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#NiUnaMenos, el 8M: agravios y organización

¿Por qué marchar este 8M? Hay razones muy valiosas, luchas que se han ganado y otras por las que seguimos peleando.

Karla P. Amozurrutia Nava, colaboradora de la Coordinación para la Igualdad de Género en la UNAM

Verdad y justicia para Kimberly Joselin Ramos Beltrán

Las jacarandas se asoman por las esquinas con su color púrpura incandescente y con ellas el símbolo que nos convoca, la fuerza que nos aglutina y la voz que nos congrega “¡Ni una más, ni una más, ni una asesinada más!”, esta consigna atraviesa la mente y las cuerpas de todas quienes la gritamos con dolor y rabia, pero también quienes la escuchan con silencio y temor.

No es una consigna más, es una descripción fehaciente de la realidad que seguimos viviendo las mujeres en México y en el mundo entero. Hoy nombramos a nuestra compañera Kimberly Joselin, estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), víctima de feminicidio, hallada este lunes 2 de marzo en Cuernavaca.

Ella fue encontrada gracias a su familia y compañerxs universitarixs que organizaron tres jornadas de protesta para hacer la búsqueda porque las autoridades se tardaron en darle cause a la denuncia por desaparición.

El caso de Kimberly nos atraviesa, nos lacera y nos indigna, como lo sigue haciendo el feminicidio de Mariana Buendía, de Lesvy Berlín, de Fátima, Debanhi, de Ingrid y de todos los nombres que inundarían miles de páginas y no alcanzarían para nombrarlas a todas en la historia de este país, víctimas del machismo y la misoginia, de las omisiones y de los carpetazos, armas letales del sistema patriarcal.

Deudas pendientes para el 8M 2026

Hablar del 8M nos duele por una parte por todo lo que falta, por lo que urge y lleva urgiendo años, por los obstáculos e impunidad, por la ineficacia del actual sistema punitivo para garantizar el derecho a una vida libre de violencia de género, pero también por el exterminio de la vida, de las vidas con nombres y apellidos; de la guerra contra la vida, la vida de las mujeres.

Aquí es cuando me pregunto con insistencia si la lucha ha valido la pena, si sigue valiendo, y entonces experimento una ráfaga fría de coraje, herida abierta y ardor en el pecho; pero termino imaginando lo que debieron pasar las ancestras en momentos igual de complicados para lograr el camino del reconocimiento como seres humanas.

Me abrazo a la literatura que las mujeres escribieron para desmontar mitos y valorizar su pluma; me acerco a las pioneras en todos los ámbitos del conocimiento; me estremezco cuando escucho la voz de las madres que buscan incansablemente; me envuelvo en las experiencias de las activistas y defensoras de la tierra por seguir privilegiando la vida; escucho a la comandanta Ramona susurrarme al oído lo que me dijo en aquel lejano 1999 en la selva Lacandona: las trincheras son muchas y diversas, pero el sol es uno para todas. Entonces aparece un hilo de luz tenue que permanece.

Razones para seguir luchando el 8M (y todos los días)

El 25 de febrero fue sentenciado a 175 años de cárcel al feminicida de cinco mujeres en San Luis Potosí, entre ellas dos menores de edad, las cuales esperaron 10 años para lograr justicia. Los familiares de Eliehoenai, de 32 años; Itzel Romany, de 11 años y Dulce Jimena, de 9 añitos, recibieron la noticia con satisfacción por el resultado del acompañamiento y el compromiso del grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social.

En este caso, la abogada feminista Karla Micheel Salas Ramírez se encargó de la representación jurídica. Su papel fue nodal en alcanzar la justicia que las familias anhelaban, también para amplificar la voz de las madres que sostuvieron la insistencia y la memoria.

Solo por medio de ejemplos como los de ellas es que logro entender cómo la justicia es un símbolo de lucha y resistencia, el motor para transformar nuestro entorno, esa luz aparece y nace de la esperanza de quienes estamos convencidas de que otro mundo es posible para todas. Y que el papel de muchas mujeres que, como Karla Micheel, han abierto brecha, continúan abriéndola. Ellas arrancan la mala hierba, ponen las estacas para mostrar el camino, colocan las semillas, insisten en el cultivo, cuidan en red, pasan la batuta, todas ellas son la respuesta a mi pregunta: ¡claro que vale pena!

Larga vida a la movilización feminista

La organización feminista no es nueva, existe desde hace décadas, incluso siglos, en diversidad de formas y en latitudes distintas, perspectivas plurales desde donde se experimenta y se vive ser mujer.

Los procesos organizativos han pasado por la conquista de los derechos políticos, la defensa de derechos laborales, el respeto a nuestros derechos sexuales y reproductivos, la construcción de derechos civiles, el derecho a la tierra y al patrimonio, el derecho a una vida libre de violencia, etc. y la apuesta feminista apunta a construir una ciudadanía de las mujeres en diálogo y en construcción social con otras mujeres, como postulaba Francesca Gargallo, escritora feminista, activista y editora italiana.

La movilización feminista manifiesta esa ciudadanía desde y para las mujeres, donde el espacio público no es solo intervenido sino reconfigurado, habitando desde otro lugar. Hemos politizado lo personal cuando salimos a las calles con nuestras redes de mujeres, con las colectivas, con las amigas, con las colegas, con las trabajadoras, con las madres buscadoras, con las víctimas, con las estudiantes, con las niñas, con las adolescentes, con todas aquellas con quienes entramamos complicidades y aprendemos a leer desde las experiencias, como bell hooks siempre defendió.

El 8M es una fecha poderosa para mirarnos hacia dentro y hacia afuera, encontrarnos desde las miradas de muchas, gritar al unísono y sentirnos vivas, marchamos para conquistar la esperanza y habitar nuestras contradicciones sin culpas, vibrar en alegría en el espacio público e indignarnos por la rabia que habita en nosotras. Entonces más que conmemorar, a mí me gusta pensar el 8M como proceso de activación, un proceso de militancia feminista; sí, el 8M no se celebra, se conmemora y se milita por lo común, porque la militancia es sinónimo de compromiso, trabajo y dedicación y todo eso y más somos las mujeres que nos toca seguir sembrando las semillas de la revolución. Nos vemos el 8M para seguir militando la rabia y la esperanza.


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