La F1 Academy ha conseguido que más mujeres compitan bajo la mirada de la Fórmula 1. El siguiente reto es convertir esa visibilidad en oportunidades para construir una carrera profesional.
Llegar a la F1 Academy puede ser el sueño de una piloto, pero terminar ahí no debería significar quedarse sin opciones para continuar. La categoría ha conseguido algo importante: darles a más mujeres un espacio para competir, atraer patrocinadores y demostrar su talento ante la industria del automovilismo. Ahora, la pregunta es qué sucede cuando llega el momento de dar el siguiente paso.
La F1 Academy nació en 2023 para impulsar el desarrollo de las mujeres en el automovilismo y prepararlas para competir en categorías superiores. Sin embargo, participar en ella no garantiza un asiento en Fórmula 3, Fórmula 2 o, eventualmente, Fórmula 1. Las pilotos tienen que construir su siguiente oportunidad en una industria donde el talento es indispensable, pero no siempre suficiente.
Al terminar esta etapa, pueden buscar un lugar en campeonatos de monoplazas como la Fórmula Regional, la Fórmula 3 británica o la Fórmula 3 de la FIA. También pueden explorar otras disciplinas, como las carreras de resistencia y los campeonatos de GT. Son caminos distintos, con exigencias y posibilidades propias, pero todos requieren continuidad, preparación y recursos para competir.
Los casos de sus campeonas muestran que no existe una sola ruta. Marta García pasó a la Formula Regional European Championship; Abbi Pulling compitió en GB3 y Doriane Pin ha desarrollado su trayectoria en las carreras de resistencia. Sus recorridos demuestran que la F1 Academy puede ser un punto de partida, aunque el siguiente destino depende de las oportunidades que cada piloto consiga construir.
Y aquí está uno de los principales desafíos: competir en automovilismo cuesta. Cada ascenso implica mayores exigencias técnicas, equipos más especializados y presupuestos que pueden convertirse en un obstáculo incluso para pilotos con resultados destacados.
Conseguir patrocinadores, asegurar una temporada completa y encontrar una estructura dispuesta a invertir en su desarrollo son parte de la carrera, mucho antes de que se apaguen los semáforos.
Por eso, considero que la conversación no debe limitarse a cuántas mujeres llegan a la F1 Academy o cuánta audiencia consigue la categoría. También debemos preguntarnos qué ocurre con ellas después. La visibilidad es valiosa, pero su verdadero potencial aparece cuando se traduce en contratos, pruebas con equipos, programas de desarrollo y oportunidades para competir en niveles superiores.
Desde mi perspectiva, la profesionalización es el verdadero cambio que necesita el automovilismo femenil. No alcanza con generar conversación alrededor de las pilotos si después no existen las estructuras, las condiciones y las oportunidades para que puedan construir una carrera a largo plazo. La popularidad puede abrir puertas, pero son la inversión, la preparación y el respaldo de la industria los que permiten avanzar.
La responsabilidad no recae únicamente en las pilotos. Los equipos, los patrocinadores y los organizadores tienen la oportunidad de construir un ecosistema que acompañe su crecimiento más allá de una categoría. Esto implica identificar talento, invertir en su preparación y generar alianzas que faciliten la transición hacia otros campeonatos. No se trata de garantizarle un asiento a nadie, sino de permitir que los resultados deportivos pesen más que la capacidad de financiar una temporada.
También es importante reconocer que llegar a la Fórmula 1 no es la única medida de éxito. El automovilismo profesional ofrece distintas disciplinas en las que una piloto puede desarrollar una carrera, ganar campeonatos y convertirse en referente. Pero si el objetivo de la industria es ampliar la presencia femenina en las categorías de mayor nivel, debe asegurarse de que existan rutas reales para intentarlo.
La F1 Academy ya abrió una puerta y puso el talento femenino frente a una audiencia global. Ahora toca construir el camino que sigue. Porque una categoría puede ser el comienzo de una gran historia, pero no debería convertirse en el último capítulo de una carrera que apenas empieza.
¡Abramos cancha!