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Abramos cancha: Una liga que ya no juega al tanteo

Entre nombres que pesan, proyectos que se consolidan y talento que se exporta, así se reconfigura la Liga MX Femenil

Hace no muchos años, hablar de fichajes en la Liga MX Femenil era como hablar de lluvia en temporada de sequía: podía pasar, pero nadie sabía exactamente cuándo ni cómo. Hoy, para nuestra enorme fortuna futbolera, ese mercado ya no sólo existe, sino que late con intensidad, con nombres que mueven fichas, expectativas y, sobre todo, narrativas. Porque al final del día, un fichaje no es sólo un nombre en una libreta: es estrategia, ambición y un mensaje claro sobre adónde quieren llegar los clubes.

El Clausura 2026 trae consigo movimientos que, más allá de lo anecdótico, dibujan mapas de poder dentro del futbol mexicano femenil. Tigres UANL, que cerró el Apertura 2025 como campeón con su séptimo título en la Liga MX Femenil, no se duerme en sus laureles y se sigue reforzando con piezas como Mariza Nascimento, zaguera brasileña proveniente del Corinthians y nominada a los premios The Best de la FIFA, para sostener ese dominio en la defensa.

Mientras tanto, Chivas Femenil ha apostado por experiencia comprobada para subir su nivel competitivo: la defensora Cristina Ferral, multicampeona con Tigres y una de las centrales más ganadoras del circuito, aterriza en el Rebaño con la misión explícita de inyectar jerarquía en la zaga rojiblanca. Lo mismo Mayra Pelayo con sus 116 partidos oficiales disputados, su pierna derecha educada, buen golpeo desde jugadas detenidas y capacidad para desbordar y conectar en zona de mediocampo. Más allá de nombres y estadísticas, fichajes como los de Ferral son señal de intenciones claras: queremos pelear por todo, no sólo ser decorado en el ruedo.

Por su parte, Cruz Azul Femenil, que vivió su mejor temporada histórica llegando a semifinales en el Apertura 2025, ha movido el tablero con hasta seis refuerzos oficiales, entre ellos la lateral Araceli Torres, con experiencia en Chivas y pasos por la selección mexicana. No es una compra al tanteo: es una estructura que busca sostener un proyecto que, por primera vez, parece tener una identidad definida.

Y si de movimientos que hacen ruido hablamos, no podemos omitir las renovaciones que marcan continuidad y liderazgo: Charlyn Corral extendió su contrato con Pachuca Femenil, asegurando goles, presencia y esa jerarquía que no se compra, se construye. 

Del otro lado del espectro, el mercado también ha llevado a jugadoras fuera de México, recordándonos que el talento que aquí se forma ya es exportable. La internacional Nicki Hernández, con 117 apariciones en América Femenil y campeona del Clausura 2023, firmó contrato con el Boston Legacy de la NWSL, y la joven defensora Ayo Oke, figura emergente de Pachuca, fue transferida al Denver Summit FC para formar parte de una nueva franquicia en la liga estadounidense.

Estos movimientos, de entrada, salida y permanencia no son sólo números en un tablero de transferencias. Son decisiones que impactan plantillas, filosofías y, al final, la dinámica misma del torneo. Porque cada camiseta nueva significa una posibilidad, cada contrato extendido es la promesa de estabilidad y cada salida es una renuncia al pasado para abrazar lo que viene.

La Liga MX Femenil ha dejado de ser una liga donde únicamente se juega. Hoy es un mercado de historias: de clubes que quieren dejar de ser “sorpresas” para convertirse en constantes; de jugadoras que ya no buscan minutos, sino legados; de aficiones que ya no se conforman con ver futbol bien jugado, sino bien pensado.

Y si algo nos enseña este mercado de estufa, tan apasionante como cualquier jornada dominical, es que el futbol femenil mexicano ya no está en fase de construcción: está en fase competitiva, lista para exigir no sólo respeto, sino resultados. Al final, lo que pasa fuera de la cancha –en oficinas, acuerdos y presentaciones oficiales– termina teniendo impacto dentro de ella. Y eso ya es una liga que late con fuerza.


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