tenía ganas de ser periodista, así que no ponía pretextos. Me apasionaba la foto, la calle, los eventos.

Además, era un periódico que permitía hacer vida cotidiana. Si no tenías órdenes, te decían: ‘vete a la calle, a ver qué propones’. Y proponías temas y fotos.

—¿Recuerda la primera fotografía con la que sintió que decía algo más allá de cumplir con una nota?

—No, la verdad no, nunca pensé en eso, con el tiempo te das cuenta. Cuando guardas tus fotos, ves que la fotografía tiene cierto sentido, pero en el momento no lo piensas así. Me preocupaba hacer fotos que valieran la pena, buscar buenos encuadres o que dijeran algo.

En el diarismo hay mucha dinámica: tienes varias órdenes al día, todos los días. Es mucho trabajo y poco tiempo para pensar en eso; con el tiempo, al discutir con otros fotógrafos y avanzar, te das cuenta de qué fotos valen la pena.

Colección de lentes para cámara del fotoperiodista Pedro Valtierra. Foto: Cristian Vázquez

—Ha cubierto zonas de conflicto como Guatemala, El Salvador o Chiapas, ¿qué aprendizajes le dejaron esas experiencias?

—Más que las imágenes, las vivencias. La estancia con los distintos grupos, la convivencia, el tiempo que tardas en llegar a esos lugares. Te vas comprometiendo con el tema y aprendiendo de las personas. Ya en el lugar, tienes que escuchar, platicar, observar. No puedes usar flash, no puedes ser ruidoso, tienes que estar en observación permanente. Cada trabajo tiene sus características y su dinámica.

—¿Cómo logra generar confianza con las personas que fotografía?

—Entre menos llames la atención, menos alteras el ambiente, hay que ser discreto y respetuoso. La cámara puede incomodar, sobre todo en contextos de pobreza, siempre hay que tratar a las personas con respeto.

—Usted tomó una fotografía en Chiapas: un camión con soldados y mujeres abajo bloqueando el camino. Es una imagen con una técnica muy particular. ¿Cómo equilibra la técnica con capturar el momento?

—La tomé al final del día, con poca luz. No podía cambiar el ISO porque usaba película, así que bajé la velocidad. El barrido salió de ahí, pensé que podía funcionar y quedó como la imaginé.

Pedro Valtierra relata cómo capturó una de sus imágenes. Foto: Tamara Mieres

—¿Cómo documentar la desigualdad sin convertirla en un objeto visual de consumo?

—En mi caso no aplica tanto así, porque en esos años era información. Yo retraté en los años 1980 y 1990; era visibilizar temas que nadie mostraba, por ejemplo, comunidades con problemas de tierra o caciques que controlaban miles de hectáreas. Había condiciones muy duras y nosotros íbamos a denunciar esa situación, a mostrar lo que estaba escondido y que nadie cubría.

—¿Alguna vez sintió que sus imágenes fueron utilizadas con una intención distinta a la original?

—Eso pasa, sobre todo ahora. Se descontextualizan imágenes, no solo las mías, sino en general. En mi caso tuve la suerte de trabajar en periódicos preocupados por temas sociales, como unomásuno o La Jornada, y pienso que mis fotografías se usaron de manera correcta.

—¿Qué tan libre considera que es hoy el fotoperiodismo en México?

—Pienso que hay mucha libertad. También hay muchas posibilidades con las redes: puedes tener un blog o una página. El Estado siempre va a tener la intención de evitar que se publiquen ciertas cosas, pero depende mucho de los fotógrafos, hoy hay apertura y espacios para trabajar.

—Hablando de la presión que puede ejercer el Estado, ¿alguna vez decidió no tomar o no publicar una imagen por miedo o por lineamientos editoriales?

—No, eso nunca me ha limitado. Siempre he tomado las fotografías que considero y he sido afortunado porque casi siempre me las han publicado. Es importante saber en qué medios he trabajado; quizá en otros no habría sido así, pero yo no enfrenté esa situación.

Acervo de cámaras del fotoperiodista Pedro Valtierra. Foto: Cristian Vázquez

—Viendo el fotoperiodismo como registro histórico, ¿qué papel juega el archivo fotográfico en la construcción de la memoria colectiva?

—Es fundamental. Nosotros tenemos que hacer fotos, pero antes de publicarlas es muy importante pensar en guardarlas, en conservarlas.  El archivo fotográfico es la memoria del país, de la sociedad; es un testimonio de lo que somos. La conservación es esencial y los fotógrafos de hoy deben trabajar mucho en eso, porque ahí está nuestra identidad, saber de dónde venimos.

Durante muchos años se ha intentado censurar. No lo digo contra alguien en particular: ha pasado con distintos gobiernos, los archivos deben ser intocables. No pertenecen al Estado, pertenecen a la sociedad.

—En un archivo, ¿qué papel tiene la fotografía que otros registros documentales no tienen?

—Es más fácil creer en una fotografía que en un texto, hay un fenómeno psicológico: la imagen tiene un peso que el texto muchas veces no tiene. En México, el texto puede mentir mucho, pero cuando hay un testimonio visual, la gente lo cree.

—¿Qué papel juega la revista Cuartoscuro en un momento donde la imagen circula principalmente en lo digital?

—Tenemos un público que sigue la revista impresa. Mientras exista ese público, la vamos a seguir haciendo. No es fácil mantenerla, pero la hacemos con mucho esfuerzo. Queremos apoyar la fotografía de todo el país, no solo de la Ciudad de México.

México es un extraordinario productor de fotógrafos. Hay muchísimos, muy buenos. Nosotros buscamos apoyar esa creatividad y el periodismo.

Valtierra conversa sobre la importancia del fotoperiodismo en México. Foto: Tamara Mieres

—De las fotografías que presentará en su exposición en la Feria del Libro y la Rosa, ¿hay alguna que haya cambiado su vida?

—Hay una foto conocida, la de las mujeres en Chiapas. Me ayudó mucho profesionalmente, fue una imagen que sintetiza ese momento: mujeres rechazando la violencia. No es vanidad, pero uno quiere que su trabajo sirva, que ayude, que visibilice temas que de otra manera no se verían.

—¿Qué se pierde con la transición de lo analógico a lo digital?

—El laboratorio te da una relación distinta con la fotografía. Aprender a revelar, imprimir, hacer copias cambia tu manera de ver. Ahora puedes disparar mucho, antes no, tenías que pensar más en cada foto, eso te daba otra relación con la imagen. No digo que antes fuera mejor. Hay fotógrafos muy buenos hoy. Pero el proceso sí cambia tu forma de entender la fotografía.

—Si tuviera que hacer una última fotografía que resuma el país hoy, ¿qué le gustaría mostrar?

—El campo abandonado. Un campesino sembrando con una yunta. La contaminación, la falta de agua… Me da tristeza ver cómo crecen las ciudades y cómo se abandona el campo.

El fotoperiodista Pedro Valtierra en las oficinas de la agencia Cuartoscuro. Foto: Tamara Mieres

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